Crecimiento de productos tecnológicos

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El mensaje del Marketing Inbound está calando. Pero este enfoque no siempre es aplicable y mal entendido puede degenerar en un marketing pasivo de mucho esfuerzo y pocos resultados. Probablemente su futuro está en un enfoque activo, de desarrollo de relaciones y de gestión de medios sociales.

El marketing inbound está despertando interés y ganando tracción. Su idea central de abandonar el tradicional “marketing de interrupción” y apostar por ganar la atención de nuestra audiencia y “conseguir que nos encuentren” en la Web ha ganado muchos adeptos (entre los que me cuento). Con dos millones de resultados sobre el tema en Google, son frecuentes los anuncios de proveedores de productos de automatización de marketing que añaden funcionalidad inbound a sus ofertas (LoopFuse, Genius, …). La empresa que acuñó el término, HubSpot, ha cruzado el umbral de los 4.000 clientes -casi todos en USA- lo que la convierte en uno de los proveedores de SaaS para empresas con crecimiento inicial más rápido. La última gran noticia es la reciente y millonaria inversión conjunta de Sequoia Capital, Google Ventures y Salesforce.com en la propia HubSpot.

Personalmente me ha tocado seguir bastante de cerca la evolución de HubSpot: hace años evalué el producto para usarlo tanto en mi empresa como en las de algunos de nuestros clientes (… aunque sin llegar a dar el paso, pero ésa es otra historia), contamos con personal certificado por la Inbound Marketing University, utilizo el caso HubSpot en los cursos y talleres sobre high-tech marketing que imparto y he tenido la oportunidad de cambiar impresiones en persona con los fundadores y el equipo directivo de HubSpot sobre algunos de los temas que vamos a tocar en este post (en la foto me tenéis con el mismísimo Dharmesh Shah).

Por eso me parece oportuno discutir algunos conceptos sobre qué es (y qué no es) el marketing inbound y sobre la evolución pasada y futura de HubSpot.

En primer lugar, no hay que confundir el marketing inbound con un marketing pasivo. Ciertamente, el marketing inbound más básico incide en técnicas como el SEO, la generación de contenidos y su publicación en blogs y otros medios sociales (que le dan a este enfoque un sesgo pasivo, consistente en esperar a que nuestros clientes busquen y facilitar que nos encuentren). Pero eso es sólo una cara de la moneda. Tan importantes como las técnicas mencionadas son la monitorización de medios sociales para descubrir dónde y cómo participan nuestros clientes y a quién siguen, la publicación en esos medios a través de comentarios en blogs, posts invitados, preguntas y respuestas en foros y redes sociales… que dirijan tráfico cualificado a nuestro sitio web y la construcción de una relación con clientes potenciales, influenciadores y fuentes de referencias. Y esta parte activa del marketing inbound, centrada en el desarrollo de relaciones, es realmente la más importante y según mi experiencia la que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. Por usar un símil del mundo cinegético, el marketing inbound se asemeja más a una caza con señuelo que a una al acecho.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el marketing inbound (incluso en su versión más activa) en muchas ocasiones no es suficiente. A veces no basta con conseguir que sea muy fácil que nos encuentren, por muy bien que lo hagamos. Hay varias circunstancias que pueden obligarnos a sustituir o a complementar el marketing inbound con otros enfoques más directos, tanto online como offline. Alguna de estas circunstancias son:

  • Necesitamos resultados rápidos: el marketing inbound tarda meses en producir resultados, aunque un uso táctico de la publicidad en buscadores puede mejorarlos al principio.
  • Los potenciales clientes no buscan activamente o no participan en la conversación online sobre nuestros productos o soluciones… a veces ni siquiera sobre los problemas que resolvemos. Esto es habitual en el caso de productos innovadores, que satisfacen nuevas necesidades. También en el de aquellos usuarios que, teniendo un problema, están satisfechos con el status quo.
  • Necesitamos llegar a un target muy concreto, reducido e identificable: esperar a que ellos nos encuentren puede no ser lo más eficaz.
  • No basta con que los potenciales clientes nos encuentren y se registren (“conviertan”) en nuestra web, sino que es necesario cultivar la relación con ellos hasta que estén preparados para comprar. Ésta es una circunstancia inevitable en los productos de compra compleja.

Ni siquiera la propia HubSpot ha podido sustraerse a estas circunstancias. Aunque desde el principio “tomaban su propia medicina”, usando su producto para generar demanda, pronto percibieron la necesidad de complementar las técnicas inbound básicas con otras más directas y de cultivo de la relación. (Puedo atestiguar que los vendedores de HubSpot usan tácticas bastante convencionales, por no decir ciertamente insistentes.) Tanto es así que HubSpot ha incorporado recientemente funcionalidad de email marketing y lead nurturing a su producto. Lo que es más curioso, en este post de su CEO comentando la última entrada de inversores aparece un gráfico sobre sus fuentes de leads… y a menos que yo lo esté interpretando mal, la mayoría proviene del (¿obsoleto e intrusivo?) email, mientras que la búsqueda orgánica y los medios sociales son prácticamente testimoniales.

En cuanto al futuro del marketing inbound tal como lo concibe HubSpot, sin duda va a centrarse más en la gestión de las relaciones sociales y probablemente recogerá componentes de CRM Social. Una de las últimas iniciativas de la empresa es SocialInbox, una herramienta que nos permite usar eficazmente los sitios sociales para encontrar y cultivar oportunidades comerciales, agregando nuestra actividad en dichos medios en un “buzón” unificado. (SocialInbox se encuentra actualmente en beta privada.)

¿Qué opináis? ¿Cuál es vuestra experiencia con el marketing inbound? ¿Qué funciona y qué no?

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En la primera parte de este post anterior hablamos de cómo las características particulares de la tecnología software y el tipo de problemas que resuelve fueron abonando el terreno para la aparición de metodologías de desarrollo ligeras e iterativas, en un intento de mejorar las metodologías pesadas y por fases -influidas por las técnicas del desarrollo de proyectos en otros campos- que habían predominado hasta entonces.

En febrero de 2001 diecisiete expertos en desarrollo de software publicaron el “Manifesto for Agile Software Development”, que dio un nombre, una carta de naturaleza y una “marca” a todos esos métodos. Básicamente el Manifiesto consta de cuatro puntos en los que se da prioridad a los individuos y las interacciones, al software que funciona, a la colaboración con el cliente y a la respuesta ante el cambio frente a aspectos como los procesos, la documentación y los planes, que son prioritarios en otros enfoques. Como complemento incluye los doce principios básicos de Agile, entre los que se cuentan la satisfacción del cliente, la entrega temprana y continua de software que funciona, la cooperación y la autoorganización.

Es importante señalar que cuando se habla de Agile se suele hablar en realidad de alguna de las metodologías precursoras que mencionábamos en nuestro post anterior, y en particular de dos que son las más aceptadas (y que son anteriores al Manifiesto):

  • Scrum (1995), un marco iterativo e incremental para la gestión de proyectos, inicialmente propuesto para proyectos de desarrollo de productos y cuyo uso se ha centrado en proyectos de desarrollo de software.
  • XP (Extreme Programming, 1996) una metodología iterativa de desarrollo de software que aboga por entregas frecuentes de software en ciclos de desarrollo cortos y que recibe ese nombre por su énfasis en llevar al extremo esas buenas prácticas.

En realidad muchos de los principios de Agile (como por ejemplo incrementar la flexibilidad o la comunicación) son ideas de sentido común pensadas para enmendar el mal funcionamiento de las metodologías tradicionales en ciertos escenarios y para arreglar equipos de proyecto disfuncionales. Pero adicionalmente las metodologías Agile incorporan una serie de prácticas, roles y “valores” (daily scrums, war rooms, programación en parejas, retrospectivas, Scrum Masters, Product Owners…) y un énfasis en el funcionamiento del equipo de desarrollo que crean una “liturgia” y contribuyen a fomentar la identificación y la involucración, a veces casi religiosa, de sus practicantes. Lamentablemente, algunas organizaciones encuentran difícil implantar Agile en toda su extensión -con el cambio de cultura que requiere- y se quedan en sus prácticas superficiales, lo que no deja de ser un caso más de “cerdo con lápiz de labios”.

Los beneficios en cuanto a flexibilidad, adaptación, comunicación y coordinación que Agile aporta en escenarios inciertos y volátiles son evidentes. Sin embargo, en estos años se han alzado voces críticas con esta filosofía debido a posibles limitaciones como las siguientes:

  • Está muy enfocada en la captura de requisitos y el desarrollo, pero pone un foco escaso en el diseño y en la experiencia global del usuario de la solución
  • Falta de estructura y documentación
  • Puede aumentar el riesgo de una expansión incontrolada del alcance del proyecto
  • Solo funciona bien con desarrolladores experimentados
  • Requiere reuniones muy frecuentes con los clientes, con el consiguiente coste
  • Dificultad para escalar a proyectos grandes y con personal distribuido geográficamente

Por eso algunos dicen que, si bien Agile tiene cosas buenas y originales, “las cosas buenas no son tan originales y las cosas originales no son tan buenas”… Ese es también el motivo por el que las prácticas de Agile llevan años evolucionando para solucionar sus carencias y ser aplicables en escenarios más generales. En cualquier caso, es evidente que la flexibilidad que aporta Agile no es gratis y a veces sus costes pueden superar a sus beneficios.

Hasta aquí esta introducción a Agile. En próximos posts iremos abriendo el debate sobre preguntas como las siguientes:

Este post en Marketing & Innovación.

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