Crecimiento de productos tecnológicos

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El vibe coding podría convertirse en la mayor amenaza para la actividad de descubrimiento de problemas en product management, pero los mejores equipos de producto transformarán la IA en un motor de descubrimiento en lugar de una fábrica de características.

Como vimos, una consecuencia indeseada del vibe coding es la facilidad con la que seduce a los equipos de producto para que pasen por alto el espacio del problema. La IA crea algo muy potente: la fuerza gravitatoria de la solución.

El vibe coding crea un campo gravitatorio alrededor de la solución

La gestión de productos de software abarca fundamentalmente dos ámbitos distintos:

  • El espacio del problema: El entorno donde residen los puntos de dolor del cliente, las necesidades del mercado, la fricción operativa y los incentivos económicos. Es un ámbito caótico, ambiguo, humano y difícil de cuantificar.
  • El espacio de la solución: El entorno donde residen las funcionalidades, las características y la experiencia de usuario. En productos software es el dominio de la arquitectura, los patrones de UX y el código. Es un ámbito estructurado, predecible, controlable y gratificante.

Por qué nos enamoramos del espacio de la solución

La psicología humana anhela una resolución. Pero descifrar un problema complejo del cliente exige lidiar con la ambigüedad, participar en entrevistas de descubrimiento incómodas y gestionar prioridades empresariales contrapuestas. El vibe coding ofrece una recompensa instantánea. Le das una instrucción a la IA: «Crea un panel de control para que los gerentes de cadena de suministro monitoricen los retrasos en el inventario». Treinta segundos después, aparece una interfaz elegante con gráficos, métricas y filtros.

Vibe coding y product managementLuego, la IA te invita naturalmente a profundizar más: «¿Quieres añadir alertas automáticas por correo electrónico? ¿Qué tal un sistema de previsión de la demanda basado en IA?». De repente, el gestor de producto pasa tres días perfeccionando el código, ajustando temas visuales y configurando gráficos sintéticos. El cliente, mientras tanto, ha abandonado la escena discretamente.

Requisitos frente a especificaciones: una distinción olvidada

Esta dinámica agrava un problema crónico en el desarrollo de producto: confundir los requisitos con las especificaciones.

  • Los requisitos definen quién tiene el problema, qué fricción experimenta y por qué resolverlo genera valor económico o estratégico.
  • Las especificaciones definen cómo nuestro producto resolverá el problema: funcionalidades, características, prestaciones.

Cuando los gestores de producto pasan directamente al vibe coding, escriben especificaciones disfrazadas de prototipos. Se saltan la definición del problema porque la herramienta hace que construir la solución sea extremadamente sencillo. Sin embargo, un desarrollador junior (ya sea un ingeniero humano o un modelo de lenguaje) no puede crear un producto exitoso sin comprender las dinámicas subyacentes del mercado.

Si nuestra comprensión del problema fundamental del cliente es errónea, el vibe coding solo nos permite construir lo incorrecto en tiempo récord. Hablamos de AI slop en el ámbito de los contenidos; esto es lo que esa «basura de IA» significa para el desarrollo de productos.

El dilema entre el espacio del problema y el espacio de la solución

La gestión de productos tradicional distingue dos elementos: el descubrimiento del problema (comprender las necesidades de los usuarios, la dinámica del mercado y los puntos de fricción) y el descubrimiento de la solución (comprobar si el enfoque propuesto satisface dichas necesidades). El error fundamental que propicia la creación de prototipos de IA es tratar cada prototipo como una solución que debe validarse, en lugar de como una herramienta para explorar cómo se realiza el trabajo en la realidad.

Cuando desarrollar es rápido y económico, surge la tentación de realizar más demostraciones de soluciones en lugar de profundizar en el descubrimiento del problema. Los equipos caen en un ciclo impulsado por las reacciones a las demostraciones: presentan prototipos funcionales, recopilan opiniones, iteran sobre la interfaz de usuario y optimizan funcionalidades, todo ello sin llegar nunca a confirmar si están resolviendo un problema que realmente merece la pena solucionar.

Entonces, ¿qué deberían hacer de forma diferente los gestores de producto? La respuesta no es «usar menos IA». Es «usar la IA en la secuencia correcta».

Las ventajas del vibe coding son reales: velocidad, accesibilidad e iteración

Nada de esto es un argumento en contra de la IA. Más bien al contrario. Las ganancias en productividad son extraordinarias:

Democratización de la creación. los product managers sin perfil técnico ahora pueden construir prototipos funcionales sin esperar a los sprints de ingeniería, lo que reduce los cuellos de botella y aporta ventajas de rapidez y reducción de costes.

Reducción radical del coste de iteración. Se pueden crear y descartar prototipos desechables sin consumir capacidad de ingeniería, reservando el tiempo de los desarrolladores para tareas de nivel de producción. Pero el mayor avance es reducir el coste de equivocarse. Los equipos pueden probar diez conceptos en lugar de dos, las variaciones de UX se vuelven desechables y los experimentos se multiplican. Esto aumenta la opcionalidad, lo que constituye una enorme ventaja estratégica.

Mejor comunicación entre áreas. El software funcional actúa como una «especificación viva» que alinea a las partes interesadas de manera más eficaz que los documentos estáticos, reduciendo las malas interpretaciones. Los prototipos funcionales eliminan la ambigüedad porque, en lugar de debatir especificaciones, ingenieros, diseñadores, equipos de ventas y clientes reaccionan ante algo tangible. Las conversaciones se enriquecen porque todos hablan sobre el mismo elemento concreto.

Ciclos de aprendizaje más rápidos. La filosofía Lean Startup hacía hincapié en el ciclo Construir-Medir-Aprender. El ciclo de retroalimentación entre la idea y el producto tangible se reduce de semanas a horas, permitiendo a los equipos probar más hipótesis en menos tiempo. En teoría, esto debería acelerar drásticamente el aprendizaje. La frase clave es «en teoría» porque muchos equipos sustituyen accidentalmente el aprendizaje por el lanzamiento.

Las desventajas ocultas: sesgo cognitivo y optimización prematura

Los riesgos son más sutiles que las alucinaciones o el código con errores. Son de naturaleza cognitiva.

La trampa de la confianza. Los prototipos visualmente atractivos generan una falsa sensación de certeza. Los seres humanos sobreestiman sistemáticamente las ideas una vez que se materializan. Una maqueta en Figma parece más real que las notas de una entrevista. Una aplicación funcional resulta más creíble que una investigación etnográfica. Una vez que existe un prototipo, el anclaje cognitivo dificulta abandonarlo, incluso cuando la investigación con usuarios sugiere que el problema subyacente es distinto al que se había asumido. La IA amplifica este sesgo al permitir crear elementos pulidos sin apenas esfuerzo. Esta ilusión de progreso, oculta el hecho de que no se ha producido ningún aprendizaje real sobre las necesidades del cliente.

Inflación de funcionalidades. Cuando construir resulta casi gratuito, es más difícil mantener la contención. En lugar de preguntarse «¿Cuál es el experimento más sencillo posible?», los equipos se preguntan «¿Qué más podemos añadir?». Los equipos pasan horas ajustando la ubicación de los botones, las combinaciones de colores y los detalles del flujo de trabajo antes de confirmar si los usuarios realmente desean esa funcionalidad. Irónicamente, un desarrollo de bajo coste suele dar lugar a productos más complejos.

Pérdida de competencias en la fase de descubrimiento. Quizás el mayor riesgo a largo plazo sea lo que los economistas llaman deskilling (pérdida de cualificación): perder experiencia porque las herramientas realizan la tarea por nosotros. Preocupaciones similares están surgiendo en el ámbito del trabajo intelectual, donde la IA puede crear la ilusión de competencia al tiempo que debilita el criterio subyacente. Los product managers junior pueden llegar a ser expertos en redactar prompts antes de convertirse en observadores excepcionales. Sabrán cómo generar funcionalidades, pero no cómo identificar necesidades insatisfechas: son habilidades muy diferentes. Y si nuestra comprensión del problema es confusa, la IA generará un trabajo confuso mucho más rápido y con mejor formato.

Dejemos de tratar la IA como un atajo para obtener respuestas

Usémosla para mejorar la fase de descubrimiento.

El descubrimiento nunca ha consistido en generar artefactos como personas o árboles de oportunidades. Se trata de desarrollar empatía hacia clientes reales y reducir la incertidumbre mediante el aprendizaje continuo. La IA debería potenciar ese proceso, no reemplazarlo.

La IA puede acelerar drásticamente el descubrimiento de productos, pero solo si los equipos la utilizan para profundizar en su comprensión de los clientes, y no para fabricar una falsa sensación de certeza. El papel más valioso de la IA es actuar como un copiloto de investigación: ayudando a los equipos de producto a recopilar, estructurar, cuestionar y sintetizar evidencias basadas en el comportamiento real de los clientes, al tiempo que se preserva el criterio humano.

En el siguiente post hablaremos de cómo utilizar la IA para el descubrimiento de problemas.

El post “Vibe coding y el espejismo de la velocidad (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[¿Quieres aprender a aplicar estas ideas en tu empresa? Nuestros talleres sobre Product Management de productos tecnológicos y Product Marketing de productos tecnológicos te pueden ayudar.]

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El auge del “vibe coding” impulsado por IA ha democratizado la creación de software, pero al mismo tiempo está erosionando la disciplina más crítica en la gestión de productos: el descubrimiento de problemas.

Cada cierto tiempo, surge una nueva herramienta que promete liberar a los equipos de desarrollo de producto software de la fricción. Agile iba a solucionar los problemas de implementación. Design Thinking iba a mejorar la empatía en la definición del producto. El no-code iba a democratizar la creación. Ahora, tenemos la IA generativa y el vibe coding: la capacidad de describir la visión de un producto software en lenguaje natural y ver cómo una aplicación se materializa en tiempo real.

El vibe coding, que consiste en describir lo que se desea en lenguaje sencillo y dejar que la IA genere prototipos funcionales, ha reducido drásticamente el tiempo desde la idea hasta el software operativo, de semanas a horas. Los product managers ahora pueden usar herramientas como Cursor, Claude, Lovable, Bolt o Replit y observar cómo la IA construye interfaces de usuario, implementa la lógica básica y despliega aplicaciones interactivas en un santiamén.

Usando estas herramientas, las interfaces aparecen al instante, las bases de datos se configuran automáticamente, la autenticación, las API, los paneles de control y los flujos de trabajo surgen a partir de instrucciones en lenguaje natural y una buena dosis de iteración. Hemos entrado en la era del vibe coding: crear software describiendo la intención en lugar de escribir código.

Los product managers están, con razón, fascinados. El vibe coding parece magia y otorga una ventaja indiscutible. Muchos celebran esto como la democratización de la creación de productos. Pero también puede ser una trampa.

El atractivo de la velocidad en la construcción de soluciones

Con las herramientas de IA actuales, desarrollar software se ha vuelto más barato que comprender a los clientes. Esto es extraordinario y, a la vez, profundamente peligroso. Porque esta velocidad tiene un coste oculto: anima a los equipos de producto a saltarse el trabajo engorroso e incierto de comprender el problema y a pasar directamente al modo de solución. Esta es la paradoja de la IA: reduce el coste de desarrollo de forma tan drástica que omitir la fase de investigación parece racional.

El prototipo se convierte en prueba de progreso: los inversores quedan impresionados, los ejecutivos aplauden, los diseñadores iteran y los ingenieros refinan. Mientras tanto, nadie ha respondido a la única pregunta que importa: ¿Se está solucionando el problema correcto?

El vibe coding ha llevado a la industria del software a una encrucijada crucial. El verdadero peligro de la IA en la gestión de productos no reside en que la creación de software se vuelva sencilla, sino en que la extrema velocidad en el espacio de la solución nos ciega ante el trabajo fundamental necesario en el espacio del problema.

Casos de uso: donde el vibe coding destaca (y donde falla)

Aplicaciones eficaces

El vibe coding sobresale en escenarios específicos donde el problema se comprende bien y el objetivo es explorar rápidamente distintos enfoques de implementación:

  • Herramientas internas y dashboards: cuando los usuarios son compañeros que pueden explicar sus flujos de trabajo, los prototipos generados por IA aceleran el alineamiento sobre las necesidades de visualización de datos y generación de informes.
  • Validación de sistemas de diseño: los product managers pueden generar rápidamente múltiples variantes de interfaz para probar patrones de interacción antes de asignar recursos de ingeniería.
  • Comunicación con las partes interesadas: un prototipo funcional transmite la visión de manera más eficaz que un documento de requisitos (PRD) de 20 páginas, lo que ayuda a conseguir los apoyos necesarios y a identificar suposiciones desde una etapa temprana.
  • Experimentos con microfuncionalidades: es posible crear prototipos y probar en un solo día funcionalidades pequeñas y acotadas (por ejemplo, «una pantalla única que muestre a los nuevos usuarios las tres primeras acciones que deben realizar»).

Aplicaciones arriesgadas

Esa misma velocidad se convierte en un inconveniente cuando se aplica a problemas ambiguos:

  • Entrada en nuevos mercados: crear un prototipo antes de realizar entrevistas con clientes genera una falsa confianza basada en suposiciones no validadas.
  • Rediseño de flujos de trabajo complejos: los prototipos generados por IA suelen optimizarse buscando la elegancia técnica en lugar del comportamiento real del usuario, lo que lleva a los equipos a perfeccionar soluciones que nadie necesita.
  • Decisiones a nivel de plataforma: las decisiones de arquitectura (permisos, modelos de datos, puntos de integración) requieren un contexto profundo que la IA no puede inferir a partir de instrucciones vagas.

Vibe coding y product management

Todos los equipos de producto conocen el sesgo de confirmación. En el campo del product management esto se puede traducir en que una vez que creemos que una idea es buena, inconscientemente buscamos evidencia que la respalde.

Vibe coding y descubrimiento de producto

El vibe coding altera fundamentalmente el ciclo de descubrimiento de producto (problema + solución):

  • Sin vibe coding, el proceso empieza comprendiendo el espacio del problema mediante investigación y generación de insights, para posteriormente generar ideas de solución que materializan en prototipos que son validados.
  • Con vibe coding el proceso empieza con una idea (y en las empresas nunca faltan fuentes de ideas) que se materializa inmediatamente en un prototipo de solución generado mediante IA. Posteriormente este prototipo se evalúa y mejora mediante su uso práctico y se valida.

Pero cuanto más fácil resulta crear soluciones, más difícil resulta mantener la curiosidad por los problemas. En lugar de explorar los problemas abiertamente, los equipos comienzan a validar un producto con el que ya se han comprometido emocionalmente. Los psicólogos llaman a esto anclaje. Los gerentes de producto deberían llamarlo costes y riesgos.

Como bien observó Steve Johnson, veterano del sector, la IA no sustituye la gestión de productos; revela si alguna vez la aprendimos. La IA es un amplificador: si nuestro pensamiento estratégico es claro, la IA nos otorga capacidades extraordinarias. Si nuestros fundamentos de product management son débiles, la IA simplemente nos permite crear algo incorrecto más rápido que nunca, con una interfaz de usuario impecable y un código perfectamente formateado.

La verdadera labor de la gestión de productos siempre ha consistido en reducir la incertidumbre. Un product manager existe para responder preguntas que ninguna IA puede actualmente resolver por sí sola:

  • ¿Qué problema del cliente merece la pena resolver?
  • ¿Cuán grave es?
  • ¿Quién lo experimenta con mayor intensidad?
  • ¿Qué alternativas existen ya?
  • ¿Por qué los clientes actúan de forma distinta a como dicen hacerlo?

No son problemas de documentación. Son problemas de juicio y comprensión profunda. Y esa comprensión sigue requiriendo de seres humanos.

La mayoría de los marcos sobre product management distinguen dos mundos: espacio del problema y espacio de la solución. La IA acelera enormemente el segundo.

Pero la ventaja competitiva reside cada vez más en el primero. ¿Por qué? Porque las soluciones se están convirtiendo en productos indiferenciados. Comprender a las personas, no. A medida que crear software resulta más sencillo, el recurso escaso deja de ser la capacidad de ingeniería y pasa a ser el conocimiento profundo del cliente.

En el siguiente post seguiremos hablando de los dilemas que crea el vibe coding.

El post “Vibe coding y el espejismo de la velocidad (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Ser capaces es de entender el contexto de una empresa es primordial para liderarla con garantías. El encaje entre un producto y el espíritu de su tiempo es útil y conveniente (aunque no suficiente) para su éxito.

Seguimos analizando la importancia que tiene el encaje entre una idea (de producto) y el espíritu de los tiempos (el zeitgeist). Como vimos, entender el zeitgeist (y navegarlo) nos lleva a concebir productos que resuenan con el público desde una perspectiva social y cultural. Y eso nos permite catalizar el impulso de clientes, inversores, empleados… y ganar atención y tiempo.

En este post hablamos del valor de la sensibilidad contextual como capacidad directiva y de la relación entre el encaje idea-zeitgeist y el éxito de un producto.

Liderazgo de zeitgeist

Los mejores líderes tienen una enorme habilidad para entender el contexto en el que viven y para capturar las oportunidades que presenta su tiempo. En “Zeitgeist Leadership” A. Mayo y N. Nohria estudian cómo la habilidad para entender el zeitgeist -lo que podríamos llamar “inteligencia contextual”– fue una cualidad clave en los directivos de muchas empresas durante el pasado siglo, a medida que el contexto social, cultural, económico y tecnológico evolucionaba.

ZeitgeistLos autores identifican tres arquetipos de liderazgo zeitgeist: el emprendedor (descubre negocios totalmente nuevos), el gestor (controla y optimiza negocios asentados) y el líder (da nuevo impulso a negocios en declive) y examinan las condiciones en los que cada uno de esos arquetipos prosperó. Para ello caracterizan las épocas según seis factores contextuales: demografía, tecnología, usos sociales, intervención del gobierno, trabajadores y eventos globales.

En cualquier época hay muchas fuerzas en juego, afectando el contexto de los negocios particulares de diferentes maneras y habilitando diversas oportunidades. El CEO ideal para liderar una empresa en un momento dado no es necesariamente la persona adecuada para dirigir otra en el mismo período. Puede que la noción de zeitgeist sea intangible, pero los riesgos de la insensibilidad contextual son muy concretos. Si no somos capaces de leer el panorama del negocio corremos el riesgo de llevar a la empresa por el mal camino.

La conclusión del estudio es que la capacidad para entender el zeitgeist y perseguir las oportunidades únicas que presenta para cada empresa es lo que diferencia a los directivos verdaderamente excepcionales de los meramente competentes. Y ésta es una idea crucial: aprender el valor de entender las condiciones que influyen en el paisaje de negocio puede ayudar a las empresas a elegir al directivo correcto en cada  momento.

¿Es el éxito de un producto una cuestión de zeitgeist?

Pero hay algunos autores que apuntan puntos de vista contrarios. En “Product Success Is Not About the Zeitgeist” Cass Sunstein (sí, el coautor de «Nudge») formula una versión extrema de los supuestos beneficios del encaje idea-zeitgeist y luego los refuta. Según él, hay una falsa explicación para el éxito de ideas, productos y negocios que reside únicamente en ese encaje entre la cultura y el producto en el momento en el que se lanza.

Según algunos  -dice él- esta resonancia cultural es necesaria y suficiente para el éxito: si el producto es bueno pero el momento no es el adecuado, el producto fracasará… y al contrario. El autor da algunos ejemplos de productos (específicamente culturales) como el de la primera película de la saga de “La Guerra de las Galaxias” que, a pesar de que nadie sospechaba que fuera a alcanzar un éxito de tal magnitud, éste fue atribuido a su resonancia cultural con la época. Pero este razonamiento es erróneo.

Sunstein afirma que habitualmente no hay evidencias para este tipo de explicación. De hecho, es la clase de razonamiento a posteriori que tienden a elaborar nuestras mentes, habitualmente poco fiables y siempre a la búsqueda de patrones (como muchos estudios han demostrado).

Finalmente el autor reconoce que el zeitgeist es a menudo importante y a veces resulta realmente crucial. Pero que la principal explicación para el éxito económico tiene que ver habitualmente con la interacción entre dos factores: la influencia social (a quién le gusta qué, cuándo y con qué nivel de comunicación) y el mérito intrínseco (si el producto es realmente bueno).

Ciertamente, nadie con criterio afirmaría que el encaje con el zeitgeist es condición suficiente  para el éxito. Pero está más que comprobado que es importante, por ejemplo:

  • Sin salir del campo de los productos culturales (libros, películas, series de TV…), donde por su propia naturaleza la “resonancia cultural” es crucial, el timing es un aspecto capital en el lanzamiento: manuscritos, guiones y productos terminados se “congelan” en las estanterías de productoras y editoras hasta que sus directivos juzgan que ha llegado el momento culturalmente propicio para lanzarlos.
  • En todos los campos (pero especialmente en productos de consumo con un alcance mundial), productos que han triunfado en un mercado inicial han fracasado posteriormente cuando se los ha “trasplantado” a otro mercado (típicamente geográfico) por no haberse adaptado a las peculiaridades culturales de éste.

El encaje idea-zeitgeist es necesario (o al menos conveniente) pero no suficiente para el éxito. Nuestro camino debe pasar por la búsqueda del encaje problema-solución y del encaje producto-mercado. Pero el encaje idea-zeitgeist nos puede aportar el tiempo, recursos y atención extras que necesitamos para alcanzarlos.

El post “Encaje idea-zeitgeist: el ingrediente secreto para el éxito de un producto (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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El encaje de un producto con el contexto sociocultural de su tiempo es un factor que favorece su éxito. Las “ideas cuyo momento ha llegado” florecen gracias a la atención y al apoyo que les prestan desde los clientes a los medios de comunicación e inversores.

Las empresas innovadoras estamos desde hace algún tiempo obsesionados con el encaje producto-mercado (y, como paso previo, con el encaje problema-solución). Pero ¿existe algo anterior a esas situaciones, que nos ayude a predecir el éxito de nuestro producto?

Algunos autores dicen que sí, y tiene que ver con el papel que el encaje sociológico y cultural tiene en la aceptación de un producto o, dicho de otra forma, con identificar si un producto va a tener ajuste en el clima social y cultural de una época.

La importancia del zeitgeist

Algunos expertos, como D’Arcy Coolican, de Andreessen Horowitz, lo llaman “encaje producto-zeitgeist”. El zeitgeist es un concepto de la filosofía alemana de los siglos XVIII y XIX, que viene a significar el “espíritu de los tiempos” y que expresa muy bien a lo que nos referimos.

Yo prefiero hablar de “encaje idea-zeitgeist” o “encaje visión–zeitgeist” ya que en general es un concepto previo al diseño o a la implementación del propio producto. Es una noción que expresa cuándo una idea de producto resuena con el sentir de los tiempos. Y es que también para productos, como decía Víctor Hugo, “no hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado”.

Son muchos los ejemplos de productos que han encajado en el espíritu de los tiempos y han tenido diversos grados de éxito en el mercado:

  • La píldora anticonceptiva surgió en un momento en la sociedad deseaba una mayor libertad sexual y social femenina, y provocó una verdadera revolución económica al facilitar que muchas mujeres pudieran perseguir sus carreras profesionales.
  • La telemedicina encaja en una confluencia de tendencias protagonizada por el envejecimiento de la población, el desarrollo de tecnologías “vestibles” y los altos costes de la atención médica presencial.
  • Recientemente, las criptomonedas encontraron su caldo de cultivo en un escenario post-crisis de 2008 caracterizado por la indignación con el sistema financiero, la desconfianza de las instituciones y el enfado con las grandes corporaciones.
  • En el momento actual la carne cultivada o “limpia” ha sido impulsada por una mayor urgencia alrededor de todo lo relacionado con el cambio climático (que ha fomentado el debate sobre el impacto de la dieta occidental) y por los aspectos éticos y morales de la cría intensiva de animales destinados a la alimentación.

En muchos casos se trataba de ideas antiguas pero que pudieron florecer y recibir impulso gracias a un nuevo escenario social y cultural (y se han podido implementar gracias a la disponibilidad de tecnologías para ejecutarlas), incluso si esas mismas ideas, diez años antes, hubieran podido considerarse absurdas.

Obviamente el zeitgeist depende del momento histórico, pero también de otros factores como el geográfico: el clima social, económico, cultural y las preocupaciones de la gente en Estados Unidos o Europa Occidental no son los mismos que los de África o América Latina. Y es que, como nos dijo William Gibson, “el futuro ya está aquí, sólo que desigualmente repartido”.

Cómo explotar el zeitgeist

Como emprendedores, entender el zeitgeist de una época nos puede ayudar a varios niveles:

  • “Descifrar” el zeitgeist para generar ideas de producto. Debemos detectar las tendencias demográficas, tecnológicas o económicas que se conjugan en una época, ya que su intersección es terreno abonado para oportunidades de negocio. Y aplicar un enfoque antropológico al descubrimiento de necesidades de los clientes, que nos permita entenderlos en su contexto cultural y social , nos ayuda a definir productos que encajen en la vida de la gente y cumplan sus aspiraciones.
  • “Surfear” el zeitgeist como soporte e impulso a nuestra idea. Tener una sintonía con el zeitgeist del momento nos ayuda a conectar a un nivel racional y emocional con diversos stakeholders que pueden ayudar a que nuestra iniciativa sea un éxito Se trata de una situación en la que mucha gente nos mira con simpatía y desea que ganemos (a continuación veremos cómo). De hecho son incontables los casos de productos que adoptan un posicionamiento ligado al zeitgeist, para obtener ese respaldo; por ejemplo, muchos productos alimenticios que se arrogan una (a veces injustificada) etiqueta ecológica.

Cuando hay encaje idea-zeitgeist el producto resuena con el público no porque sea mejor, sino porque parece muy relevante desde un punto de vista cultural en ese momento particular y para un cierto grupo de gente. Cuando somos capaces de aprovechar el zeitgeist, podemos catalizar la energía de varios stakeholders que literalmente pueden cambiar la trayectoria de nuestra empresa:

  • Clientes: van a ser más receptivos con la propuesta de valor y el producto y lo van a evaluar con simpatía, especialmente los early adopters que van a usar el producto al principio de su vida, cuando todavía no es totalmente funcional, y nos van a ayudar a mejorarlo y a difundirlo.
  • Inversores: van a identificar la idea como una oportunidad de crecimiento y van a estar más predispuestos a participar.
  • Empleados: van a ver nuestro proyecto como algo de lo que querrían formar parte y por lo que vale la pena trabajar. Gracias a ello podremos reclutar a ese talento de primer nivel y comprometido que es el que marca las diferencias.
  • Medios de comunicación: van a estar más predispuestos a dedicarnos su atención y publicar sobre nosotros, y esta publicidad gratuita puede ser extraordinariamente valiosa.
  • Gobierno y reguladores: van a poder legislar y crear un entorno que sea favorable a nuestro producto.

La muerte de muchas startups es la indiferencia. La mayoría de ellas fracasa porque no le importan a nadie: ni a los clientes, ni a los empleados, ni a los inversores, ni a los medios. El encaje idea-zeitgeist nos puede proporcionar ese tiempo y recursos extra que necesitamos para avanzar hacia el encaje problema-solución y el encaje producto-mercado.

En el próximo post hablaremos de la capacidad para entender el zeitgeist como habilidad directiva y de si el encaje idea-zeitgeist es condición necesaria y suficiente para el éxito.

El post “Encaje idea-zeitgeist: el ingrediente secreto para el éxito de un producto (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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No todos los experimentos tienen por objetivo contrastar aspectos muy relacionados con la naturaleza, funcionalidad y experiencia del producto (los prototipos funcionales son uno de ellos). También es imprescindible confirmar las dimensiones relacionadas con la viabilidad del negocio.

Damos fin a nuestra serie sobre el papel de la experimentación en el descubrimiento y validación de productos, en este caso con experimentos para contrastar la viabilidad del negocio y prototipos funcionales para confirmar con alta fidelidad todos los aspectos del producto.

Experimentos de viabilidad

En general, el propósito de un producto para la empresa es construir a su alrededor un negocio rentable y escalable. Y sobre eso versan las hipótesis de viabilidad. El éxito de un producto en el mercado no sólo depende (principalmente) de los clientes: también hay que validar su encaje con otros componentes de nuestro proceso de generación de beneficios: marca, generación de demanda, fuerza comercial (sobre el terreno y remota), distribuidores, partners, finanzas, legal, dirección general. Estos son aspectos que a muchos product managers les suelen resultar incómodos (sobre todo si provienen del ámbito técnico) pero son los que contribuyen a dar entidad a su puesto como el “mini-CEO del producto”.

Experimento viabilidadEn fase de descubrimiento los experimentos de viabilidad implican exponer a los implicados de la organización (marketing, ventas, soporte…) a prototipos de producto, para validar las hipótesis que les afectan. Es una forma de crítica interna. No se trata de una sesión tipo demo comercial (el product manager pilota) ni de test de usabilidad (el usuario pilota) sino una sesión interactiva en la que se da al interesado la oportunidad de explorar el producto e identificar cualquier aspecto que pudiera ser un problema en fase de comercialización (por supuesto, no se trata de ocultarles nada, sino todo lo contrario).

Con este enfoque, a continuación se citan algunos de los departamentos afectados y las hipótesis que habría que validar con ellos:

  • Marketing: ¿El producto es consistente con la promesa de nuestra marca (lo que la gente espera de nosotros)? ¿Sería posible construir programas y actividades eficaces y eficientes de generación de demanda para el producto? ¿Implicaría un gran cambio de canales y técnicas?
  • Ventas: ¿El producto requiere una relación personal cercana para su venta? ¿O puede gestionarse con un modelo de inside sales remoto? ¿El precio del producto justifica la inversión en fuerza de ventas? ¿La actual formación y capacidades de los vendedores son adecuadas? ¿O habría que formarlos o contratar nuevo personal?
  • Soporte: ¿El producto requiere un modelo de soporte muy cercano? ¿La actual formación y capacidades del personal de soporte son adecuadas?
  • Desarrollo de negocio: ¿El nuevo producto encaja en nuestras relaciones actuales con partners y distribuidores? ¿Van a poder y querer apoyar el producto? ¿Entra en competencia o conflicto con sus actividades?
  • Legal: ¿El producto tiene implicaciones en cuanto a privacidad, cumplimiento normativo, propiedad intelectual o competencia que puedan traer problemas legales?
  • Finanzas: ¿La estructura de costes del producto es suficiente para sustentar una operación rentable?

Prototipo funcional

En ocasiones necesitamos validar hipótesis en fase de descubrimiento que hacen necesario recoger algunos datos de uso real del producto. Y, por supuesto, lo necesitamos conseguir sin invertir el dinero ni el tiempo que se necesita para construir el producto real, escalable y vendible.

Un prototipo funcional es una implementación limitada del producto, acotada en cuanto a sus casos de uso, UX, funcionalidad y prestaciones. Y típicamente carece de toda la productización que se requiere para el producto final en términos de rendimiento, escalabilidad, pruebas automatizadas, instrumentación de analítica, internacionalización, localización, etc.

El prototipo funcional es sustancialmente más pequeño que el futuro producto (y construido a una fracción de su coste, típicamente 5-10%) y basta con que funcione suficientemente bien como para evaluarlo y recoger datos sobre un conjunto reducido de casos de uso con un conjunto limitado de usuarios.

A diferencia de otros prototipos, éste contiene código funcional que debe ser desarrollado por el departamento de Ingeniería/Desarrollo/Tecnología (no por los diseñadores). Esencialmente es similar a un piloto del producto, pero en el caso del prototipo la implementación es provisional y, en general, desechable.

El prototipo funcional es una técnica que se presta a análisis cualitativos y cuantitativos, y sirve para validar aspectos de deseabilidad, utilidad, usabilidad, comprabilidad, factibilidad y viabilidad.

El camino por delante: validación del producto

Una vez comprobado el encaje Problema-Solución deberíamos acelerar las actividades de Implementación o construcción del producto propiamente dicho, para llegar a algo que sea funcional, replicable, seguro, fiable, escalable, mantenible, soportable por la organización… y facturable. La validación termina cuando se comprueba el encaje Producto-Mercado: hemos llegado a una versión mínima del producto que los clientes valoran, compran y nos ayudan a mejorar con su feedback, y hemos identificado un proceso comercial repetible.

Ingeniería ágil

La mejor práctica para la Implementación en muchos escenarios consiste en aplicar técnicas de ingeniería ágil (por ejemplo, Scum o Kanban). En ellas el feedback del mercado es continuo, pero ya no con artefactos desechables sino con un producto real en continua evolución y mejora. Este feedback nos permite ir iterando y refinando el producto a lo largo de su construcción.

Como durante el descubrimiento, tenemos que seguir sometiendo al producto (ahora, real) a experimentos cualitativos que contrasten su deseabilidad, utilidad, usabilidad, comprabilidad, factibilidad y viabilidad. Pero en esta fase, gracias a la analítica de producto,  cobran mucha más importancia los experimentos cuantitativos basados no ya en lo que los clientes dicen, sino en su comportamiento real (lo que hacen).

Analítica de producto

Especialmente en productos digitales (software, contenidos), pero en general en cualquier tipo de producto o servicio habilitado por software (y cada vez son más, desde los electrodomésticos a los servicios de retail que mezclan online y offline) la tecnología permite realizar una monitorización exhaustiva del uso de ellos que hacen los clientes: cuándo lo usan, durante cuánto tiempo, qué funciones son las más utilizadas… Nunca había sido tan fácil saber exactamente cómo usan nuestro producto los clientes.

En “Analítica del funnel en negocios SaaS” describíamos cómo analizar la experiencia de cliente en negocios de software como servicio, pero lo que allí decíamos puede aplicarse fácilmente a negocios de otra índole, con tal de que su funnel comercial y su producto estén instrumentados para recoger los datos necesarios para realizar estos análisis.

Algunas técnicas y aspectos clave, muchos de los cuales hemos cubierto en posts anteriores:

  • Definición del funnel que mejor representa a nuestro producto (p. ej.: Awareness, Acquisition, Activation, Retention, Referral, Revenue) para estructurar el análisis.
  • La importancia de la retención de los clientes como motor del crecimiento: si no optimizamos la retención de nuestro producto estaremos acelerando un funnel con “escapes”. Métricas de abandono (churn).
  • Experimentos A/B y multivariable: donde se comparan diferentes alternativas de procesos y experiencias de cliente, para medir cuál se comporta mejor.
  • Análisis de cohortes: para analizar las diferencias entre grupos homogéneos de usuarios (p. ej., los que provienen de un mismo canal o se registraron el mismo mes).
  • Economías unitarias: CLTV (Customer Lifetime Value) y CAC (Customer Acquisition Cost).

Y con esto termina nuestra serie sobre la experimentación y su valor para el descubrimiento y validación de productos. Espero haber aportado una panorámica mínimamente descriptiva de los experimentos más habituales. Pero recordad: la idoneidad de uno u otro para vuestro caso depende de cuáles sean las incertidumbres más importantes para vuestro negocio y de cuál es la mejor manera para eliminarlas.

El post “Experimenta para descubrir y validar tu producto (4)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Un aspecto primordial a gestionar en el descubrimiento de un producto es todo lo relacionado con la implementación técnica: cómo y en qué momento invertir en demostrar que la funcionalidad del producto es valiosa y cómo confirmar que es factible. Para eso sirven experimentos como el Mago de Oz y los prototipos de factibilidad.

Seguimos con la descripción de experimentos de descubrimiento de producto, en esta ocasión prototipos de alta fidelidad para comprobar la utilidad, usabilidad, deseabilidad, comprabilidad y factibilidad.

Mockups y prototipos interactivos

Los mockups son el siguiente paso en cuanto a fidelidad de los prototipos, alcanzando un nivel medio. No van más allá del nivel de UI, los hay estáticos (pantallas aisladas) e interactivos (“clicables”) y suelen tener “perfección de píxel” en su calidad visual pero no exponen funcionalidad real y, a veces, tampoco interacción (modalidades estáticas).

Loa mockups se suelen construir combinando aplicaciones de diseño gráfico (para conseguir la máxima fidelidad gráfica) y herramientas de prototipado para dotarlas de interactiviad y permitir la compartición en equipo, iteración, etc.

Los prototipos interactivos son un paso más allá en cuanto a fidelidad sobre los mockups, al estar típicamente implementados con las tecnologías y lenguajes en los que se programa la UI del producto final. En ellos, la fidelidad gráfica y de interacción es prácticamente perfecta (aunque la funcionalidad no esté implementada).

Los mockups presentan una “carcasa” de media fidelidad del producto y son aptos para una experimentación cualitativa, centrada en validar aspectos de deseabilidad, utilidad, usabilidad y comprabilidad con un mayor nivel de fiabilidad que los wireframes. Al presentar fielmente elementos sensoriales, los mockups nos permiten validar componentes estéticos, de refuerzo de acciones de usuario, de tono de la comunicación, de reacción emocional y de consistencia y creación de marca.

Mago de Oz

El experimento de Mago de Oz o de “Turco Mecánico” o “Los Picapiedra” es un paso hacia la fidelidad funcional de los prototipos, si bien se trata de una fidelidad simulada. Consiste en proporcionar el producto (aunque sea en una versión mínima), con sus características gráficas y de interacción completas, pero con la funcionalidad que se busca implementada por medios manuales. En ningún caso esta circunstancia debería ser conocida por el evaluador, que cree estar enfrentándose a una versión preliminar del producto real. Obviamente esta técnica sólo es útil en escenarios donde la funcionalidad prevista del producto pueda ser simulada por medios humanos con un mínimo de calidad, verosimilitud y eficiencia.

Mago de OzEs decir, por ejemplo, en lugar de desarrollar esa tecnología de inteligencia artificial que necesitaríamos para implementar realmente el producto, la simulamos con un pequeño batallón de personas. De este modo podemos validar de una forma muy completa el valor de la solución sin acometer los costes de implementación (obviamente, los tiempos de respuesta y la escalabilidad del montaje no van a ser los óptimos, pero supongamos que en este entorno las expectativas de los evaluadores se pueden manejar).

Como hemos dicho antes, el experimento Mago de Oz se suele confundir con el Concierge (descrito antes), pero se diferencian en que en este último el evaluador era totalmente conocedor del proceso manual y que, en lugar de ser una técnica generadora de ideas, el Mago de Oz es totalmente evaluativa.

Como tal, Mago de Oz es una técnica eminentemente cualitativa (aunque también se presta a implementaciones cuantitativas basadas en analítica de producto), centrada en validar aspectos de deseabilidad, utilidad, usabilidad y comprabilidad (evidentemente, NO de factibilidad técnica).

Prototipos de factibilidad

Con los experimentos de factibilidad la empresa trata de contrastar las hipótesis relacionadas con su capacidad para entregar el producto con las características necesarias de funcionalidad, rendimiento, replicabilidad, escalabilidad, seguridad, fiabilidad, soportabilidad, etc.

Por ejemplo, actualmente con la incorporación de la inteligencia artificial a escenarios innovadores, este paso es obligado para descubrir si estas tecnologías se pueden adaptar a las nuevas aplicaciones y si los productos resultantes poseen las características técnicas y operativas imprescindibles.

Estos son riesgos que, dependiendo del contexto, pueden ser tan importantes como para tener que eliminarlos cuanto antes, de ahí la necesidad de hacerlo en fase de descubrimiento de producto. Los experimentos de factibilidad suelen consistir en prototipos donde se implementa el “motor” tecnológico de la solución (evitando sofisticaciones de UX) y se evalúan sus parámetros de calidad funcional y técnica. Un prototipo de factibilidad es equivalente a una prueba de concepto (PoC) de uso interno.

Además, involucrar a los departamentos de Ingeniería/Desarrollo/Tecnología desde las primeras fases del desarrollo del producto es importante y beneficioso porque

  • De ese modo se consigue su participación, interés y compromiso desde el principio
  • El tener conocimiento de los problemas de los clientes y de la solución que se está diseñando desde el inicio les permite planificar y acometer con tiempo y garantías la cuestión de la factibilidad
  • De este modo, no sólo van a traer buenas respuestas sobre la factibilidad, sino que aportarán mejores maneras de resolver el problema, gracias a su conocimiento sobre las soluciones innovadoras que habilitan las últimas tecnologías.

En el próximo post hablaremos de experimentos de viabilidad (negocio) y prototipos funcionales, y del camino por delante en cuanto a validación del producto.

El post “Experimenta para descubrir y validar tu producto (3)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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La experimentación en el mercado nos ayuda en todas las actividades del descubrimiento de producto: desde la generación de ideas de diseño, a la prueba del concepto, a la validación de aspectos de experiencia de usuario y su impacto en la deseabilidad, utilidad, usabilidad y comprabilidad.

Empezamos a describir los diferentes tipos de experimentos para la fase de descubrimiento de un producto, centrándonos en algunos tipos que nos permiten generar soluciones e idearlo (concierge), probar el concepto (smoke test) y validar aspectos básicos de deseabilidad, usabilidad y utilidad (bocetos y wireframes).

Los experimentos como investigación de mercado

En tanto que herramientas de investigación de mercados, los experimentos nos proporcionan información de dos tipos:

  • Cualitativa : se trata de una investigación exploratoria, que busca el descubrimiento y la identificación de aspectos relevantes. Tiene unos objetivos abiertos y flexibles y una significancia anecdótica: se extrae significado de cada interacción. Se suele decir que la investigación cualitativa busca entender el “¿por qué?”.
  • Cuantitativa: es una investigación descriptiva y causal, que busca la validación, la estimación, la relación y la predicción. Tiene unos objetivos específicos y bien definidos y una significancia estadística: se extrae significado analizando los resultados agregados. Habitualmente la investigación cuantitativa busca responder a “¿cuánto?” o “¿cuántos?”.

En general, para contrastar una hipótesis utilizamos insights híbridos: descubrimos insights cualitativamente, y los validamos cuantitativamente.

Tipos de experimentos

Generalmente, en fase de descubrimiento (cuando todavía no se ha construido el producto real) los experimentos consisten en MVPs basados en artefactos de tipo prototipo. Un prototipo es un artefacto que adelanta o reproduce algunas de las características del futuro producto, y que se pone en manos de los potenciales clientes para solicitar su feedback.

Un aspecto que caracteriza a los prototipos y otros experimentos es su “fidelidad”, que tiene varios aspectos:

  • Visual/gráfica: cómo de cerca está el prototipo de la imagen gráfica del producto final.
  • De interacción: cómo el prototipo refleja el comportamiento en cuanto a flujos y procesos del producto final (con independencia de la funcionalidad que haya detrás, que en muchos casos es simulada).
  • De funcionalidad: cómo de cerca está el prototipo de realizar la operativa y funciones del producto final de manera real.

Los prototipos son herramientas extraordinariamente útiles porque avivan la creatividad, permiten explorar opciones y validar hipótesis y mejorar la comunicación. De hecho, los beneficios principales de los prototipos no están sólo en experimentar en el mercado, sino también como herramienta de comunicación entre las áreas de la empresa involucradas en el desarrollo del producto, especialmente entre Gestión de Producto y Diseño con Ingeniería/Tecnología/Desarrollo.

Veamos a continuación algunos de los tipos de experimentos más utilizados.

Concierge

En el experimento concierge uno de nuestros expertos humanos se sienta codo a codo con el cliente para resolver manualmente su problema, como lo haría una empresa de consultoría tradicional (o el conserje de un hotel). El objetivo es entender mejor el problema del cliente y las características que debería poseer una buena solución al mismo (en cuanto a inputs, necesidades de configuración, interacción, resultados deseados, etc.).

ConciergeEl experimento concierge es útil para soluciones que esencialmente tratan de automatizar un proceso humano o para productos que se pueden simular manualmente.

Es un experimento cualitativo, que permite entender los drivers de valor para el cliente, y eminentemente generativo, enfocado en la generación de ideas para la posible solución.

El experimento concierge se suele confundir con el de tipo Mago de Oz (descrito aquí), aunque son fundamentalmente diferentes: el concierge no trata de ocultar el proceso manual (al contrario, lo hace explícito) y no trata de validar un producto sino de generar ideas para diseñarlo.

Smoke test y fake door

El smoke test o experimento de página de aterrizaje se utiliza para validar un concepto de producto y consiste en una página web a la que dirigimos potenciales clientes mediante anuncios y que contiene la descripción del producto que nos estamos planteando desarrollar y una llamada a la acción para que los visitantes puedan expresar su interés dejándonos su contacto para mantenerlos informados, apuntándose a una beta privada, consultando información sobre precios, etc.

La fake door se utiliza para validar una posible nueva feature en un producto ya existente y consiste en insertar el botón/enlace de acceso a la característica allí donde sería su lugar natural en el producto. Obviamente el acceso no lleva a la feature sino a una página informando de que ésta se encuentra en desarrollo. De este modo se mide el interés por la nueva característica.

Estos dos experimentos son de tipo cuantitativo, enfocados en la deseabilidad, utilidad y comprabilidad.

Bocetos a mano y wireframes

Los wireframes son una representación de baja fidelidad del producto que da idea de sus componentes y cómo se organizan (arquitectura de información). Son un modelo a nivel de UX y los hay estáticos (pantallas aisladas) e interactivos (“clicables”). No tienen “perfección de píxel”, sino que proporcionan una presentación esquemática y monocolor del layout del producto. Evitan incorporar imágenes reales para no distraer la atención del evaluador y presentan (en sus modalidades interactivas) una versión esquemática de la interacción y el flujo del producto, pero sin ninguna funcionalidad real.

Como paso previo a los wireframes encontramos los bocetos hechos a mano, que bosquejan el concepto, los componentes y (en ocasiones, usando métodos totalmente manuales) la interacción del producto. Por tanto, tienen incluso tienen menor fidelidad que los wireframes en todas las dimensiones. Son una herramienta útil para comunicar ideas internamente pero demasiado tosca para exponerla a la evaluación de los clientes (salvo en situaciones muy informales).

WireframeExisten herramientas especializadas en la construcción de wireframes, tanto de aplicaciones para ordenador como para móvil, que además proporcionan bibliotecas de componentes predefinidos y permiten compartirlas en un equipo e ir iterándolas.

Los wireframes presentan una “carcasa” de baja fidelidad del producto y son aptos para una experimentación cualitativa alrededor de la experiencia de usuario y  centrada en validar aspectos de deseabilidad, utilidad, usabilidad y comprabilidad.

En el siguiente posts hablaremos de experimentos de más alta fidelidad para descubrir la deseabilidad y la factibilidad del producto.

El post “Experimenta para descubrir y validar tu producto (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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El desarrollo de productos está sujeto a incertidumbres y riesgos de toda índole. Las nuevas filosofías de desarrollo proponen la experimentación temprana, rápida y barata en el mercado para gestionar activamente y mitigar esos riesgos y conseguir el éxito.

A nadie le gusta invertir en desarrollar un producto que no vaya a gustar a sus potenciales clientes. La mejor manera de evitarlo es someterlo a lo que en este blog llamamos descubrimiento y validación del producto (siguiendo una nomenclatura paralela a la de Customer Development de Steve Blank):

  • El descubrimiento de producto consiste en identificar un (concepto y especificación de) producto que valga la pena construir. El descubrimiento se extiende a lo largo de las fases de Definición y Diseño del desarrollo de producto y termina cuando se comprueba el encaje Problema-Solución.
  • La validación de producto consiste en construir un producto que valga la pena replicar y escalar. La validación se extiende a lo largo de la fase de Implementación del desarrollo de producto y el inicio de su comercialización, y termina cuando se comprueba el encaje Producto-Mercado.

Experimentación en el mercadoIncorporar ingredientes de descubrimiento y validación durante el desarrollo de producto implica aplicar una mentalidad que asume que todo en este proceso está sometido a incertidumbres y tratamos de eliminar los riesgos lo antes posible, de la manera más barata y aplicando un modelo iterativo con continuo feedback del mercado.

Gestionando las incertidumbres

El proceso de descubrimiento y validación de producto consiste en ir contrastando las asunciones y suposiciones relacionadas con ese producto y su modelo de negocio de una manera sistemática y eficiente. Para ello podemos seguir el siguiente proceso:

  1. Identificar nuestras asunciones, p. ej., “Creemos que a nuestro mercado potencial le interesa mucho nuestro nuevo concepto de producto de herramienta de chat empresarial.”
  2. Concretar y convertir dichas asunciones en hipótesis falsables (por favor, dejemos de llamarlas hipótesis “falsificables”), que podamos contrastar, p. ej., “Si presentamos nuestro concepto a una muestra de su mercado potencial, más del 70% va a expresar interés y a solicitar más información.”
  3. Priorizar esas hipótesis en función de su incertidumbre (imprevisibilidad) y su potencial impacto (consecuencias) para el negocio.
  4. Ejecutar experimentos “mínimos” (en cuanto a consumo de recursos, tiempo y dinero) para intentar confirmar o refutar dichas hipótesis. A eso es a lo que vamos a dedicar los siguientes posts.

Las asunciones (y sus correspondientes hipótesis) pueden tener que ver esencialmente con los diferentes aspectos del producto y su negocio:

  • Deseabilidad: ¿cuánto les gusta el producto a los clientes? ¿es significativo para ellos? ¿van a querer adoptarlo?
  • Utilidad: ¿cómo resuelve el producto los problemas de los clientes? ¿les resulta valioso? ¿les sirve para algo?
  • Usabilidad: ¿el producto va a ser fácil de utilizar para sus clientes? ¿van a poder usarlo? ¿van a poder aprenderlo?
  • Comprabilidad: ¿el producto va a persuadir a los compradores del cliente? ¿los clientes van a querer (y poder) comprarlo? Esta característica es importante en productos donde los compradores y los usuarios del cliente no son las mismas personas y pueden tener objetivos diferentes.
  • Factibilidad: ¿vamos a poder construir el producto con la tecnología y los medios disponibles? ¿va a funcionar cumpliendo los requisitos de rendimiento, fiabilidad, etc.?
  • Viabilidad: ¿vamos a poder construir alrededor del producto un modelo de negocio rentable? ¿vamos a ganar dinero con él?

NOTA: algunas de estas características, como las del trinomio Deseable-Útil-Usable, se solapan.

Desde el punto de vista de la fase en el desarrollo de producto, las incertidumbres provienen de:

  • Definición: es la fase que tiene por objetivo conseguir una comprensión del cliente y sus problemas, sintetizados en personas, viajes, escenarios y requisitos de mercado. En esta fase las principales incertidumbres están en la naturaleza, importancia, extensión y cuantificación del problema a resolver.
  • Diseño: esta etapa culmina con la conceptualización de la solución y la generación de una propuesta de valor, una experiencia de cliente y una especificación funcional que sirvan de base para la construcción del producto. En esta etapa los principales riesgos provienen de que el cliente valore esta propuesta de solución y la juzgue como una respuesta adecuada a sus problemas.
  • Implementación: esta fase tiene por objetivo generar una especificación técnica y construir y probar la “unidad 0” del producto real. Aunque esta etapa es posterior a aquéllas durante las cuales se lleva a cabo el descubrimiento de producto, tiene todo el sentido adelantase en la gestión de riesgos y eliminar incertidumbres relacionadas con esta fase, que esencialmente tienen que ver con la factibilidad técnica y organizativa del producto.
  • Comercialización: en esta etapa tratamos de convertir el producto en un negocio rentable. Nuevamente, aunque se trata de una fase posterior al descubrimiento de producto, es conveniente adelantarse y eliminar incertidumbres que se manifestarán en esta etapa, y que básicamente tienen que ver con la viabilidad económica del negocio.

Experimentos

Los experimentos de producto en el mercado son la herramienta principal para el descubrimiento y validación. Es imprescindible experimentar antes y después de empezar a construir el producto. Ambos tipos de experimentos son valiosos y ambos tienen que llevarse a cabo. Pero experimentar antes de empezar a construir nos evita muchos riesgos y nos permite hacerlo con artefactos baratos y desechables, con un coste mucho más bajo y una velocidad mucho mayor que si utilizáramos producto real.

En los siguientes posts nos vamos a centrar en experimentos de distinto tipo, no en otras herramientas de investigación como pueden ser las entrevistas en profundidad, los focus groups, la observación e inmersión etnográficas en los contextos del cliente, las encuestas, etc.

El post “Experimenta para descubrir y validar tu producto (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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A la hora de priorizar problemas de mercado para resolver con nuestro producto hay que tener en cuenta que no todos esos problemas son iguales desde el punto de vista de la satisfacción que producen en el cliente y de la rentabilidad financiera que aportan a la empresa.

Seguimos analizando enfoques para la priorización de problemas de mercado para resolver con nuestros productos, en este caso centrándonos en el modelo de Kano y el análisis Rentabilidad-Inversión.

El modelo de Kano

Este modelo, desarrollado por Noriaki Kano en los 1980s, trata de describir cómo conseguir la satisfacción del cliente resolviendo sus problemas o proporcionándole soluciones. Para ello utiliza un plano con estos ejes:

Modelo Kano

  • Grado de cobertura en la resolución del problema o necesidad, o beneficio o funcionalidad de la solución. Va desde lo muy malo, pasando por lo nulo, hasta lo excelente.
  • Nivel de satisfacción del cliente, en función del grado de cumplimiento. Va desde la frustración, pasando por lo neutro, hasta el entusiasmo.

IMPORTANTE: el grado de cobertura puede referirse tanto a problemas/necesidades como a soluciones/atributos y en cada caso el modelo de Kano se puede utilizar para priorizar respectivamente problemas a resolver o soluciones a entregar. En este escenario de priorización nos centraremos en el primer caso.

La enseñanza principal del modelo de Kano es que no todos los problemas de cliente son iguales desde el punto de vista de la satisfacción que producen en el cliente. Simplificando, el modelo de Kano clasifica los problemas en tres categorías principales:

  • Lineales, de rendimiento o unidimensionales: son los más “intuitivos”, su resolución aumenta la satisfacción y su no resolución aumenta la insatisfacción. Son necesidades lineales o “simétricas”. Por ejemplo, la distancia recorrida por litro de combustible en un automóvil o la duración de la batería en un portátil son necesidades de tipo rendimiento.
  • Requeridas (must-haves): Son necesidades “mínimas” o que se dan por descontadas para que los clientes estén satisfechos. Son asimétricas en el sentido de que su cumplimiento no produce satisfacción pero su incumplimiento produce gran insatisfacción. Por lo tanto, una vez alcanzado un cierto grado de cumplimiento no es necesario seguir invirtiendo en ella. El disponer de agua corriente en una habitación de hotel o la robustez en un teléfono móvil son necesidades requeridas.
  • De entusiasmo (delighters): son necesidades inesperadas que superan las expectativas de los clientes. También son necesidades asimétricas en el sentido de que su incumplimiento no produce insatisfacción pero su cumplimiento produce gran satisfacción. Hace unos años, la guía a la conducción en un automóvil o la pantalla gráfica táctil en un móvil eran necesidades de entusiasmo.

La categorización de las necesidades de nuestros clientes en un diagrama de Kano se puede hacer utilizando entrevistas y encuestas diseñadas a tal efecto.

Hay dos aspectos primordiales sobre el modelo de Kano:

  • Las categorías de las necesidades cambian con el tiempo. Lo que pudo ser hace tiempo una necesidad de entusiasmo evoluciona hacia una tipo rendimiento y terminar siendo una requerida. Imaginemos, por ejemplo, las pantallas táctiles en los móviles. La evolución de la tecnología, la competencia y las expectativas de los clientes hacen cambiar estas categorías a lo largo del tiempo.
  • Hay una jerarquía de necesidades. Al igual que ocurre con las necesidades humanas, desde el punto de vista de producto hay una jerarquía que va desde las más básicas y fundamentales hasta las más avanzadas. Esta jerarquía hace que primero tengamos que satisfacer las necesidades imprescindibles (requeridas) antes de pasar a las de rendimiento, para pasar finalmente a las de excitación.

El análisis basado en el modelo de Kano nos permite entender de una manera más profunda la relación entre la cobertura de necesidades (o beneficios para el cliente) y satisfacción del cliente, identificando las de obligado cumplimiento, optimizando la cobertura para maximizar la satisfacción, evitando situaciones de necesidades “infraservidas” y “sobreservidas”, identificando opciones para deleitar a los clientes y, en general, descubriendo oportunidades para una innovación basada en el valor.

El análisis Rentabilidad – Inversión

El análisis Rentabilidad – Inversión se puede usar para priorizar problemas/necesidades, aunque se ajusta de una manera más natural -en una fase posterior- a la priorización de funciones/características del producto ya diseñado. En este esquema, los problemas a resolver se evalúan según dos ejes:

  • Inversión: una medida del esfuerzo necesario para resolverlo.
  • Rentabilidad: una medida del resultado para la empresa de resolverlo. Este resultado está relacionado con el valor creado para el cliente al satisfacer esa necesidad.

Rentabilidad e inversión se pueden combinar en una medida de ROI:

ROI  = Rentabilidad / Inversión

Con estos parámetros, la regla consiste en priorizar problemas según su mayor valor de ROI y, en caso de empate (los ROIs coinciden), lo más sensato en muchas ocasiones es priorizar el que exige una inversión más baja.

Cuando se priorizan problemas puede resultar difícil cuantificar con precisión estas variables. Empezando por la inversión, que es muy dependiente de la solución que diseñemos. Por eso este modelo se usa más para priorizar soluciones, funcionalidades o características.

Pero tampoco es necesario llegar a una cuantificación precisa de estos parámetros, sino que muchas veces basta con estimar la posición relativa de unos problemas respecto a otros en el plano o cuantificar las variables en una escala bajo-medio-alto y dividiendo el plano en nueve sectores. Eso bastaría para llevar a cabo nuestra priorización de una manera aproximada.

Conclusión

En este post y su primera parte hemos descrito tres de los diversos esquemas mediante los cuales las empresas priorizan los problemas a resolver pos sus productos. Aunque los tres aportan perspectivas útiles ninguno de ellos proporciona una respuesta definitiva para resolver el problema de la priorización, por lo cual una buena idea puede ser combinarlos y aplicarlos según la información que necesitemos en cada momento:

  • El análisis Importancia – Satisfacción nos permite descubrir y evaluar oportunidades de creación de valor para los clientes.
  • El modelo de Kano nos ayuda a entender en profundidad la influencia de la cobertura de una necesidad en el grado de satisfacción de los clientes, permitiéndonos modular el esfuerzo a realizar en la resolución de cada problema para optimizar la satisfacción.
  • El análisis de Rentabilidad – Inversión, aunque más adaptado a la priorización de funcionalidades y características, cuando se aplica a la priorización de problemas y necesidades nos proporciona una medida de cómo la cobertura de las diferentes necesidades nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos financieros.

El post “Definiendo tu producto: eligiendo problemas que valga la pena resolver (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Una empresa puede descubrir múltiples problemas de mercado por resolver. Investigar a los clientes para entender la importancia que dan a cada problema y el grado de satisfacción con las soluciones actuales nos ayuda a priorizar el desarrollo de producto.

Una de las etapas principales en el desarrollo de nuevos productos (o de nuevas características, o en la renovación de productos existentes) es la definición de dicho producto.  La definición de producto es un proceso iterativo que empieza con el descubrimiento de necesidades de los clientes, continúa con la construcción de personas de compradores y usuarios y sus “viajes” y escenarios de compra y uso, y termina con la elaboración de un conjunto de requisitos (problemas de mercado) priorizados. Como vemos, en esta fase nos mantenemos esencialmente inmersos en el espacio del problema, sin pasar todavía a la formulación y validación de una solución.

Como resultado de esas actividades previas de descubrimiento de clientes con suerte nos vamos a encontrar con un conjunto de expresiones de problema (en los términos usados por los propios clientes o transcritas a alguno de los formatos estructurados más habituales), en el mejor de los casos deduplicados y agrupados por temas en forma de mapas de afinidad o diagramas en árbol multinivel.

Y el siguiente paso es priorizar esos problemas a resolver con nuestro producto ¿Por qué es importante priorizar los problemas? Hay varias razones:

  • Porque lo más seguro es que no vayamos a tener recursos y dinero para resolverlos todos.
  • Porque aunque no fuera así, probablemente resolviéndolos todos llegaríamos a un “producto Franskenstein”, complejo y no centrado en ninguna persona en particular y que no satisface completamente a nadie, lo que lastra la satisfacción de los clientes y la adopción del producto.
  • Porque lo que nos interesa no es desarrollar y lanzar ciegamente un producto, sino continuar con un proceso de descubrimiento en el que -una vez elegidos los problemas de mercado a resolver- diseñemos una solución que habrá que validar con los clientes mediante prototipos y otros artefactos (antes de empezar a construir el producto real). Y para ello lo más útil es definir un producto “mínimo” que haga más fácil, rápido y económico ese proceso. Porque necesitamos empezar a recibir feedback del mercado cuanto antes y de la forma más barata posible.

Y es que esencialmente la estrategia (incluyendo la de producto) no consiste sólo en decidir lo que se va a hacer sino (y más importante) en decidir lo que NO se va a hacer.

Para la priorización de problemas de mercado podemos aplicar varios enfoques, que vamos a describir en éste y el siguiente post:

  • El marco Importancia-Satisfacción
  • El modelo de Kano
  • El análisis Rentabilidad-Inversión.

El marco Importancia – Satisfacción

Importancia Satisfacción

Este enfoque consiste en representar los problemas en un plano con dos ejes:

  • Importancia del problema: es una medida de cuán importante es un cierto problema, necesidad o beneficio para un cliente determinado. Por ejemplo, para una persona la necesidad de compartir fácilmente contenidos con sus amigos puede ser muy importante y menos importante la necesidad de privacidad. La importancia es un concepto específico del espacio del problema, independiente de cualquier tipo de solución.
  • Satisfacción con las soluciones actuales: es una medida de cuán satisfecho está un cliente con las soluciones actualmente disponibles para un problema determinado. Expresa en qué grado las soluciones actuales satisfacen los problemas de los clientes y nos ayuda a identificar necesidades “infraservidas” (y “sobreservidas”) con bajo nivel de satisfacción.

Es importante que tanto la importancia como la satisfacción sean evaluadas explícitamente por los clientes cuya opinión hemos recabado en nuestra investigación, y no sean “impresiones” del equipo investigador. De este modo nos aseguramos de capturar la forma en que los clientes perciben y expresan sus problemas y necesidades. Luego, la importancia y la satisfacción de cada problema se evalúan como un score calculado promediando sobre el conjunto de clientes.

Según sus scores agregados, los problemas pueden caer en uno de cuatro cuadrantes:

  • Alta Importancia, baja Satisfacción: este es un caso claro, representa la oportunidad de innovar resolviendo un problema que es importante pero que no está adecuadamente cubierto. La recomendación en este cuadrante es invertir.
  • Baja Importancia, alta Satisfación: este también es un caso claro, pero en sentido contrario. No hay mucha oportunidad en resolver un problema poco importante que además está adecuadamente cubierto con las soluciones actuales. La recomendación aquí es evitar.
  • Alta Importancia, alta Satisfacción: este es un escenario dudoso. Podemos encontrarnos ante un mercado interesante pero muy competitivo, donde resulte difícil hacerse un hueco. Sin embargo, la importancia del problema y la oportunidad de mercado pueden justificar invertir en desarrollar soluciones innovadoras.
  • Baja Importancia, baja satisfacción: finalmente, otro escenario dudoso. La baja satisfacción con las soluciones actuales puede abrir una oportunidad, pero la baja importancia del problema puede hacer que no valga la pena.

Podemos utilizar el marco Importancia – Satisfacción para obtener una medida del valor para el cliente creado por una cierta solución a un cierto problema:

Valor para el Cliente = Importancia x Satisfacción (área del rectángulo)

Análogamente, la oportunidad de creación de valor de un producto que incrementara el nivel de satisfacción de una necesidad desde un valor Satis0 hasta otro Satis1 (manteniendo constante la importancia en su valor Impor0) sería:

Oportunidad de Creación de Valor = Impor0 x (Satis1 – Satis0) (incremento de área)

El marco Importancia – Satisfacción nos permite evaluar diferentes oportunidades de creación de valor y centrarnos en las más prometedoras.

En el próximo post revisaremos otros dos enfoques para la priorización de problemas de mercado: el modelo de Kano y el análisis Rentabilidad-Inversión.

El post “Definiendo tu producto: eligiendo problemas que valga la pena resolver (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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