Los modelos del cerebro que se han venido utilizando en marketing durante las últimas décadas sugieren que podemos puentear las evaluaciones racionales de los clientes dirigiéndonos al “cerebro reptiliano” y apelando a los instintos, la supervivencia y las necesidades básicas. Sin embargo, la neurociencia moderna ha refutado este modelo anatómico. ¿Quiere esto decir que estas técnicas son ineficaces?

Durante décadas, los especialistas en marketing hemos compartido un secreto reconfortante: si quieres vender, “háblale al reptil”. Según esta línea de pensamiento clásica, los humanos van por la vida con un tronco encefálico primitivo y prehistórico enterrado profundamente bajo sus mentes racionales. Se supone que este «cerebro reptiliano» es una máquina fría y egoísta impulsada completamente por el instinto, la supervivencia, el miedo, el sexo y el hambre. Actúa como el guardián definitivo. Si puedes hackear a este antiguo guardián, dice la teoría, puedes eludir la resistencia consciente y desencadenar una compra automática.

Cerebro triúnicoEs una historia atractiva: simple, intuitiva y muy vendible. ¿El único problema? La neurociencia moderna la ha desacreditado por completo. Nuestros clientes no tienen un pequeño reptil prehistórico viviendo dentro de sus cráneos. La biología evolutiva y las imágenes cerebrales avanzadas han dejado obsoleto el antiguo modelo de capas del cerebro. Pero esto no significa que los marcos de marketing construidos sobre él sean inútiles; solo significa que hemos estado usando el mapa equivocado para explicar por qué funcionan.

En esta serie de post vamos a criticar el mito del «cerebro reptiliano» y a explorar la realidad mucho más fascinante del cerebro adaptativo y predictivo, y cómo este cambio transforma todo lo que sabemos sobre cómo conectar con los consumidores.

El cerebro triúnico: un mapa seductor

Para entender a dónde vamos, tenemos que mirar dónde empezamos. En la década de 1960, el neurocientífico Paul MacLean propuso un modelo de evolución cerebral muy influyente conocido como la Teoría del Cerebro Triúnico. MacLean sugirió que el cerebro humano se compone esencialmente de tres computadores biológicos apilados uno encima del otro como los anillos de un árbol evolutivo:

  1. El cerebro reptiliano (tronco encefálico y ganglios basales): la capa más antigua y profunda, responsable del instinto, la supervivencia, la agresión y las funciones vitales básicas.
  2. El sistema límbico (amígdala, hipocampo): la capa intermedia, que evolucionó en los primeros mamíferos para procesar emociones, sentimientos, vínculos sociales y recuerdos.
  3. El neocórtex: la capa más joven y externa, altamente desarrollada en los humanos, responsable de la razón, el lenguaje, el pensamiento abstracto, la lógica y la planificación.

En este modelo, el cerebro es un campo de batalla: el neocórtex racional intenta constantemente controlar el sistema límbico emocional y suprimir los impulsos primarios del reptil primitivo en la base.

Por qué los especialistas en marketing se enamoraron del lagarto

Especialistas en marketing como Patrick Renvoise y Christophe Morin (fundadores de la agencia de neuromarketing SalesBrain) tomaron esta teoría y la desarrollaron. Argumentaron que, dado que el «cerebro reptiliano» es responsable de la supervivencia, es el encargado de controlar la atención y el verdadero tomador de decisiones. Si logramos captar la atención del cerebro reptiliano del consumidor con nuestra página de destino o anuncio, tendremos muchas más posibilidades de que realice una compra.

Para vender con éxito, argumentaron, hay que hablar el idioma del lagarto. Y prescribieron tácticas muy efectivas para captar esta atención «reptiliana», apelando al dolor, al contraste, al miedo, al estatus, al interés propio y a simples señales visuales:

  • Liderar con el dolor: al cerebro le importa más evitar el dolor (supervivencia) que obtener placer.
  • Hacer que se trate exclusivamente del receptor: La mente reptiliana es completamente egocéntrica: hablémosle a ella sin perder el foco.
  • Usar alto contraste: los escenarios «antes/después» o «nosotros/ellos» son fáciles de procesar sin gastar energía.
  • Hacerlo visual y concreto: El nervio óptico se conecta directamente con las estructuras cerebrales más antiguas; las metáforas visuales evitan el escrutinio intelectual.
  • Concentrémonos en el principio y el final. Dado que el cerebro reptiliano se centra principalmente en la supervivencia, estará extraordinariamente alerta ante cualquier cambio para evaluar el peligro. Expresemos la información más importante al principio y repitámosla al final. Creemos segmentos cortos para dar estructura y avisar al cerebro reptiliano de que se avecina algo nuevo y que no debe desconectar. Los segmentos también ayudarán al cerebro a retener la información.

El atractivo del modelo se hizo no sólo académico, sino también práctico. Si el cerebro reptiliano es el guardián de la atención, entonces la función de un mensaje queda clara: captar la atención rápidamente, hacer evidente su valor y evitar la complejidad abstracta.

Las técnicas de marketing que surgieron de esta idea siguen siendo conocidas y a menudo eficaces: empezar por el problema del cliente, usar el contraste, mantener el mensaje concreto, hacerlo visual y colocar la afirmación más contundente al principio y al final.

Estas técnicas demostraron ser increíblemente poderosas. Las marcas que dejaron de escribir textos densos y con muchas características y comenzaron a usar mensajes visuales, que alivian el dolor y de alto contraste vieron cómo sus tasas de conversión se disparaban. El consejo fue brillante… pero, como veremos, la explicación biológica era completamente errónea.

El modelo triúnico sobrevivió por una razón simple: ofrecía una explicación intuitiva  y funcionaba como metáfora. ¿Necesitas urgencia? Apela al cerebro reptiliano. ¿Necesitas la conexión emocional con la marca? Apunta al sistema límbico. ¿Necesitas la aprobación corporativa? Estimula la corteza cerebral. Así de simple. Desafortunadamente, la simplicidad no es sinónimo de precisión.

Los buenos profesionales del marketing ya sabían que las personas no son perfectamente racionales. La economía conductual lo confirmaría más tarde gracias al trabajo de Daniel Kahneman, Richard Thaler, Dan Ariely y muchos otros. Las personas dan más peso a las pérdidas que a las ganancias, recurren a atajos, reaccionan emocionalmente, racionalizan las decisiones a posteriori.

Tu cerebro no es una cebolla

En 2020, los investigadores J. Cesario, D. Johnson y H. Eisthen publicaron un artículo histórico con un título realmente directo: «Your Brain Is Not an Onion With a Tiny Reptile Inside». Ellos, junto con neurocientíficos prominentes como Lisa Feldman Barrett, señalaron varias fallas fatales en el modelo del cerebro triúnico:

  • No evolucionamos de los reptiles modernos: Los mamíferos y los reptiles comparten un ancestro común. La evolución no «atornilló» un cerebro de mamífero a un cerebro de reptil. En cambio, diferentes linajes animales tomaron el mismo plano básico de vertebrado y escalaron diferentes partes hacia arriba o hacia abajo. Los reptiles en realidad tienen cerebros anteriores propios altamente sofisticados.
  • El cerebro funciona como una sola red: No hay cajas aisladas de «lógica» o «emoción». La amígdala (históricamente denominada «emocional») es vital para tareas cognitivas como el aprendizaje, mientras que la corteza (denominada «racional») está profundamente involucrada en la generación de sentimientos.

El principal problema es que el modelo triúnico no describe el funcionamiento real del cerebro. El cerebro no evolucionó como tres máquinas apiladas, y la emoción y la cognición no son departamentos separados que operan de forma aislada.

El neurocientífico Antonio Damasio revolucionó la visión filosófica tradicional que considera la emoción y la razón como opuestas. En su obra fundamental, “Descartes’ Error”, argumenta que la emoción es un componente necesario de la razón y que intentar tomar decisiones utilizando únicamente la lógica fría y pura es prácticamente imposible. Emoción y cognición están profundamente entrelazadas.

Mediante su estudio de pacientes con daño cerebral específico (en particular en la corteza prefrontal ventromedial, una área de procesamiento emocional), Damasio descubrió que las personas que perdían su capacidad emocional pero conservaban perfectas habilidades lógicas e intelectuales eran completamente disfuncionales en la vida diaria. Podían debatir lógicamente las ventajas y desventajas de tomar una decisión, pero pasaban horas discutiendo cada pequeño detalle porque ninguna opción les parecía mejor ni peor que la otra. Sin la emoción para asignar valor a las opciones, la razón carece de un punto de partida y de un sentido de dirección. No se puede razonar sin emoción. El cerebro no siente primero y luego piensa. Siente mientras piensa. Piensa mientras siente. La toma de decisiones siempre implica ambas cosas.

Y la investigación moderna apunta a un sistema en red en el que las regiones interactúan continuamente y lo que cambia es el patrón de actividad, no si un «cerebro» se apaga y otro se enciende.

Cuando decimos a nuestro equipo o a nuestros clientes que estamos «hackeando el cerebro reptiliano del cliente», no estamos practicando la ciencia. Estamos usando una metáfora. Entonces, si no estamos intentando convencer a un reptil, ¿qué estamos haciendo realmente?

Lo veremos en el próximo post.

El post “Más allá del cerebro reptiliano (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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