Crecimiento de productos tecnológicos

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La analítica del funnel completo de un negocio SaaS nos permite ir más allá de las fases iniciales de visibilidad, considerar la generación de ingresos como un proceso unificado y  detectar en qué fases lo estamos haciendo bien y en cuáles tenemos que mejorar.

Seguimos hablando de la analítica del funnel de negocios SaaS, en este post aplicando un conocido modelo del funnel completo que nos aporta una visión integrada de nuestra “fábrica de clientes” en este tipo de negocios.

Métricas para Piratas

Las “métricas para piratas” son uno de los modelos más populares para analizar el funnel de un producto online y fueron creadas por Dave McClure,  fundador de la aceleradora 500 Startups. El modelo define un funnel con 5 etapas: Acquisition, Activation, Retention, Referral, Revenue (abreviado AARRR, de ahí el nombre).

Vamos a explicar el modelo aplicado a negocios SaaS y para ello, como otros autores, lo vamos a complementar con una fase previa: Awareness. El modelo (que ahora se abrevia como AAARRR) queda así:

Funnel SaaSAwareness

Consiste en presentarnos y ser visibles ante nuestro mercado objetivo e intentar llevarlos a realizar alguna acción. Se trata de conseguir que el potencial comprador deje lo que estaba haciendo y nos preste atención.

Se produce, por ejemplo, cuando el comprador nos ha visto en una publicación social, en unos resultados naturales en buscadores, en una nota de prensa o noticia publicada por algún medio, en un anuncio (display, social, en buscadores), ha visitado nuestro sitio web o blog, etc. Hay que resaltar que en esta fase el cliente sigue siendo un visitante anónimo, no tenemos su identificación.

Esta fase es muy propensa al uso de “métricas de vanidad”, por ejemplo, número de visitantes por mes, que en muchos casos no tienen conexión con los resultados de negocio. Es importante utilizar alguna métrica de engagement (por ejemplo, tasas de rebote del sitio) o de “micro-conversión” (por ejemplo, el visitante ejecutó un video o hizo clic en la página de producto).

Métricas a considerar: impresiones, CTR, número de visitas, páginas visitadas, tasas de rebote, minutos de atención, comparticiones y votos sociales.

Canales y tácticas a utilizar: buscadores (SEO, anuncios), social (orgánico, anuncios), display, retargeting, relaciones públicas, recomendación, afiliados.

Acquisition

La adquisición significa empezar a identificar a nuestro lead como alguien individualizado. Podemos pensar en ello como la primera transacción con el usuario, solo que en lugar de intercambiar dinero por un producto o servicio estamos intercambiando un contenido por el permiso para dirigirnos a él en el futuro.

Nuevamente, dependiendo del escenario pueden existir diferentes micro- o macro-conversiones que puede resultar útil medir. Por ejemplo, de menor a mayor valor: el  cliente ha empezado a seguirnos en nuestras cuentas sociales, nos ha hecho una consulta a través de nuestros canales de soporte/ventas, se ha suscrito a nuestro blog o boletín, ha dejado sus datos a cambio de algún contenido (ej.: white paper, webinar), se ha registrado en la versión gratuita de nuestro producto (si usa un modelo freemium) o en su versión de prueba.

Métricas a considerar: seguidores en nuestras cuentas sociales, interacciones de soporte/ventas, suscriptores email a nuestro blog/boletín, registros para descarga de recursos, nuevos leads, registrados en versión gratis/prueba del producto.

Canales y tácticas a utilizar: medios sociales, Conversion Rate Optimization (CRO), contenidos (blog, boletín, white papers, webinars…), chats, páginas de aterrizaje.

Activation

La activación es la fase en la que el cliente usa inicialmente de manera significativa nuestro producto. Dependiendo de la naturaleza de dicho producto la activación podrá tomar múltiples formas: crear una primera campaña, generar un primer informe, hacer una primera transacción…

Si consideramos que un criterio para estar en nuestra fase anterior, Adquisición, es registrarse en nuestro producto (versión de prueba o freemium) podemos preguntarnos si Adquisición (registro) y Activación (uso) no son prácticamente simultáneos y la relación entre ellos no es de 1:1 (después de todo, si alguien se registra en un producto es esencialmente para usarlo). Sin embargo, nos sorprendería descubrir cuánta gente se registra en un producto del que no llega a hacer el más mínimo uso.

Métricas a considerar: registrados que hacen un primer uso significativo del producto (gratis o prueba).

Canales y tácticas a utilizar: onboarding, tutoriales, documentación y formación, características y funcionalidad del producto.

Retention

La Retención implica que los usuarios utilizan el producto regularmente, es decir, que el producto es “pegajoso”. Es una métrica importante tanto en la fase de uso gratuito (si el cliente no lo usa es difícil que llegue a pagar por él) como en la fase de pago (el no uso lleva al abandono, con la consiguiente pérdida de ingresos). Puede parecer una perogrullada, pero si no usan el servicio no son usuarios de verdad.

La frecuencia ideal de uso depende de la naturaleza del producto: una red social puede buscar que sus usuarios la utilicen diariamente, un producto para la preparación de la declaración de impuestos basta con que se use en contadas ocasiones a lo largo del año.

Métricas a considerar: ratio de activados que usa frecuentemente el producto, volumen de uso por usuario y día o semana, CLTV, churn.

Canales y tácticas a utilizar: marketing a lo largo del ciclo de vida del cliente,  customer success, tutoriales, documentación y formación, características y funcionalidad del producto.

Referral

Las métricas de Referencia miden cuántos nuevos usuarios entran en nuestro funnel como consecuencia de la recomendación de nuestros usuarios actuales. La recomendación es el canal de marketing más fiable para los clientes y más rentable para los proveedores. Todos los estudios muestran una gran propensión de los potenciales clientes a actuar como respuesta a la recomendación, tanto en persona como en medios sociales.

Que nuestros usuarios nos recomienden implica que no solo les gusta nuestro producto, sino que piensan que sus amigos y contactos podrían beneficiarse también de ese valor. Pero esa no es la única manera. La referencia se puede estimular incorporando al producto características de compartición y comunicación entre usuarios o mediante incentivos explícitos (ej.: programas member-get-member).

Métricas a considerar: Net Promoter Score, referencias, coeficiente de viralidad, recomendaciones sociales.

Canales y tácticas a utilizar: características y funcionalidad del producto, marketing basado en referencias.

Revenue

La fase de Ingresos es la más primordial de todas: es cuando nuestro contacto realiza el primer pago a cambio de nuestro producto. Si hay alguna métrica que merece escapar al calificativo “de vanidad” es esta. Después de todo, los ingresos son la razón por la que optimizamos nuestro funnel.

Pero aunque hayamos llegado hasta aquí no quiere decir que nuestro trabajo esté todo hecho. Es mucho más barato llevar a un cliente actual a repetir su compra que conseguir uno totalmente nuevo.

Métricas a considerar: ingresos, conversión Gratis (o Prueba) – Pago.

Canales y tácticas a utilizar: características, funcionalidad y precio del producto, optimización del flujo de compra.

El problema con las vanity metrics

Todos tenemos afición a las métricas que “nos hacen sentir bien”: variables que siempre aumentan, gráficos que evolucionan “hacia arriba y hacia la derecha”… pero que tienen poca relación con el éxito de nuestro negocio y no nos ayudan a cambiar nuestra manera de hacer las cosas. Solemos llamarlas “métricas de vanidad” frente a las más decisivas “métricas de claridad” o “accionables”.

Consideremos, por ejemplo, el “número total de registrados” como métrica de Adquisición. Es una métrica de vanidad porque solo aumenta con el tiempo, es mucho más útil considerar el “número de registrados por período de tiempo” que nos permitirá comparar diferentes enfoques y campañas. Y, desde luego, complementarla con métricas posteriores en el funnel, de Activación y Retención, que nos den la medida de involucración con el producto, tales como “número total de usuarios activos” (todavía de vanidad) o, mucho mejor, el “porcentaje de usuarios activos”. Esta métrica sí nos permitiría saber si estamos haciendo las cosas mejor desde el punto de vista de involucración con el producto.

En general, usar números totales es una mala manera de medir el progreso y especialmente el crecimiento (aunque probablemente sean esos números los que usemos en público para atraer la atención). Los números totales siempre crecen, por lo que es difícil detectar nada excepto los grandes cambios.

Cada vez que consideremos una métrica  tenemos que preguntarnos “¿Qué debería hacer de manera diferente a la vista de esta información?” Si no podemos responder a la pregunta probablemente la métrica es de vanidad y no deberíamos preocuparnos demasiado por ella. Deberíamos concentrarnos en métricas accionables, que cambien nuestro comportamiento ayudándonos a elegir un curso de acción.

Poniéndolo en práctica

Ahora ya solo nos queda definir nuestro propio  dashboard analítico. Y para ello puede ser útil partir de alguna plantilla predefinida, como las que se pueden descargar en este artículo clásico de David Skok o de éste de Christoph Janz.

No os quepa duda de que analizar sistemáticamente el funnel y actuar en consecuencia va a ser clave para el éxito de vuestro negocio SaaS.

¡Que os sea útil!

El post “Analítica del funnel en negocios SaaS (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Los negocios SaaS son muy diferentes a los de software tradicional y las métricas que se utilizan en estos últimos no son suficientes para guiar la rentabilidad de un producto SaaS. En este post presentamos aspectos como las métricas de abandono o el análisis de cohortes, que son clave en estos negocios.

Los productos SaaS (Software-as-a-Service) tienen unas características que hacen que la monitorización y análisis continuos de su funnel comercial sea imprescindible para su éxito. Hace tiempo describimos el funnel como el “sistema de inventario” de nuestro proceso de “fabricación de clientes”. En este y el siguiente post describimos como medirlo y analizarlo en el caso particular de productos SaaS.

¿Por qué es necesario analizar el funnel?

Decía Lord Kelvin que “lo que no se puede medir no se puede mejorar”. Unas buenas métricas son primordiales para saber si lo estamos haciendo bien o mal y entender el efecto de nuestras acciones de marketing:SaaS

  • ¿Gano dinero con mis clientes? ¿En cuáles si y en cuáles no? ¿Qué segmentos/clientes son los más rentables y cuáles son los menos?
  • ¿Qué aspecto tiene nuestro funnel? ¿Cómo son los ratios de conversión en sus diferentes fases, y cómo evolucionan? ¿Cómo puedo predecir su rendimiento (producción de clientes)?
  • ¿Consigo captar suficientes nuevos leads? ¿Cuántos se registran en mi producto? ¿Cuántos lo usan de manera recurrente? ¿Cuántos se convierten en clientes de pago? ¿Cuántos me recomiendan y traen nuevos leads?
  • ¿Cómo medimos el efecto de un esfuerzo particular, sea en marketing o en mejora de producto?
  • Si tuviéramos un presupuesto adicional ¿en qué actividades sería óptimo invertirlo?

Muchas de las ideas de este post aparecen en este clásico de David Skok.

Las características de un producto SaaS

SaaS y en general los negocios basados en suscripciones tienen un cash-flow muy malo. Como todo negocio basado en producto estándar deben acometer grandes inversiones al principio, durante la fase de desarrollo de producto, antes de poder empezar a venderlo. Pero después, en la fase de comercialización, en el caso de SaaS los problemas se agravan mucho más debido a que

  • Los ingresos se producen en forma de cuotas (mensuales o anuales) a lo largo de la vida del cliente, en lugar de mediante un gran pago único al principio como ocurre típicamente, por ejemplo, con la venta de productos físicos o la de licencias perpetuas.
  • En muchos casos los clientes nos pueden abandonar al cabo de unos pocos meses, con la consiguiente interrupción de los pagos.

Este desfavorable perfil de ingresos hace que sea mucho más difícil compensar los costes de adquisición de cada cliente y que la gestión del abandono de los clientes sea unos de los aspectos clave del éxito de estos negocios. Podría decirse que en un producto SaaS hay dos tipos de “venta”:

  1. Una inicial, con la adquisición y la primera suscripción del cliente.
  2. Otra continua, período a período, con las sucesivas renovaciones del cliente.

¿Qué deberíamos medir?

Desde el punto de vista de la analítica, un negocio SaaS es muy diferente, por ejemplo, de un medio de comunicación online. Debemos buscar métricas que tengan una relación directa y un impacto en el negocio (ej.: suscripciones, prueba del producto) y dejar en un segundo plano medidas cuyo impacto es discutible en este entorno (ej.: visitas al sitio web).

Con esta óptica las principales áreas de medida son:

Economías unitarias

Tratan de responder a la pregunta ¿puedo ingresar más dinero de mis clientes de lo que me  cuesta ganarlos? Para ello necesitamos dos métricas:

  • CLTV (Customer Lifetime Value): valor que nos aporta un cliente a lo largo de toda su vida. Su cálculo suele implicar el descuento de las entradas y salidas de caja desde que un cliente empieza a serlo hasta que termina abandonándonos. Podemos calcular el CLTV por cliente o segmentarlo por tipo o tamaño de cliente, sector de actividad, etc.
  • CAC (Customer Acquisition Cost): coste de adquisición de un cliente entendida como la situación en que éste empieza a pagar por nuestros servicios (lo que en el modelo de Métricas para Piratas se conoce como fase de Revenue). Una manera sencilla de calcular el CAC medio es dividiendo el gasto total en marketing y ventas entre el número de clientes ganados en un período. Sin embargo, es más útil poder segmentar el cálculo según tipo de cliente o canal de marketing.

A la hora de analizar si un negocio es financieramente viable se suelen aplicar un par de heurísticos basados en estas métricas:

  • Para predecir la rentabilidad a largo plazo se suele calcular el ratio CLTV/CAC. Si este ratio es superior a 3 se suele concluir que el negocio es rentable a largo plazo.
  • Para analizar el tiempo que tiene que transcurrir hasta que el negocio es rentable se suele calcular el plazo necesario para recuperar el CAC. Si este plazo es inferior a 12 meses se suele considerar que el negocio tienen un buen payback.

CLTV-CAC

Las economías unitarias son útiles para tomar decisiones como ¿deberíamos “pisar el acelerador” del negocio ya o esperar? o ¿en qué canales de marketing o segmentos de clientes deberíamos enfocarnos? Ciertamente, si tenemos un mal ratio CLTV/CAC en general, deberíamos invertir esfuerzo en mejorarlo y optimizar el negocio antes de intentar escalarlo. Análogamente, si el ratio es bueno en algunos segmentos o canales de marketing deberíamos concentrarnos en ellos para aumentar la rentabilidad.

Abandono (churn)

El abandono o churn es una de las métricas clave en negocios SaaS. Un abandono alto tiene efectos devastadores sobre la rentabilidad de negocio ya que impide que las cuotas mensuales (o anuales) compensen los costes de adquisición de los clientes. Y si el abandono es alto vamos a perder más dinero cuanto más esfuerzo invirtamos en vender.

Un negocio SaaS saludable debería experimentar una tendencia creciente en su Aumento Neto de MRR (Monthly Recurring Revenue), que podemos calcular como la suma de tres factores:

+ MRR Nuevo, debido a nuevos clientes

+ MRR Expandido, debido a clientes existentes que aumentan su suscripción

– MRR Perdido por Abandono, debido a clientes existentes que cancelan o rebajan su suscripción

El abandono puede ser un factor de mucho peso que nos haga perder MRR mes a mes. Esta métrica se evalúa tanto en número de clientes que nos dejan como en ingresos que se reducen. De este modo podemos detectar situaciones en las que perdemos pocos clientes en número, pero son los que más ingresos aportaban.

El abandono se suele evaluar periódicamente y expresarse como un porcentaje de reducción (en número o dinero) respecto a la situación al inicio del periodo. El churn es sin duda el problema prioritario que tenemos que resolver en SaaS: de no ser así estaríamos esforzándonos en “llenar un cubo con agujeros”.

Cohortes

Las cohortes no son una métrica, sino una manera de distribuir nuestros datos para hacer que las métricas sean más accionables. En lugar de mirar a todos los usuarios como una unidad, los repartimos en grupos relacionados a efectos de su análisis. Estos grupos -o cohortes- habitualmente comparten un conjunto de características o experiencias comunes en un rango temporal definido. Típicamente, en el mundo SaaS una cohorte está formada por los usuarios que se registraron en un cierto periodo: así, por ejemplo, tenemos la cohorte de los registrados en enero, la cohorte de febrero, etc. De este modo se consigue una cierta homogeneidad en el análisis y descubrir patrones a lo largo del ciclo de vida de los usuarios.

Las cohortes se aplican mucho al análisis de churn y nos permiten, por ejemplo, comprobar si el abandono durante el primer mes va mejorando cohorte a cohorte o si el churn para una cohorte se estabiliza pasados unos meses.

Si estáis interesados en realizar análisis de cohortes podáis aplicar algunas de las múltiples plantillas disponibles, por ejemplo, esta de Christoph Janz o esta otra que nos propone François Derbaix.

En el próximo post hablaremos de las “métricas para piratas” aplicadas a productos SaaS.

El post “Analítica del funnel en negocios SaaS (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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No conformarse con reaccionar al viaje del cliente, sino modelarlo activamente se está revelando como una nueva forma de competir. La ventaja competitiva de las empresas dependerá de su capacidad para crear y gestionar estos viajes.

En la primera parte de este post hablamos de cómo las marcas están contraatacando ante el nuevo equilibrio de poder a favor de los compradores y están intentando crear activamente unos nuevos viajes de cliente más atractivos y persuasivos, que creen valor tanto para el proveedor como para el comprador y propulse a éste a un camino de fidelidad acelerada.

Viaje del comprador

En esta segunda parte, basada también en “Competing on Customer Journeys” de David C. Edelman y Marc Singer, vamos a ver cómo conseguirlo.

Capacidades clave

La capacidad de una empresa para entregar viajes más valiosos se cifra en cuatro capacidades diferentes pero interconectadas, cada una de las cuales hace que los viajes sean más capaces de atraer y capturar permanentemente a los clientes:

  • Automatización. Implica la digitalización y simplificación de pasos del viaje que antes se hacían manualmente. Al permitir a los consumidores ejecutar de una manera rápida y fácil lo que antes eran complejos procesos de su camino, la automatización crea los cimientos esenciales de unos viajes que enganchen a los compradores. Si bien la automatización es una tarea muy técnica su foco está en habilitar unas experiencias cada vez más sencillas, útiles e involucradoras.
  • Personalización proactiva. Usa información sobre un cliente —bien basada en interacciones pasadas o recopilada de fuentes externas— para personalizar instantáneamente la experiencia. Recordar las preferencias del cliente constituye un ejemplo básico de esta capacidad, que se extiende a la personalización y la optimización de los siguientes pasos en el viaje del cliente.
  • Interacción contextual. Usa el conocimiento sobre en qué parte del viaje está un cliente para llevarle hasta el siguiente conjunto de interacciones.
  • Innovación del viaje. Extiende la interacción a nuevas fuentes de valor, tales como nuevos servicios, tanto para el cliente como para la marca. Las empresas hacen minería de sus datos e insights sobre un cliente para descubrir qué servicio adyacente podría apreciar. Las mejores empresas diseñan viajes realizando pruebas que habilitan un prototipado continuo de servicios y características.

Por ejemplo la aplicación móvil de Delta Airlines se ha convertido en una herramienta de gestión del viaje para casi cualquier aspecto del vuelo, desde la reserva y el embarque hasta la navegación por las opciones de entretenimiento durante el trayecto y la petición de un coche de Uber tras el aterrizaje.

Pero si bien estas capacidades están basadas en sofisticadas tecnologías de la información también dependen de un pensamiento creativo y de nuevos enfoques de gestión.

El nacimiento del Jefe del Viaje del Cliente

La capacidad tecnológica es necesaria pero no suficiente para diseñar viajes competitivos y en mejora continua, las empresas también necesitan nuevas estructuras organizativas y tipos de gestión. Activar los viajes de los clientes para capturar valor requiere tratar a los viajes como productos que deben ser gestionados activamente, medidos y cultivados. La capacidad de las empresas para hacerlo dictará su éxito en hacer de los viajes de los clientes una ventaja competitiva.

En las empresas más centradas en esta actividad suele existir la figura de un Chief Experience Officer (en ocasiones este rol lo desempeña el Chef Digital Officer) que supervisa todas las interacciones de la empresa con sus clientes. Reportando a este ejecutivo se encuentra uno o varios encargados de la estrategia de experiencias, que deciden en qué viajes y segmentos de clientes enfocarse, priorizan viajes actuales para su desarrollo e identifican oportunidades para nuevos viajes.

En el centro de la acción para un viaje dado está un nuevo tipo de líder, el Journey Product Manager que es el último responsable de su rendimiento de negocio, gestionándolo como lo haría con cualquier producto. Y al igual que otros product managers son juzgados de acuerdo a cómo cumplen un conjunto de medidas específicas del producto, incluyendo el ROI del viaje. Para construir viajes con éxito, estos managers se basan en equipos multidisciplinares que incorporan especialistas de TI, analítica, operaciones, marketing y otras funciones que, con un enfoque ágil, van probando e iterando las mejoras.

En resumen, las empresas necesitan tratar los viajes como productos, construidos y sustentados por un equipo interfuncional dirigido por un jefe que es responsable del rendimiento para el negocio de cada viaje. Hoy, las marcas ganadoras deben su éxito no sólo a la calidad y valor de lo que venden sino a la superioridad de los viajes que crean.

En este artículo hablamos de algunos errorres que las empresas cometen al definir el viaje de sus clientes.

El post “Compitiendo en el viaje del cliente (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Durante los últimos años el nuevo equilibrio de información y poder ha beneficiado a los compradores, pero las marcas están contraatacando. Aplicando nuevas tecnologías y modelos de gestión están consiguiendo modelar proactivamente los viajes del comprador, haciéndolos más atractivos, persuasivos y valiosos.

Desde los medios sociales a los dispositivos móviles, las tecnologías digitales han puesto el poder en manos del comprador, permitiéndole buscar y comparar productos fácilmente, realizar pedidos y hacer oír su voz. El desplazamiento del equilibrio de información y poder a favor de los consumidores ha sido evidente durante años.

Tanto es así que los modelos de marketing que postulaban un camino de compra lineal fueron sustituidos por otros “viajes” no lineales y con bucles de realimentación, como por ejemplo, el Consumer Decision Journey de McKinsey. En este viaje los compradores usan la tecnología para evaluar productos y servicios más activamente, añadiendo y eliminando opciones a lo largo del tiempo y evalúan los productos después de la compra, en un ciclo de realimentación que presiona a los productos para que cumplan su promesa de valor y a las marcas para que proporcionen una experiencia superior. Y en este contexto los proveedores han sido en gran medida reactivos, tratando de anticipar los siguientes movimientos de los compradores y peleando por posicionarse en el camino de estos en su viaje desde la consideración a la compra.

Del viaje de decisión del cliente al viaje de fidelidad acelerada

Pero las marcas están contraatacando. En los últimos años las empresas han estado ganando terreno, invirtiendo en nuevas tecnologías y capacidades en una apuesta para recuperar su relevancia ante los compradores y ejercer una mayor influencia sobre cómo estos toman decisiones de compra. Según David C. Edelman y Marc Singer, de McKinsey, en “Competing on Customer Journeys”, se está produciendo un cambio en la estrategia, que pasa de ser esencialmente reactiva a agresivamente proactiva.

Un enfoque proactivo para dar forma a los viajes del cliente

Las empresas están aplicando nuevas tecnologías, procesos y estructuras organizativas para guiar proactivamente -más que seguir- a los clientes en sus viajes digitales, diseñando y refinando unas rutas que atraigan a los compradores y los mantengan, creando unas experiencias personalizadas tan ajustadas que una vez que los consumidores entran en el camino están irresistible y permanentemente involucrados. Por ejemplo, algunas start-ups del sector financiero tardan tan sólo siete minutos en aprobar un préstamo a un pequeño negocio, 5.000 veces más rápido que el típico banco.

Al contrario que con algunas estrategias coercitivas para enganchar a los clientes, los nuevos viajes tienen éxito porque crean nuevo valor para los clientes: estos se quedan porque obtienen beneficios del propio viaje. Haciendo del viaje una experiencia persuasiva, personalizada y abierta las empresas pueden seducir a los clientes, ganar su fidelidad y obtener una ventaja competitiva.

Las marcas hoy no sólo pueden reaccionar a los clientes mientras toman decisiones de compra sino que pueden activamente dar forma a esos viajes de decisión. Un conjunto de tecnologías está apoyando ese cambio, permitiendo a las empresas diseñar y optimizar continuamente esos viajes. Y lo que aún es más importante las empresas pueden usar hoy los viajes para entregar más valor al cliente y a la marca. Las empresas que hacen esto bien pueden comprimir radicalmente las fases de consideración y evaluación –y en algunos casos incluso eliminarlas– durante el proceso de compra y catapultar a un consumidor directamente a la fase de fidelidad de la relación. Como vemos en la imagen de McKinsey el Consumer Decision Journey está cambiando otra vez, en esta ocasión hacia un viaje de fidelidad acelerada.

Los estudios muestran que las mejores empresas entienden en profundidad el viaje completo de sus clientes y tienen mejores procesos para capturar insights sobre sus clientes e incorporarlos a sus programas de marketing para aumentar su rendimiento. El propio viaje se está convirtiendo en la fuente definitiva de ventaja competitiva.

En la segunda parte de este post analizaremos las capacidades clave y los nuevos enfoques de gestión que son necesarios para tener éxito en esta estrategia.

El post “Compitiendo en el viaje del cliente (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Un proceso de fabricación de clientes debe tener en cuenta al comprador y su viaje de compra, eliminar obstáculos en él y dar al cliente razones para avanzar en su proceso.

En los últimos posts venimos hablando de la necesidad de que las empresas integren y optimicen sus actividades der Marketing y Ventas en un proceso unificado de generación de ingresos y de que dicho proceso se podría asimilar al de fabricación de un producto muy particular: nuestros clientes. En esta era de clientes cada vez más informados, conectados y autónomos, el objetivo del proceso debería crear las condiciones para que el comprador entre en contacto y reaccione favorablemente hacia nuestra oferta.

Desarrollar tu propio proceso de fabricación de clientes significa crear las tareas, flujos y actividades necesarias para llevar a un lead a través de un circuito optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir esas operaciones cientos o miles de veces de manera eficiente, fiable y escalable.

Proceso de fabricación de clientes

Muchos confunden el diseño de un proceso de generación de ingresos con la descripción del funnel o con la enumeración de una serie de tácticas, formatos de contenidos, medios y canales. Nosotros vamos a intentar dar un paso más allá, entendiendo que no nos proponemos diseñar un proceso concreto de fabricación de clientes (que obviamente es dependiente del tipo de producto, mercado, etc. de que se trate) sino a dar unas líneas generales sobre cómo llegar a definir e implantar ese proceso.

Para definir nuestro proceso comercial tenemos que dibujar el proceso de compra de nuestro cliente (organización) y los “viajes” típicos de nuestros compradores y modelar un engagement óptimo con cada uno. Y debemos enfocar nuestros esfuerzos en aquellas tareas que tengan un impacto máximo en el movimiento de un cliente potencial hacia un evento de generación de ingresos.

Etapas en el diseño de tu «fábrica de clientes»

Vamos a esbozar los pasos para diseñar un proceso de generación de ingresos en productos de compra compleja. Por descontado, todos estos pasos son específicos de cada producto/mercado particular y deberán basarse en un conocimiento de primera mano de nuestros clientes y en una validación en el mercado real. Los pasos son:

1. Entender la empresa/organización cliente

¿Cuál es el perfil de tu organización cliente ideal? ¿Cuáles son las etapas en su ciclo de vida como cliente? ¿Tu producto pertenece a una categoría conocida y adoptada y se puede identificar un proceso de compra típico? ¿O, por el contrario, tenemos que -o nos conviene- cambiar el proceso de compra o crear uno nuevo? (Por ejemplo, pensemos cómo han cambiado los procesos de compra de software corporativo con la llegada del Software-as-a-Service.) ¿Cuáles son, a nivel macroscópico, las fases de ese proceso de compra?

2. Modelar los compradores y otros involucrados

No olvidemos que aunque nuestro cliente sea una organización nuestros compradores son individuos. En ese proceso de compra ¿qué perfiles/roles  de comprador intervienen? ¿Cómo y cuándo se involucran/influyen?

Es imprescindible modelar personas de comprador (arquetipos) que incluyan aspectos como: sus objetivos, retos y métricas de éxito, sus problemas/necesidades a cubrir, sus actitudes y creencias sobre las posibles soluciones a su problema, sus comportamientos de compra, fuentes de información y criterios de selección.

Un aspecto primordial en el conocimiento y modelado de cada persona es su “viaje del comprador”. ¿Qué etapas atraviesa? ¿Cómo participa en el proceso de compra? ¿Qué experiencias de compra espera? ¿Qué puntos de contacto tiene con nosotros? ¿Qué puede actual como freno y acelerador en cada momento? ¿Qué interacciones deberíamos tener con los compradores, tanto en cuanto a información como en relación?  Ya tratamos este tema en la serie de posts sobre “¿Cuál es tu verdadero problema de marketing?”

3. Definir etapas, flujos y actividades del proceso comercial

Ésta es la parte más esencial del diseño. Hay que identificar las fases y actividades para transformar un potencial comprador en un cliente satisfecho, p. ej., Atraer, Capturar, Desarrollar y Gestionar la relación, Diseñar y Demostrar la solución, Negociar y Cerrar, Entregar y Servir, Fidelizar y Extender, Referenciar…. (Para los ingenieros lectores de este blog, puede resultar útil modelar el conjunto mediante una representación tipo cadena de resultados o diagrama de estados-transiciones, con sus etapas, actividades y resultados.)

Y dentro de cada fase ¿qué componentes de información y relación/engagement deberíamos aplicar? ¿Qué respuestas deberíamos dar? ¿Qué mensajes deberíamos suministrar? ¿Qué historias deberíamos contar? ¿Cómo introducir en el diálogo elementos de provocación e insights? ¿Cómo estimular la involucración del potencial cliente, su diálogo con nuestra empresa y el avance de su proceso de evaluación y compra? ¿Cómo cultivar la relación con él antes y después de la compra y fidelizarlo?

Resulta primordial decidir qué grado de proximidad y personalización en la interacción es la óptima en cada fase y para cada comprador porque eso influye enormemente en la necesidad de aplicar recursos humanos especializados o tecnologías sofisticadas de automatización y, por lo tanto,  en los costes y la eficiencia del proceso.

4. Seleccionar técnicas y herramientas

¿Qué mix online/offline, inbound/outbound, pagado/propio/ganado es el más indicado? ¿Cuáles son los formatos y canales más adecuados para atraer la atención, conseguir el permiso y continuar el diálogo con los clientes? (Un aspecto importante lo constituye el mapping de contenidos.) ¿Cuáles son la organización y los recursos técnicos y humanos más adecuados para llevarlo a cabo: sistemas de Automatización de Marketing, equipos de inside sales, vendedores sobre el terreno…?

Experimentar, validar y optimizar el proceso de generación de ingresos

Como todos los componentes de nuestro modelo de negocio, el diseño de nuestro proceso comercial no puede hacerse sobre el papel. El objetivo último es descubrir y validar un proceso que podamos replicar y escalar y eso es algo que en última instancia sólo podemos asegurar mediante la experimentación y validación en el mercado en un proceso de iteraciones sucesivas (por ejemplo, aplicando Customer Development).

Y al igual que en los procesos de fabricación de los productos habituales debemos comprometernos con un objetivo de mejora continua. El funnel, tal como explicábamos en otro post, constituye un instrumento imprescindible de control y análisis del proceso de generación de ingresos. Incluso al nivel de iniciativas tácticas y campañas, la experimentación, medida y optimización son imprescindibles. Todos estos son elementos de un Marketing más ágil, tema del que volveremos a hablar por aquí.

El post “Diseña, valida y construye tu fábrica de clientes” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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Muchos directores comerciales se mantienen ocupados con “actos aleatorios de marketing” en lugar de implantar un proceso sistemático de generación de ingresos que los haga ser más productivos. Descubre si ese es tu caso.

Llevamos algún tiempo en este blog hablando de cómo los procesos de Marketing y Ventas están rotos y de por qué las empresas deberían aplicar un cierto “enfoque de operaciones” a su función comercial, integrando las actividades y la organización de generación de ingresos alrededor de un ciclo unificado y midiendo y optimizando todo el proceso.

En más de una ocasión hemos asimilado este proceso integrado de generación de ingresos al proceso de fabricación de un producto muy particular: nuestros clientes. Tal vez sea una metáfora un poco exagerada (e incluso algo desconsiderada) sobre todo en estos tiempos que corren de compradores más informados, autónomos y conectados. ¿Realmente podemos pensar en “procesar” un comprador del siglo XXI, del mismo modo que ensamblamos un automóvil?

Máquina de fabricar clientes

Por eso a veces prefiero usar como metáfora la producción de productos químicos, en los que el proceso de fabricación consiste más bien en “crear las circunstancias” para que se produzca una cierta reacción química entre elementos. Del mismo modo, el proceso comercial debe ayudar a crear las condiciones para que el comprador entre en contacto y reaccione favorablemente hacia nuestra oferta. Y, como todo proceso de fabricación, debe ser eficiente, fiable y escalable, con unas “palancas” claras que, cuando son accionadas, multiplican la velocidad de producción.

Cómo saber si necesitas implantar un proceso de generación de ingresos

Reconozco que convertir la actividad comercial en un proceso puede resultar un empeño antinatural para la típica persona de Marketing/Ventas, más habituada a los aspectos eminentemente creativos y relacionales de esta función. Pero no hay más remedio: la alternativa son esos “actos aleatorios de marketing” (sin estrategia, sin objetivos, sin presupuesto, sin métricas… sin resultados) con los que parecen mantenerse ocupados muchos profesionales, pero que en realidad no les hacen ser más productivos.

Os propongo un pequeño autodiagnóstico. Estos son algunos indicios de que tal vez deberías definir mejor tu proceso de generación de ingresos:

  • Tu planificación de Marketing y Ventas consiste realmente en un presupuesto para gastar en una serie de medios y canales, sin conexión con unos objetivos de negocio
  • Tus actividades de Marketing son un conjunto desconectado de eventos y campañas, principalmente outbound
  • Marketing no consigue generar suficiente número de leads de calidad y los contenidos y materiales que elabora son irrelevantes para ayudar a los clientes a comprar
  • Ventas debe generar sus propios leads y elaborar  contenidos y materiales, incurriendo en enormes costes directos y de oportunidad
  • No sabes en qué grado de madurez se encuentran todos esos leads que figuran en tu base de datos… o ni siquiera dispones de una base de datos de leads
  • Dispones de abundantes plantillas y procesos predefinidos para iniciativas tales como ejecutar una campaña, exhibir en un evento o lanzar un producto, pero careces de un proceso consistente extremo a extremo para llevar un lead desde la generación hasta la compra y más allá.

Si te has encontrado asintiendo en la mayoría de los puntos anteriores te recomiendo que sigas leyendo.

Implantar tu propio proceso de fabricación de clientes significa crear las actividades necesarias para llevar a un lead a través de un circuito optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir esas operaciones cientos o miles de veces de manera eficiente, fiable y escalable.

Estas ideas han pasado al primer plano durante el último año y no faltan gurus, consultores, y fabricantes de herramientas de marketing que prometen explicarnos cómo construir un proceso de generación de ingresos. Pero mi impresión es que, especialmente en productos de compra compleja, se suelen quedar cortos (si tenéis algún ejemplo de lo contrario indicadlo en los comentarios, por favor) y se suelen limitar a hablar de:

  • El funnel comercial (o los funnels de Marketing y Ventas). Pero ya sabemos que el funnel no es un proceso de fabricación de clientes -en el sentido de que no explica cómo transformar activamente los leads en clientes satisfechos- sino más bien el sistema de inventario de ese proceso de fabricación.Y el contar con un funnel ya definido es la causa de que muchas empresas carezcan de un proceso real de generación de ingresos.
  • Una enumeración genérica (sin demasiada justificación) de una serie de tácticas, formatos de contenidos, medios y canales adecuados para cada fase del ciclo de compra de un cliente “típico”… de cualquier producto.

Nosotros vamos a intentar llegar un poco más allá y en el próximo post hablaremos de cómo puedes diseñar, validar y construir tu propia “fábrica de clientes”.

El post “¿Necesitas un proceso para fabricar clientes?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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El funnel no es nuestro proceso de fabricación de clientes, sino el sistema de inventario de ese proceso. Y, bien construido, nos permite prever nuestras actividades de generación de ingresos a medio y largo plazo. Esta es la llave para que el departamento de Marketing pueda demostrar su contribución y deje de ser considerado un centro de gastos difíciles de justificar.

Decíamos en el post anterior que algunas de las voces que anuncian la muerte del funnel comercial asumen erróneamente que el embudo representa el ciclo de vida del cliente / proceso de compra / viaje del comprador o que en sí mismo constituye un proceso de Marketing+Ventas. Pero esa no es la realidad.

El propósito del funnel es entender, medir, controlar y ayudar a optimizar nuestro proceso de generación de ingresos: cuántos potenciales clientes se generan, con qué ratios y a qué velocidad van moviéndose entre las etapas, cuál es el valor de los elementos en cada fase y qué cambios operativos deberíamos hacer para afinar el proceso y eliminar cuellos de botella.

Marketing Sales Funnel

Uno de los cambios que más pueden beneficiar a la actividad comercial es aplicar un cierto «enfoque de operaciones».Si aceptamos que nuestro proceso de generación de ingresos viene a ser como el proceso de fabricación de un “producto” muy particular -nuestros clientes- podemos análogamente asimilar el funnel al sistema de inventario de ese proceso. Aunque, como inventario de un proceso de fabricación, el funnel es un poco particular: además de cuantificar los volúmenes y los costes de los productos en curso trata de medir la transformación entre las fases del proceso y el “valor de mercado” de esos productos. Los elementos que discurren por el proceso son:

  • Materia prima, que en el caso de la “fabricación de clientes” recibe denominaciones como las de visitantes, nombres, suspects, raw leads
  • Producto en curso, que en este entorno suelen llamarse prospects, qualified leads (en varios “grados de acabado”, oportunidades
  • Producto terminado: clientes reales

Personalmente, no me gusta utilizar para el funnel nombres de etapas que reflejan una perspectiva “interna”, basada en nuestra organización y funciones. Etapas con nombres como Marketing Qualified Leads, Sales Accepted Leads, Sales Qualified Leads… no tienen sentido desde el punto de vista del ciclo de vida del cliente y tal vez ni siquiera desde el punto de vista de nuestros propios procesos de Marketing+Ventas. En cierto modo son etapas “artificiales” cuya definición depende de cómo organicemos nuestras actividades y de los criterios que utilicemos en cada momento.

El objetivo del proceso comercial no es generar MQLs (o SQLs), sino potenciales clientes interesados en (o evaluando) nuestro producto… Por eso prefiero definir el funnel mediante etapas que reflejen el ciclo de vida del cliente, p. ej., en el caso de un producto de compra compleja: Interesado, Considerando, Evaluando, Decidiendo, Negociando… Obviamente -aún siendo estas etapas mucho más significativas y “naturales”- el problema de definir criterios de cualificación para los leads que se encuentran en cada etapa y de transición de una etapa a otra dista mucho de ser trivial.

Caracterizando el funnel: volumen, conversión, velocidad, valor

Sea cual sea el faseado del funnel, las características básicas del éste (que habría que controlar mediante las métricas adecuadas) son las siguientes:

  • Volumen: número (de elementos: prospects, leads…) en cada fase. Da idea del “alcance” de nuestras actividades
  • Conversión: ratios medios de transformación entre una fase y otra (o entre una fase y el final del funnel/cierre)
  • Velocidad: período medio en cada fase (o del ciclo completo)
  • Valor: “precio” medio en cada fase. ¿Si el valor medio de una operación cerrada es 100, cuánto vale una oportunidad de venta? ¿Y un lead cualificado? Deberíamos poder definir un modelo para el valor de un lead en función de su ratio hasta cierre, valor medio de cliente y otras variables
  • Coste: coste medio en cada fase, repercutiendo los costes de las actividades realizadas para llegar a dicha fase
  • Origen: atribución a departamento, campaña…

Obviamente para cada uno de estos aspectos hay que definir las métricas adecuadas (accionables, accesibles, auditables… según la terminología al uso) para controlarlos.

Inventariar el volumen, la conversión, la velocidad y el valor del funnel es crucial porque nos permite predecir sus salidas (“producción”) a medio y largo plazo. De este modo no estamos limitados -a la hora de hacer previsiones- al típico forecast de ventas a tres meses vista. Aparte de tener una mayor visibilidad y control sobre el negocio global, esta posibilidad permite el departamento de Marketing cuantificar y demostrar su contribución desde el primer momento delante de la alta dirección. Con unas buenas estimaciones, fiables mes a mes, Marketing puede dejar de ser considerado un centro de gasto para pasar a convertirse en una imprescindible inversión en el crecimiento de la empresa.

Finalmente, aunque en el futuro el cambio en los procesos de compra y comercialización nos obligue a ir optando por funnels menos lineales, siempre persistirá la necesidad de una herramienta para entender y contabilizar el proceso, que nos ayude a optimizarlo y a predecir su producción a corto y largo plazo.

En próximos posts hablaremos de si en tu caso necesitas un proceso de fabricación de clientes y de cómo diseñarlo, validarlo y construirlo.

El post “El funnel es el sistema de inventario de tu proceso de fabricación de clientes” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Últimamente hay muchos que defienden que el funnel lineal ya no es útil en esta época de clientes más sociales y autónomos. Pero algunas de esas críticas se basan en el concepto erróneo de equiparar el funnel con el ciclo de vida del cliente / viaje del comprador o con el propio proceso de Marketing+Ventas.

Uno de los temas más actuales en el campo de la gestión comercial (y en este blog) gira alrededor de la necesidad de optimizar el ciclo de generación de ingresos y de proporcionar a los clientes unas experiencias de compra satisfactorias y consistentes, con el consiguiente imperativo de implementar un proceso comercial integrado y de unificar funnels de Marketing+Ventas.

Funnel muerto

En este contexto, se han alzado opiniones que defienden que la propia idea de un “embudo” lineal ha quedado obsoleta y que el funnel comercial ha muerto. El argumento es que un funnel lineal no puede representar ese camino lleno de ciclos y desviaciones, puntos de entrada y salida alternativos e influencias externas que un comprador recorre en esta época social. Probablemente la representación más gráfica de esta nueva situación es la que se presenta en este post Lori Wizdo, de Forrester  (y que apareció inicialmente en el informe de 2007 “Marketing’s New Key Metric: Engagement”). Posteriormente, tanto McKinsey con su Consumer Decision Journey como Google con su Zero Moment Of Truth han hecho aportaciones interesantes. Y estas críticas tienen su parte de razón: la web y los medios sociales han empujado la asimetría informativa hacia el lado de los compradores y estos ya no siguen el camino marcado por el proveedor, sino que son más autónomos y tienen el control del proceso.

Otro argumento que frecuentemente se utiliza en descrédito del funnel es que sustenta una teoría de la generación de ingresos como “juego de grandes números” y que es “pasivo”, en el sentido de que no se representan las fuerzas que tratan de convertir esos inquiries, suspects, etc. en oportunidades y clientes.

Y, ciertamente, cualquiera que contemple un funnel sin saber lo que representa pensará equivocadamente que el proceso de generación de ingresos consiste en “dejar deslizarse” a cientos o miles de supuestos leads a través de un camino de desgaste en serie hasta que al final del embudo emerge una operación cerrada. Pero si algo sabemos los que trabajamos en esto es que en el funnel no hay una fuerza de gravedad natural que empuja los leads hacia el fondo del embudo… sino más bien una fuerza  centrífuga que los lleva a alejarse de él.

Realmente, aunque estas críticas tienen parte de razón (y además, los titulares sobre la muerte del funnel llaman la atención) parten de una premisa equivocada: ni el funnel está pensado para representar el ciclo de vida del cliente ni constituye un proceso comercial integrado. Vamos por partes.

El funnel NO representa el ciclo de vida del cliente / proceso de compra / viaje del comprador…

En productos de compra compleja/organizacional es frecuente hablar de aspectos como el ciclo de vida del cliente, su proceso de compra y el “viaje del comprador “. Y aún tratándose de artefactos fundamentalmente diferentes (otro día lo explicaremos) esencialmente todos  ellos nos ayudan a entender cómo compran nuestros clientes, cómo intervienen en esos procesos los diferentes actores involucrados y cuál es la evolución en el tiempo de la relación de un cliente con su proveedor.

Sin duda, el ciclo de vida del cliente / viaje del comprador es ahora menos lineal y más autónomo respecto del proveedor (y en muchos momentos resulta, incluso, invisible para él). Pero el funnel no entra ahí: tal como algunos resaltan últimamente, ni baja al detalle de cada lead/oportunidad particular ni mucho menos refleja el viaje de cada comprador individual.

Los modelos/mapas de ciclo de vida del cliente, viaje del comprador, etc. son imprescindibles para entender qué información necesitan los clientes para avanzar en su proceso de compra, los contenidos que nuestra empresa debe ofrecer y las experiencias que debe proporcionar en cada punto de contacto: en definitiva, para a partir de ellos definir un proceso comercial integrado. Como veremos más tarde, la utilidad del funnel es otra.

… pero el funnel tampoco constituye un PROCESO de generación de ingresos

El funnel es una fotografía macroscópica (agregada) del resultado de nuestras iniciativas de Marketing y Ventas. Pero no representa una visión “activa” (del tipo  “¿cómo se actúa sobre los leads para convertirlos?”) ni microscópica por lead. Y es que un funnel no es un proceso de generación de ingresos.

Como dice la propia Lori Wizdo en «Pinpoint The Actions And Outcomes That Elevate Leads To Revenue», un proceso de generación de ingresos comprende las actividades y competencias necesarias para llevar a un lead a través de un proceso optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir ese proceso cientos o miles de veces. A mí me gusta ver el proceso de generación de ingresos como el “proceso de fabricación” de un “producto” muy particular: nuestros clientes.

Y lamentablemente, muchas empresas se creen que por definir un funnel ya tienen un proceso activo de Marketing y Ventas  y no van más allá en la definición de sus actividades comerciales. El funnel es la causa de que muchas empresas carezcan de un proceso explícito y deliberado de generación de ingresos. Pero, por mucho que el viaje del comprador sea cada vez más disperso y autónomo, como proveedores no podemos renunciar a definir y crear la mejor cadena de eventos para que ese viaje culmine en una decisión favorable a nuestra propuesta.

Finalmente, si estamos de acuerdo en que el funnel no es ni el ciclo de vida de nuestro cliente ni nuestro proceso de generación de ingresos nos queda por ver qué es realmente y para qué sirve el embudo. Lo veremos en el próximo post, pero mientras tanto, pensad en esta analogía: si nuestro proceso de generación de ingresos debe ser nuestro proceso de fabricación de clientes, entonces ¿qué debería ser el funnel?.

El post “El funnel ha muerto… ¿o no?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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El Revenue Performance Management es una estrategia que persigue conseguir un crecimiento predecible de los ingresos, integrando las actividades y la organización comercial alrededor de un ciclo unificado y midiendo y optimizando todo el proceso.

En un post anterior hablamos de cómo la descoordinación entre Marketing y Ventas es fuente de ineficiencias y los intentos de “alinear” los dos departamentos no son suficiente. Al final, seguimos con organizaciones y prácticas que son reliquias del pasado (en el peor de los casos datan de hace varios siglos y, en el mejor, de la época previa a la Web Social) y mientras tanto nuestros clientes y las tecnologías en nuestras manos han experimentado una revolución.

Marketing integrado con Ventas

En el caso de productos de compra compleja estos cambios están muy ligados a la evolución de Internet:

  • El nuevo Cliente 2.0 está al mando. Hoy día, la mayoría de las compras comienzan con una búsqueda online o una conversación en medios sociales. Con proliferación de contenidos  disponibles en la web los compradores pueden realizar solos la mayor parte de la investigación y evaluación de productos. Las tornas han cambiado y ahora la asimetría informativa favorece a los clientes: cada vez más, en el momento en que entablan el diálogo con un suministrador ya han tomado su decisión.
  • Las actividades de generación de ingresos son más medibles. Las nuevas tácticas y canales digitales de relación con el mercado y las tecnologías de automatización y analíticas hacen posible medir y evaluar las diferentes iniciativas comerciales. Hoy día, las empresas que implementen la infraestructura adecuada (analítica web, scoring de leads…) pueden medir el impacto de todos sus esfuerzos comerciales sobre los ingresos inmediatos y futuros.

Revenue Performance Management

La solución está en integrar Marketing y Ventas (y otras organizaciones implicadas) en un proceso unificado con el objetivo común de la generación de ingresos. El Revenue Performance Management (RPM, también conocido como Lead-to-Revenue Management, L2RM) se ha definido como una estrategia que optimiza las interacciones con los compradores a través de todo el ciclo de ingresos para producir un crecimiento predecible de los ingresos.

Éstas son algunas características de las empresas que implantan el RPM:

  • Eliminan los tradicionales silos organizacionales internos. No definen su organización y sus procesos comerciales en función de criterios egocéntricos o de “cómo se han hecho las cosas siempre”.
  • No hay un funnel de ventas que exista separadamente de un funnel de marketing: todo es parte de un único Ciclo de Ingresos y -dependiendo del proceso de compra del cliente- es posible que tanto Marketing como Ventas tengan que intervenir en todas las fases del ciclo.
  • Crean ofertas que sean fáciles de comprar y adaptan sus procesos comerciales a los clientes, con el objetivo último de ayudarles a comprar. En productos innovadores eso significa en ocasiones contribuir a crear un proceso de compra en los clientes o “enseñarles” a comprar, pero no tratar de imponerles un proceso externo y artificial.
  • Para ello, desarrollan una profunda comprensión de sus clientes, sus perfiles, motivaciones y comportamientos.
  • Implementan un proceso integrado de generación de ingresos optimizado para facilitar a cada potencial cliente el “viaje” hasta el final de su proceso de compra, eliminando bloqueos y acelerando el tránsito mediante el suministro de la información y la interacción más adecuadas en cada momento.
  • Son capaces de medir y gestionar cada fase de su ciclo de generación de ingresos: eso incluye el potencial de ingresos de los clientes a través de cada etapa del ciclo.
  • Como consecuencia, conocen con precisión cómo los cambios en sus actividades comerciales influyen en sus ingresos y llegan a ser capaces de prever su generación de ingresos a medio y largo plazo.
  • Fomentan el feedback y la optimización del proceso.

De este modo el Revenue Performance Management nos permite construir una “máquina” de generar ingresos mucho más fiable y escalable.

Aunque el RPM suele estar sustentado por una infraestructura tecnológica (típicamente, sistemas de Marketing Automation y similares) no es una tecnología, sino una estrategia de negocio enfocada en un ciclo unificado de generación de ingresos y en la organización y procesos más adecuados para conseguirla.

En un próximo post trataremos de responder a una pregunta importante: ¿sirve para algo el funnel comercial?.

El post «Construye tu máquina de generar ingresos» se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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La descoordinación entre Marketing y Ventas es fuente de ineficiencias. Y los intentos de “alinear” los dos departamentos no son suficiente. La solución está en integrar ambas organizaciones en un proceso unificado con el objetivo común de generar ingresos.

En empresas con productos de compra compleja es habitual que Marketing y Ventas constituyan departamentos separados, incluso cada uno con su propio director que reporta directamente al CEO. Esta división proviene de una época en la que los suministradores eran prácticamente la única fuente de información sobre soluciones / productos y aspiraban a ejercer el control sobre el proceso de compra. Sobre el papel, Marketing construye preferencia y genera demanda en el mercado y Ventas desarrolla relaciones con los potenciales clientes y cierra las operaciones.

Marketing vs Sales

Sin embargo, la difícil coordinación entre los dos departamentos se ha traducido en una serie de consecuencias no deseadas:

  • Existe un funnel de Marketing y otro de Ventas, independientes y conectados por un traspaso de leads de uno a otro departamento.
  • Cada departamento tiene sus propios objetivos y métricas. Esta dicotomía ha favorecido a Ventas -que proporciona los resultados más tangibles- en detrimento de Marketing -que típicamente es visto como un centro de costes difícil de controlar y cuya aportación es discutible.
  • La falta de coordinación produce fricciones: Ventas se queja de la baja calidad de los leads que Marketing les proporciona y Marketing critica que Ventas no persigue sus leads adecuadamente. Los leads generados por Marketing son minoría en el pipeline de Ventas y este departamento debe realizar su propia generación de demanda, utilizando para ello contenidos que no son los que produce Marketing.
  • En conjunto la gestión de los procesos comerciales es altamente ineficiente, con un gasto en Marketing+Ventas que representa el porcentaje sobre ingresos más alto de la empresa (un 40% en promedio).
  • Y no olvidemos las consecuencias hacia el exterior de nuestra organización. A nuestro potencial cliente le da igual si está hablando con Marketing o con Ventas: necesita tener una experiencia impecable de investigación, evaluación y compra de nuestro producto. No podemos defraudar sus expectativas desde el primer momento, dándole una imagen de dispersión, inconsistencia o, lo que es peor, rivalidad entre departamentos.

Por eso durante los últimos años ha surgido un interés creciente por mejorar la coordinación y alinear Marketing y Ventas. Se han creado funciones y organizaciones que sirven de puente (p.ej.: gestión de leads, inside sales/sales development) y reglas de colaboración entre ambos (p.ej.: vocabulario común, reglas de traspaso de sales-ready leads).

Alinear Marketing y Ventas no es suficiente

Pero aunque son pasos en la dirección correcta, no son suficientes. Cuando el alineamiento Marketing / Ventas se reduce a poco más que consensuar una “definición universal” de lo que constituye un lead listo para su traspaso a Ventas nos estamos conformando con un enfoque de mínimos, de evitar fricciones en lugar de fomentar la colaboración y optimizar el proceso conjunto.

Porque en definitiva Marketing y Ventas tienen un solo fin: maximizar los ingresos de la empresa. Por eso, en lugar de intentar alinear dos procesos separados, para una organización es más útil ver el ciclo comercial completo como un proceso continuo de Generación de Ingresos. Como analogía, pensemos en la generación de ingresos como un proceso de fabricación -cuyas actividades se realizaran todas internamente- que tiene por objetivo producir clientes satisfechos que paguen por nuestros productos, repitan y nos recomienden. Las oportunidades de optimización se multiplican cuando se trata de un proceso integrado, en lugar de dividido artificialmente por una organización con silos estancos que no está pensada para ser más productiva.

Este enfoque, con los departamentos de Marketing y Ventas integrados y trabajando hacia el objetivo común de generar ingresos, ha dado origen al concepto de Revenue Performance Management. Entre otros aspectos, se caracteriza por utilizar un proceso comercial extremo a extremo pensado para favorecer el avance de cada potencial cliente en su ciclo de compra y un funnel único de principio a fin para medir y controlar todas las fases.

Del concepto de Revenue Performance Management nos ocuparemos en próximas entradas.

Este post en “Marketing & Innovación”.

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