Crecimiento de productos tecnológicos

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Para muchos fabricantes de productos software (o ISV en sus siglas en inglés), el análisis de adoptar o no una estrategia SaaS (Software as a Service) se realiza en el contexto de mercados más o menos maduros, por ejemplo:

  • Un nuevo entrante que desea sacudir las bases de la competencia en un sector dominado por ofertas on-premise aplicando el potencial disruptivo del SaaS.
  • Un proveedor tradicional que debe incorporar el SaaS a su oferta como medida defensiva para no quedarse atrás ante nuevos jugadores que aplican este modelo.

El caso paradigmático de irrupción del SaaS en un mercado en fase mainstream es el del software CRM, con Salesforce.com cambiando las reglas del juego y proveedores como Siebel/Oracle, SAP, etc. incorporando sus propias ofertas on demand.

El SaaS es un claro ejemplo de innovación disruptiva, tal como indican las siguientes características:

  • Se trata de un producto que resulta suficientemente bueno a lo largo de las dimensiones habituales (funcionalidad, prestaciones, personalización) pero que aporta mejoras en otras dimensiones (sencillez, precio, riesgos, costes de cambio).
  • Constituye una oferta dirigida a no consumidores (ej: empresas que no pueden permitirse un CRM on-premise) y a clientes sobreservidos (ej: empresas abrumadas por el exceso de features & functions de los paquetes CRM tradicionales).

A cambio de entrar a competir en el espacio SaaS, un ISV debe pagar con un riesgo serio de canibalización de su oferta on-premise y de conflicto de canal (incluso con su propia fuerza de ventas directa). Curiosamente, aunque muchos ISV plantean inicialmente su oferta SaaS como un camino para llegar al segmento de empresas medianas y pequeñas  la realidad es que la mayoría de los compradores de SaaS son directivos de negocio de empresas grandes que operan independientemente de sus departamentos de TI, con lo cual esos conflictos de canibalización y canal son prácticamente inevitables.

Lo anterior es válido respecto a productos en mercados establecidos, pero ¿qué pasa con productos software innovadores, que inauguran una categoría? ¿Vale la pena lanzarlos directamente en modo SaaS?

Desde una perspectiva de mercado, el primer aspecto a tener en cuenta es que el propio concepto SaaS todavía no ha sido plenamente adoptado en muchos segmentos de clientes (ej: áreas geográficas, tamaños y sectores de actividad de empresas) y por lo tanto lanzar un producto únicamente como SaaS nos está cerrando las puertas a esa parte del mercado.

Sin embargo, y pensando específicamente en el time-to-adoption de toda oferta innovadora, el SaaS incide favorablemente en algunos de los resortes que más influyen en dicha adopción:

  • Al incorporar su propia infraestructura, administración, gestión, etc. los clientes pueden percibirlo como una solución más completa y por lo tanto que les aporte más valor.
  • Su mayor sencillez y comodidad de uso, una menor inversión inicial y unos riesgos más bajos inciden en una menor resistencia a la adopción.
  • Finalmente, la posibilidad de probar fácilmente que ofrece el SaaS es como ya sabemos un factor clave para la adopción de un producto innovador.

Adicionalmente, la decisión de compra de un producto disponible en modo SaaS puede requerir una menor participación del departamento de TI (ya que tiene menos impacto en términos de infraestructura, arquitectura, estándares, etc.) y pasar a ser protagonizada principalmente por los directivos de negocio.

En conclusión, un fabricante de software que piensa llevar al mercado un producto innovador debería plantearse la posibilidad de lanzarlo además  (o únicamente) en modo SaaS.

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Un tema recurrente en este blog es que Internet ha transformado el marketing de productos tecnológicos y en ningún sector ha sido tan evidente como en el del software corporativo. El software es un producto peculiar por varios motivos:

  • Costes dominados por la primera unidad, con costes marginales que pueden llegar a ser despreciables, incluso aunque se personalice el producto.
  • Facilidad para el desarrollo colaborativo, incluso por parte de equipos débilmente acoplados, y que ha dado lugar al fenómeno open source.
  • En muchas categorías de software, fenómenos de comoditización y disponibilidad de productos gratuitos que hacen que los usuarios estén menos dispuestos a pagar por él.
  • Alta complejidad del producto, que hace difícil aprenderlo, usarlo e incluso comunicar sus beneficios, y que puede imponer barreras a la adopción y al cambio.

Desde hace mucho tiempo, los retos de vender software corporativo (dificultad para cuantificar el valor aportado, ciclos de venta largos e intensivos en una fuerza comercial especializada y cara) han aguzado el ingenio a los profesionales del marketing. Según el estudio “B2B Marketers Can Learn From Software Firms” de Forrester el marketing de software supera al de otros productos B2B en varios aspectos:

  • Criterios y procesos robustos de cualificación de leads.
  • Reglas sofisticadas sobre cuándo y a quién traspasar leads.
  • Procesos de medida en bucle cerrado.

Pero si hay un factor que ha cambiado las reglas del marketing de productos software, éste ha sido Internet y toda una serie de fenómenos catalizados por la Red (open source, SaaS, comunidades …). En “8 Ways The Internet Changed Software Marketing” Jon Miller da algunas ideas sobre este fenómeno que os resumo a continuación (junto a algunas otras de cosecha propia):

  • Comunicación y generación de demanda. En la era de Internet son los compradores quienes buscan información por sí mismos y filtran mensajes de marketing no deseados. Buscadores, blogs, foros y comunidades son los puntos de partida de esa búsqueda. Es necesario pasar de un marketing de interrupción a otro de atención: estar presente ahí donde el cliente busca y participar en la conversación que está teniendo lugar.
  • Segmentación y targeting. Cuando es el cliente quien encuentra al proveedor es más difícil concentrarse en segmentos predefinidos: la demanda puede venir de compradores imprevistos. Resulta imprescindible poder definir fácilmente ofertas segmentadas para diversos sub-mercados. La facilidad inherente al software para crear versiones de un producto específicas para distintos tipos de usuarios (en la línea de lo que plantean Shapiro y Varian en “Versioning: The Smart Way to Sell Information”) permite que los clientes se auto-segmenten.
  • Cultivo de leads. Los compradores prefieren ser autónomos en su proceso de recogida de información y evaluación de productos y decidir en qué momento desean un encuentro cara a cara con un vendedor. Es imprescindible facilitarles este aprendizaje e iniciar el diálogo ofreciéndoles en cada momento el contenido y los formatos (documentos, webinars, podcasts …) más útiles para cada fase de su proceso de compra.
  • Prueba del producto. Típicamente uno de los momentos claves en el proceso de venta consistía en una demostración (más o menos predefinida) de producto, pero dado que las demos son caras el proveedor sólo invertía cuando se estaba ante una oportunidad clara de venta. Y sin embargo, la posibilidad de probar es clave para eliminar la incertidumbre del comprador y para favorecer la adopción de un nuevo producto. Internet ha subido el listón de las expectativas de los usuarios respecto a las pruebas: se asume que cualquier producto que no se puede descargar o probar online es porque probablemente es demasiado complicado o poco funcional (y muchas veces esto es cierto). Los compradores ya no se conforman con asistir pasivamente a una demo: aquellos proveedores que les permitan decidir cuándo y cómo experimentar con el producto habrán avanzado mucho para reducir temores y construir confianza.
  • Venta. Un área en el que Internet no ha cambiado las cosas es que en un escenario B2B los compradores siguen necesitando un contacto humano con los proveedores. Sin embargo, Internet sí ha cambiado el papel del vendedor: aunque siempre habrá un rol protagonista para los comerciales que cierren operaciones en grandes clientes, actualmente es también necesaria la figura de los inside sales. Gracias a las capacidades de comunicación, generación de demanda y cultivo de leads de Internet, Marketing genera cientos de leads que necesitan un contacto humano. Los inside sales pueden cualificar estos leads para saber cuándo transferírselos a Ventas e incluso (dependiendo del producto) cerrar muchas de las operaciones.
  • Investigación de mercado y desarrollo de producto. En muchos aspectos, la nueva Web está transformando la investigación de mercados gracias a técnicas como las encuestas o las comunidades online orientadas a ese fin o la monitorización y participación en blogs, foros y redes sociales (véase por ejemplo «Will Web 2.0 Transform Market Research?» de Forrester). Por otra parte, la inmediatez del ciclo desarrollo-lanzamiento-despliegue-feedback facilita enfoques basados en rápidas incursiones en el mercado y en ir mejorando el producto (que a veces permanece en una “beta perpetua”) en contacto con las necesidades de los clientes. Ahora puede ser más fácil y barato lanzar el producto y ver qué ocurre que realizar una costosa investigación de clientes para descubrir necesidades. Y este enfoque promueve productos de baja complejidad, fáciles de probar y que proporcionen resultados tangibles.
  • Delivery y experiencia post-compra. La posibilidad de proporcionar el Software como un Servicio (SaaS) inclina el equilibrio de poder del lado del cliente (que puede dejar de usar el servicio en el momento que quiera) y hace que la satisfacción y el éxito del usuario sean críticos. Esto obliga a los proveedores a diseñar una oferta pensada para la satisfacción a largo plazo del cliente (p.ej, servicio fácil de usar y no sólo fácil de comprar), a la excelencia en el soporte y a desarrollar procesos para prevenir y evitar el abandono de los clientes (como ocurre en otros sectores, p.ej. las telecomunicaciones).
  • Fomento del ecosistema y de efectos de realimentación positiva. Internet favorece enormemente este tipo de dinámicas, facilitando estrategias de precios de penetración y esquemas “try-and-buy” y habilitando la creación de comunidades de usuarios (que comparten mejores prácticas, ideas para mejoras del producto, etc.)  y comunidades de desarrolladores (que proporcionan aplicaciones y productos complementarios), todo lo cual contribuye a generar efectos de contagio y realimentación positiva.

En definitiva, Internet ha otorgado más protagonismo y poder para el usuario de software empresarial (mayor control sobre el proceso de compra, menos costes de cambio …) y sólo los proveedores que sean capaces de participar en este nuevo diálogo tendrán éxito.

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El marketing de productos de TI está experimentando un cambio radical. En una época como la actual en que los Directivos de Negocio esperan que la tecnología sea cada vez más crítica para su éxito y los Directores de TI consumen la mayor parte de sus esfuerzos en mantener sistemas con más de 30 años de antigüedad, es normal que los responsables de negocio participen con -e incluso «puenteen» a- sus colegas de sistemas a la hora de incorporar nuevas tecnologías que mejoren sus procesos o les otorguen ventajas respecto a sus competidores. Y ello implica que el marketing debe tener en cuenta este desplazamiento en la influencia de compra.

Existen además otras razones por las cuales es necesario enfocar nuestro marketing en los compradores de negocio:

  • Cuando estamos comercializando un nuevo producto tecnológico que introduce discontinuidades en el mercado y que todavía se encuentra en el early market, enfocar el marketing hacia compradores pertenecientes a las áreas de negocio (en lugar de a tecnología) puede constituir una estrategia muy adecuada. En este escenario muchos expertos abogan por un marketing vertical que identifique a un «comprador económico» dueño de un problema de negocio importante y urgente que pueda resolverse con el nuevo producto y enfocar nuestro merketing en él.
  • En tiempos de crisis como los actuales (y especialmentre tras el estallido de la burbuja tecnológica a principios de la presente década) la compra de productos de TI justificada únicamente por lo avanzado de sus prestaciones técnicas, lo moderno de su arquitectura o simplemente las modas tecnológicas, cede paso a una evaluación basada en criterios de negocio y realizada por los responsables de éste.

Según una encuesta a decisores de negocio en EE.UU. y Europa realizada por Forrester, muchas de las actividades de los procesos de compra e implementación de soluciones de TI son tanto o más responsabilidad de Negocio que de Tecnología. Algunas de esas actividades en que más de la mitad de los encuestados piensa que el Negocio debe tener un protagonismo igual o mayor que el de Sistemas son las siguientes:

  • Establecimiento de prioridades de inversión (54%)
  • Selección de las soluciones ofrecidas por los proveedores (57%)
  • Documentación de los requisitos de las soluciones (53%)
  • Negociación con y gestión de los propios proveedores (51%)

A muchos proveedores este cambio de tendencia puede sorprenderlos con el paso cambiado porque no saben traducir las características de sus productos a resultados de negocio y sus recursos de marketing y ventas no están habituados a -ni tienen la capacidad para- mantener un diálogo con estos nuevos interlocutores. Parafraseando el título del libro «¿Quién se ha llevado mi queso?»,  los analistas de Forrester ponen en la boca de esos suministradores de la vieja escuela la pregunta «Who’s Moved my IT Buyer?»

Ante este nuevo panorama no basta con dar un barniz de «jerga de negocio» a los discursos de producto e intentar seguir vendiendo como siempre. Los analistas de Forrester aconsejan a los proveedores de tecnología que afinen su posicionamiento, su presencia online y su investigación de mercado de modo que tengan en cuenta a los decisores de negocio, adoptando las siguientes medidas relacionadas con su marketing:

  • Elevar el posicionamiento corporativo, de modo que resuene en los directivos de negocio. Asociar la marca con aquellas características, resultados, aspiraciones … que harán que esos líderes de negocio tengan éxito en sus funciones.
  • Posicionar los productos basándose en lo que estos hacen por los clientes. Olvidar los posicionamientos basados en la tecnología y elaborar propuestas de valor basadas en los beneficios y resultados de negocio que proporcionan los productos.
  • Comunicar el mensaje con concisión y claridad. Utilizar la terminología de negocio / técnica más adecuada para cada audiencia.
  • Enfocar la experiencia en la Web hacia los decisores de negocio. Casi el 50% de los que toman la decisión y compran un cierto tipo de producto acuden a la Web para informarse y para validar sus decisiones de compra. Elegir como patrón un tipo de decisor de negocio relacionado con nuestro producto y hacer que sea el objeto y la medida de nuestro website y marketing online.
  • Incluir en los estudios de mercado información sobre las dinámicas de compra. La información sobre agentes, relaciones y procesos de compra debe ser clave para las decisiones estratégicas de marketing.
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Los compañeros del Colegio y Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación me han invitado a impartir un curso sobre marketing de la tecnología el próximo mes de octubre en su sede de Madrid.

Llevará por título “Marketing Estratégico de Productos Tecnológicos” y por subtítulo Características específicas de los mercados de productos tecnológicos y estrategias comerciales para tener éxito en ellos.

La idea central del curso es que los mercados tecnológicos no son como los demás: a su complejidad y a la velocidad con que evolucionan se une la influencia de la innovación como fuente de disrupción, oportunidades y riesgos. El Marketing convencional, más enfocado en entornos menos volátiles, no funciona en este tipo de escenarios donde la creación de nuevos productos y la búsqueda de nuevos mercados es la base del éxito. En el curso daremos las claves para entender estos mercados y se presentarán enfoques y estrategias para desarrollar productos tecnológicos que aporten valor a los usuarios y para encauzar las fuerzas de estos mercados a nuestro favor.

Los contenidos se agruparán en cuatro grandes puntos:

  • ¿Qué dinámicas particulares dominan los mercados tecnológicos?
  • ¿Cómo desarrollar nuevos productos de modo que tengan aceptación en el mercado?
  • Enfoque y planteamiento estratégico: segmentación, targeting y posicionamiento; análisis de competidores y sustitutivos; momento de entrada en el mercado y competición basada en el tiempo.
  • Definición y ejecución de estrategias a través del ciclo de vida de productos.

Será un curso muy práctico, con presentación de marcos conceptuales y mejores prácticas ilustradas con ejemplos, con análisis y discusión de casos prácticos reales de empresas del sector TIC y todo ello en un grupo reducido que fomente el intercambio de ideas.

La duración total será de 12 horas, repartidas en tres sesiones de cuatro horas los días 3, 10 y 17 de 0ctubre de 2008 en horario de 16:00 a 20:00.

Se trata de un curso para colegiados y asociados al COIT/AEIT. Más información  y registro aquí.

Si estáis interesados en algún tipo de actividad similar (conferencia, seminario, curso) en vuestra empresa, asociación, etc. no dudéis en contactarme en

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Todos estamos de acuerdo en que los mercados de productos tecnológicos se suelen caracterizar por su inestabilidad, lo impredecible de su evolución, la capacidad de algunos competidores para bloquear el acceso al mercado, la posibilidad de que acabe predominando un producto inferior y las generosas ganancias para el vencedor.

Y en gran parte este comportamiento es debido a los efectos de realimentación positiva que se producen entre los agentes de estos mercados y que los economistas conocen como externalidades de red o rendimientos crecientes del lado de la demanda. Esta realimentación positiva es la responsable de que un producto que empieza a tener éxito suela evolucionar a mejor (y de que otro con una mala posición tienda a agravar su situación) y está en la causa del movimiento del mercado, por ejemplo, hacia un cierto sistema operativo o un formado de DVD entre varios competidores.

Lamentablemente, con ser ésta una de las circunstancias que más influyen en el éxito o fracaso de un producto tecnológico es también una de las peor gestionadas por las empresas innovadoras. Un artículo clásico de Brian Arthur sobre este tema, “Increasing Returns and the New World of Business”, insiste en lo importante de gestionar adecuadamente esos rendimientos crecientes. Para el autor, la presencia de realimentación positiva en mercados tecnológicos basados en el conocimiento obedece a varias razones:

  • Los altos costes de la primera unidad de un producto (ej: I+D), comparados con los costes marginales de cada unidad adicional.
  • Los efectos de red, tanto directos como indirectos, y su influencia sobre la emergencia de estándares.
  • Los costes de cambio que los productos sofisticados inducen en sus usuarios.

Aunque para competir en estos mercados es importante entrar el primero y poseer una tecnología excelente, esto no garantiza el éxito. La clave está en gestionar de una manera activa los rendimientos crecientes y eso se consigue con las siguientes medidas:

  • Descontando agresivamente en precios, para penetrar rápidamente en el mercado y construir base instalada (y venciendo la tentación habitual en sentido contrario de aplicar precios altos para recuperar antes los costes de I+D). Sin embargo, esta estrategia puede resultar ineficaz e incluso contraproducente si no utilizamos activamente esa base de clientes para disparar la realimentación.
  • Los productos no existen solos, sino como parte de ecosistemas integrados por otros productos que los complementan, sustentan y mejoran. El ecosistema pasa a ser la unidad básica de la estrategia y la clave está en construir redes de productos y crear y gestionar una realimentación positiva entre ellos que los favorezca a todos. SI aspiramos a ser el jugador dominante eso puede significar que debemos ceder beneficios a los otros participantes para asegurar su compromiso con la alianza.
  • Bajo una situación de rendimientos crecientes los rivales se van a retirar de un mercado no sólo si el acceso a éste está bloqueado, sino también si creen que va a estar bloqueado por otros. Es importante conseguir un posicionamiento psicológico en el que los competidores nos perciban como el (futuro) líder, de ahí la necesidad de realizar preanuncios de productos, proclamar alianzas y vender vaporware.

Del mismo modo que en mercados tradicionales la clave está en optimizar (la calidad, los costes …) en mercados emergentes está en la adaptación, pero en un sentido proactivo: detectar la nueva ola que llega y posicionar adecuadamente la empresa para sacar provecho. No es extraño que Arthur represente los sectores tradicionales como una fábrica y los sectores tecnológicos como un casino donde las reglas de juego se van definiendo a medida que se desarrolla la partida.

El artículo termina con algunas preguntas que deberían hacerse los CEOs que trabajen en este nuevo mundo de rendimientos crecientes, unas preguntas que siguen teniendo una total vigencia:

  • ¿Entiendo los efectos de realimentación en mi mercado? Ya no basta con entender a mis clientes, mis distribuidores y mis competidores, también es necesario comprender los mecanismos de auto-refuerzo y auto-negación que operan entre todos los intervinientes.
  • ¿A qué ecosistemas pertenezco? El éxito o el fracaso no depende de mi propia empresa sino de la red (o redes) a la que pertenecemos. Es imprescindible gestionar activamente dicha red.
  • ¿Tengo los recursos necesarios para jugar? Entre estos podemos contar: tecnología excelente, capacidad para entrar en el mercado en el momento adecuado, bolsillos llenos, precio estratégico y una disposición a sacrificar beneficios actuales a cambio de una ventaja futura. No es sólo cuestión de recursos, sino también de valor, resolución y voluntad. Y parte de ese valor consiste en abandonar el mercado cuanto los rendimientos positivos se vuelven contra uno. Es mejor marcharse cuando todavía se puede mantener la dignidad financiera.
  • ¿Cuál es la próxima partida? La tecnología se mueve en olas sucesivas y la capacidad de obtener beneficios bajo rendimientos crecientes depende de poder ver qué viene en el próximo ciclo y posicionarse para ello – desde un punto de vista tecnológico, psicológico y de cooperación.

Lo que nos decía Brian Arthur en 1996 es que hay una nueva economía y que no es la de los viejos libros de texto. Sólo los que entiendan este nuevo modo de pensar tendrán éxito.

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La forma más radical de la innovación es la que consiste en crear mercados que previamente no existían, comercializando nuevos productos o servicios y definiendo para ello nuevas cadenas de valor. Uno de los libros sobre innovación más populares en los últimos años, “Blue Ocean Strategy” de los profesores de INSEAD Chan Kim y Renée Mauborgne, nos exhorta a abandonar las abarrotadas y peligrosas aguas de los “océanos rojos” (los mercados conocidos, plagados de competidores) y a descubrir “océanos azules” en forma de nuevos mercados. Dejando a un lado estas metáforas marinas, lo que los autores postulan es que la estrategia empresarial vigente está marcada por la competitividad (estrategia competitiva, ventaja competitiva, derrotar a los competidores …) y eso nos lleva a pensar exclusivamente “dentro de la caja” de nuestros actuales mercados y a centrarnos en ganar clientes a nuestros competidores en un campo de batalla delimitado e inamovible. El resultado de este enfoque son mercados cada vez más abarrotados y menos rentables.

La estrategia de océano azul, por el contrario, se basa en crear nuevos mercados o en redefinir las fronteras de los actuales, de modo que la competencia pase a ser irrelevante, y en crear nueva demanda y servir a los hasta ahora no consumidores. Como veremos luego, un planteamiento mucho más fácil de enunciar que de poner en práctica. Kim y Mauborgne justifican la necesidad y el impacto de buscar nuevos mercados con algunos datos de su estudio sobre lanzamiento de negocios: si bien tan sólo el 14% de los lanzamientos creaban nuevos mercados (frente al restante 86%, que representaban extensiones de línea), esos nuevos mercados aportaban un volumen comparativamente mayor de ingresos (el 38% del total) y mucho mayor de beneficio (el 61%). Así pues, los nuevos mercados son la llave del crecimiento y la rentabilidad.

Esos datos van en la misma línea de los que Clayton Christensen describe en “The Innovator’s Dilemma”: los ingresos a largo plazo de las empresas que entran en nuevos mercados son en promedio 30 veces superiores a los de las que lo hacen en mercados establecidos e incluso sus probabilidades de éxito son seis veces mayores. Este último dato es bastante contraintuitivo (uno siempre espera que entrar en nuevos mercados sea más arriesgado que hacerlo en mercados establecidos) y Christensen lo justifica argumentando que los entrantes en nuevos mercados aceptan correr con un riesgo de mercado (consistente en que dicho mercado finalmente no se desarrolle) en lugar de con un riesgo competitivo (el de entrar en un mercado establecido, con competidores bien atrincherados) y que finalmente ganan con ese cambio.

Ahora bien, aunque estemos de acuerdo en la conveniencia de descubrir nuevos mercados, pocos dan consejos prácticos para conseguirlo. Los propios Kim y Mauborgne reconocen que a la hora de descubrir océanos azules es mucho más habitual redefinir las fronteras de un sector existente que crear uno completamente nuevo. Tanto en el libro “Blue Ocean Strategy” como previamente en su artículo “Creating New Market Space” los autores describen cómo realizar una innovación basada en el valor buscando más allá de las fronteras convencionalmente definidas de los mercados actuales. Y esa búsqueda consiste en descubrir espacios significativos donde la empresa pueda aportar valor a través de los siguientes ejes relacionados con el mercado actual:

  • Entre los diversos sectores e industrias alternativos.
  • Entre los diferentes grupos de competidores que, dentro del sector, persiguen una estrategia similar (“grupos estratégicos”).
  • Entre los diversos perfiles y miembros de la empresa cliente que participan en el proceso de compra.
  • Entre productos y servicios complementarios.
  • Entre el atractivo funcional o emocional de los productos.
  • Entre el presente y el futuro, identificando tendencias relevantes y previendo cómo van a afectar al mercado.

De este modo, creando y recreando los mercados, las empresas pueden escapar del cada vez más agobiante nivel competitivo de los mercados existentes.

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Los compañeros del Colegio y Asociación Española de Ingenieros de Telecomunicación me han invitado a dar una conferencia el próximo día 23 de mayo en su sede de Madrid.

Llevará por título “Si mi producto es tan innovador… ¿por qué no lo compran?” y por subtítulo «Riesgos y retos de introducir productos innovadores en el mercado y estrategias para no fracasar en el intento».

Durante tres horas intentaré dar algunas ideas y soluciones para preguntas como las siguientes:

  • ¿Qué riesgos específicos plantea la comercialización de tecnologías innovadoras? ¿Cómo evolucionan los mercados basados en nuevas tecnologías? ¿Cómo se comportan los compradores? ¿Cómo se adoptan los productos innovadores? ¿Basta con tener una tecnología única para tener éxito en el mercado?
  • ¿Cuándo y cómo entrar en estos mercados? ¿Vale la pena ser el primero? ¿Puede una nueva tecnología invadir mi mercado? ¿Cómo puedo responder?
  • ¿Cómo conseguir que una nueva tecnología se adopte en el mercado? ¿Cómo incorporar la voz del mercado en el proceso de desarrollo y lanzamiento? ¿Cómo cruzar la brecha entre el “mercado inicial” y el “gran mercado”?

He tratado de condensar en la agenda algunos puntos que considero de interés para el colectivo de Ingenieros de Telecomunicación, especialmente para aquéllos que han pasado de desempeñar funciones relacionadas con el desarrollo de tecnologías y el I+D a otras que tienen que ver más con el marketing estratégico de esas nuevas tecnologías y productos.

Se trata de un evento para colegiados y asociados al COIT/AEIT. Más información  y registro aquí.

Si estáis interesados en algún tipo de actividad similar (conferencia, seminario, curso) en vuestra empresa, asociación, etc. no dudéis en contactarme en 

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Un aspecto primordial en el marketing de tecnologías y productos innovadores es encontrarles un mercado, y la segmentación es el primer paso en ese proceso. Sin embargo, está claro que los enfoques más habituales de segmentación basados en criterios demográficos, psicográficos, de comportamiento, etc. (tanto de particulares como de empresas) no son efectivos a la hora de innovar.

En “Rediscovering Market Segmentation” Yankelovich y Meer argumentan que lo que actualmente pasa por segmentación es un sucedáneo centrado únicamente en las necesidades de la publicidad y que se ha olvidado su verdadero propósito: descubrir clientes cuyas necesidades no están cubiertas o cuyo comportamiento puede cambiarse. En “Marketing Malpractice: The Cause and the Cure” Christensen defiende que un mal uso de estas técnicas es lo que hace que el lanzamiento de nuevos productos sea algo arriesgado y propenso al fracaso y que una segmentación basada únicamente en los atributos del cliente o en los de una cierta categoría de productos lleva a no entender el mercado y a enfocarse en segmentos fantasma.

Así pues ¿qué tipo de segmentación es la más adecuada para los productos innovadores? Como siempre, la respuesta depende del nivel y tipo de innovación de que se trate: desde la innovación dirigida por el mercado (demand-pulled) hasta la innovación dirigida por la tecnología o el producto (supply-pushed).

En un escenario demand-pulled la segmentación es un paso previo y sirve de guía al desarrollo del nuevo producto. Puesto que se trata de diseñar productos que cubran necesidades deficientemente cubiertas, la segmentación  debe utilizar esas necesidades como variable para categorizar a los potenciales clientes. Sin embargo, la segmentación basada en necesidades se ha venido utilizando durante más de veinte años con un éxito limitado, probablemente debido a la dificultad en definir qué se entiende por necesidad. Por eso recientemente han aparecido mejoras sobre este enfoque, centradas en criterios más precisos:

En un escenario supply-pushed, por el contrario, se parte de una nueva tecnología o producto y se trata de descubrir un mercado para él. Dado que pensar que van a ser los propios usuarios quienes encuentren sus aplicaciones sería pecar de optimistas, segmentar significa descubrir aquellos grupos de clientes potenciales donde el nuevo producto crea más valor. El proceso consiste en ir proponiendo combinaciones clientes – aplicaciones del nuevo producto y realizar en cada caso un análisis de escenario que nos permita determinar el valor creado. Éste es el enfoque que proponen, por ejemplo, Geoffrey Moore en “Crossing the Chasm” o Tony Seba en “Winners Take All”. Los segmentos surgen de la generalización o agrupación de estos escenarios particulares. En paralelo con la identificación y selección de los segmentos más prometedores discurre la tarea crítica de desarrollar el correspondiente producto completo.

A pesar de algunas prácticas más enfocadas, la segmentación sigue siendo clave para la comercialización de productos innovadores, especialmente en las estrategias para conseguir la adopción en el mainstream market. No enfocarse en los segmentos adecuados lleva a utilizar ineficazmente los recursos y a la larga se convierte en uno de los errores fatales de muchas empresas tecnológicas.

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Tony Seba es un emprendedor, consultor y formador que imparte clases sobre marketing de productos tecnológicos e innovadores en la Universidad de Stanford entre otros muchos sitios. (Si estáis interesados en saber qué cuenta Tony en sus cursos – y muchas más cosas- os recomiendo leer una serie de excelentes posts en el blog de Justo Hidalgo).

Estos días he estado leyendo el libro «Winners Take All – The 9 Fundamental Rules of High Tech Strategy» de Tony Seba. Creo que es una lectura muy recomendable, sencilla pero rigurosa y llena de ejemplos prácticos que abarcan muchos de los temas que tocamos en este blog. Para daros una idea os resumo los contenidos del libro, cuyos nueve capítulos tienen unos títulos muy expresivos y que no me he resistido a parafrasear en forma de Mandamientos del Marketing de Tecnología:

  1. Sentirás el Dolor y Después Desarrollarás tu Producto
    Sobre la importancia de escuchar a nuestros clientes, centrarnos en sus problemas de negocio y descubrir nuestro mercado objetivo.
  2. Enfócate, Gana, Crece, Repite
    Es imprescindible enfocarse para concentrar el uso de los recursos y acabar siendo el líder en los segmentos objetivo. Después hay que expandirse a otros segmentos contiguos.
  3. Añadirás Valor, No Características
    El valor lo percibe el cliente, las características residen en el producto. Añadamos sólo aquellas características que aporten valor para el cliente.
  4. Crearás una Buena Historia y la Comunicarás con Claridad
    Sobre lo importante de una buena comunicación para el posicionamiento.
  5. Es un Mundo Arriesgado.  Vende Confianza
    La adopción de una innovación implica riesgos para los clientes. Los proveedores deben construir confianza y credibilidad.
  6. Ganarás Campeones, No Proyectos
    La adopción es un proceso social. Contar con campeones (entre los clientes, partners, analistas…) puede impulsar ese proceso.
  7. Elegirás a los Partners Adecuados y los Gestionarás con Claridad
    Los partners son imprescindibles para ayudarnos a llegar al mercado y para ensamblar las soluciones que demandan los clientes, pero gestionarlos mal es una gran fuente de conflictos.
  8. Diseñarás Productos y Servicios que sean Fáciles de Adoptar
    Los clientes adoptan los productos innovadores porque aportan beneficios adicionales pero también porque no requieren cambios de comportamiento o infraestructura. El concepto del Producto Completo sirve para diseñar productos fáciles de adoptar.
  9. Lo Estás Haciendo Muy Bien. Enhorabuena. ¡Ahora Cambia o Muere!
    Los mercados de productos innovadores son inherentemente arriesgados y volátiles. Es imprescindible no dormirse en los laureles y escuchar continuamente a los clientes, aprendiendo y adaptando las estrategias para conservar la ventaja.

Al final, como es habitual, estos mandamientos se pueden resumir en uno (éste de cosecha propia):

Amarás a tu Cliente sobre Todas las Cosas (tanto como a tu Producto e incluso más que a Ti mismo)

Una idea más que útil para muchos emprendedores y directivos de empresas tecnológicas que consideran su tecnología o su producto como la nueva panacea universal y continúan preguntándose por qué los clientes siguen sin comprarlo.

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¿Es lo mismo segmentar para vender que segmentar para innovar? ¿Es mejor segmentar nuestro mercado o dejar que éste se segmente a sí mismo?

Un proceso de segmentación, targeting y posicionamiento (STP) bien entendido es clave en la estrategia de marketing, sobre todo en mercados/productos más o menos conocidos. Pero especialmente en el caso de empresas innovadoras, aplicar un enfoque de segmentación “típico” -basado en criterios demográficos y similares- puede ser insuficiente. Mohanbir Sawhney (catedrático en la Kellogg School of Management) propone diferenciar entre dos tipos de segmentación:

  • Una segmentación inbound, orientada a la innovación y al desarrollo de producto, y basada en variables relacionadas con las necesidades/problemas, actitudes y comportamientos de los potenciales clientes y sus escenarios de uso. Esta segmentación tiene una gran capacidad predictiva, pero -en principio- define segmentos difíciles de acceder. Por ejemplo, si mi empresa proporciona soluciones para un determinado problema de gestión de almacenes, ¿dónde puedo comprar una lista con las organizaciones que sufren ese problema específico? De este tipo de segmentación para la innovación nos ocuparemos en otro post.
  • Una segmentación outbound, orientada al marketing (si es que el desarrollo de producto no es parte del marketing ;- ) y la venta, y basada en criterios demográficos -o “firmográficos” en el caso de empresas-, psicográficos, de consumo de medios de comunicación, de preferencia por ciertos canales de distribución, etc. Como sabemos, un buen segmento tiene que ser accesible y debe ser posible actuar sobre él con las herramientas del marketing: aplicar este tipo de criterios nos facilita ese camino.

Por supuesto, ninguna empresa innovadora que se precie puede perder de vista la futura comercialización durante las fases de desarrollo de concepto y producto. De nada sirve detectar una oportunidad de mercado -en forma de problema no resuelto en los clientes-. si luego no podemos identificar ni llegar a quienes lo están padeciendo. Por eso los estudios de segmentación deben combinar y reconciliar variables con orientación inbound (p.ej.: necesidades) y outbound (p.ej.: demografía, consumo de medios).

Por ejemplo, supongamos que pretendemos comercializar una nueva tecnología de Inteligencia Artificial (IA). Una primera segmentación inbound consistiría en el planteamiento de escenarios para detectar posibles problemas donde esta tecnología podría aportar soluciones y elegir los que mayores oportunidades comerciales ofrecen. Supongamos que inicialmente optamos por uno: la automatización de procesos de soporte al cliente (asistente virtual). Una segmentación outbound nos permitiría identificar y describir aquellas empresas (sector, tamaño, prácticas de compra) donde el mencionado problema es importante y diseñar las estrategias comerciales más adecuadas. Siguiendo con el ejemplo, este segmento podría estar constituido por grandes telcos que proporcionan servicio ADSL y a los que podemos acceder, entre otros, mediante eventos o publicaciones sectoriales.

A pesar de los avances en las técnicas de investigación de mercado, detección de necesidades y tratamiento estadístico, la segmentación continúa siendo un proceso difícil que termina en fracaso en un alto porcentaje de casos. Por suerte, Internet ha llegado en nuestra ayuda: los nuevos medios de búsqueda de información y de participación social (buscadores, redes sociales, blogs, etc.) están permitiendo a nuestros potenciales clientes demostrar activamente su interés y compartir sus ideas, preocupaciones y posibles soluciones sobre las necesidades/problemas que les preocupan. En este nuevo estado de las cosas el cliente ya no tiene que esperar a que un proveedor llegue a ofrecerle sus productos, sino que se ve protagonista y dueño del proceso de búsqueda, evaluación y decisión sobre la solución más adecuada.

Para los proveedores – y desde el punto de vista de la segmentación-  esto significa que ahora ya no necesitamos definir el perfil de nuestro cliente ideal: simplemente está usando Google o manteniendo una conversación con otros similares a él en algún lugar de la Web 2.0 (por decirlo así, los clientes se están segmentando ellos mismos). Lo que sí estamos obligados es a conseguir es que esos clientes nos encuentren fácilmente como potencial proveedor de soluciones y a participar en esa conversación, lo que nos lleva a una filosofía de marketing inbound.

En el ejemplo de la empresa de inteligencia artificial, este marketing consistiría en convertirnos en un recurso de referencia para todos aquellos que buscan e intercambian información online sobre esta tecnología y los problemas que puede resolver, lo que nos evitaría el proceso de identificar activamente quiénes son e intentar llegar a ellos. Por este motivo algunos sostienen que la segmentación tradicional ha muerto y que el futuro está en la autosegmentación.

En cualquier caso, sea en un escenario de segmentación activa por parte del proveedor o en uno de autosegmentación por el cliente, un problema adicional en mercados B2B es que a veces la segmentación lleva a idealizar y a “personificar” a las empresas cliente. Podemos caer en el error de posicionar nuestras ofertas, preparar mensajes, elaborar materiales y ejecutar campañas de marketing pensando en el cliente como un “comprador colectivo”, capaz de exhibir un comportamiento fundamentalmente racional, pero que en realidad no existe. Por mucho que nos pese, aunque intentamos vender productos a empresas quienes en realidad evalúan y compran son un equipo de individuos, cada uno con sus propias motivaciones, objetivos, criterios, sesgos irracionales, etc. Por eso, en los últimos años el marketing viene aplicando una herramienta -tomada prestada del mundo del diseño- que se conoce como persona, pero eso será tema de otro post.

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