Crecimiento de productos tecnológicos

Entradas de Antonio Matarranz

No basta con hacer productos más usables, hay que hacerlos más comprables. Y eso exige enfocarnos en el comprador y hacer un esfuerzo de conceptualización y diseño de producto guiado por sus necesidades y objetivos.

Decíamos en un post anterior que en productos de compra compleja compradores y usuarios no son las mismas personas y si a la hora de diseñar el producto nos enfocamos exclusivamente en la funcionalidad de los usuarios podemos dejar de lado los objetivos del comprador y no proporcionarle una razón suficientemente poderosa como para abrir la chequera.

Por eso en productos de compra compleja debemos enfocarnos explícitamente en el comprador, hacer las cosas desde su punto de vista y ponérselo fácil. Porque la “comprabilidad” no surge por azar: es fruto entre otras cosas de una concepción y diseño explícito del producto.

Como crear un producto “comprable por diseño”

Para asegurar que el producto resulta comprable son necesarios una conceptualización global y un diseño deliberado que tenga en cuenta al comprador. El diseño centrado en el usuario es importante, pero es necesario un diseño centrado además en otra persona: el comprador.

Objetivos Comprador Experiencia Usuario Características Producto

Y para hacer productos más comprables debemos proporcionar al comprador una propuesta de valor atractiva y ofrecerle (en lo que toca al producto) una excelente experiencia de compra. Pero antes tenemos que empezar por entenderlo.

Entiende a tus compradores

Captura customer insights para entender sus necesidades, objetivos y motivaciones (tanto racionales como emocionales). Modela cada tipo de comprador mediante una representación arquetípica (persona de comprador) fundamentada en evidencias de mercado, no en especulaciones de despacho. Incorpora su contexto de negocio, los resultados que quiere obtener, su previsible “viaje de comprador” y sus escenarios de compra, todo ello ligado en una historia (no sólo como datos desconectados). Dedica especial atención a la persona del “dueño del problema” pero no olvides que cada comprador es diferente y tiene su propia percepción del valor de tu producto.

Construye propuestas de valor que den a cada uno razones para comprar

En realidad un producto no tiene una única propuesta de valor sino varias, específicas de cada persona de comprador, y en general constan de dos componentes principales (definidos en relación a las alternativas disponibles en el mercado):

  • Los beneficios y resultados de toda índole que el producto aporta al comprador, diferenciados respecto a otros productos y sustentados en razones para creer.
  • A eso hay que restarle unos costes totales de adquisición y uso del producto: inversión, costes de explotación… incluyendo los riesgos que pueden impedir que el comprador obtenga los beneficios buscados. Para contrarrestar esos riesgos es aconsejable, por ejemplo, que el producto sea sencillo de usar y compatible con los usos, procesos e infraestructuras existentes.

Un diseño holístico, que parta de los objetivos de negocio, es imprescindible para definir quiénes deben usar el producto, en qué escenarios, para realizar qué tareas y qué experiencias de uso debe proporcionarles, de modo que -implementadas y orquestadas adecuadamente- en conjunto entreguen los resultados que espera el comprador.

No podemos perder de vista que las funcionalidades y experiencias de usuario deben ser el vehículo para alcanzar los resultados que busca el comprador: para ello, hay que empezar con los objetivos del comprador y seguir con las experiencias del usuario, para llegar finalmente a las features & functions del producto.

La razón para comprar no emerge de una serie de historias de usuario inconexas. Si no tenemos los objetivos del comprador como guía podríamos terminar proporcionando experiencias excelentes a usuarios innecesarios, olvidándonos de usuarios clave, o no integrando esas experiencias bajo un propósito común.

De hecho, este enfoque debe aplicarse más allá del producto “desnudo”: en el High-Tech Marketing clásico siempre se ha hablado de la necesidad de no quedarse ahí y de proporcionar al cliente soluciones o productos “completos” (que incorporan productos complementarios y servicios auxiliares para suministrar una experiencia óptima) y que satisfagan su razón para comprar.

Optimiza sus experiencias de compra

La experiencia de compra no se limita a algo que la gente de Marketing y Ventas construye a posteriori y de manera independiente del producto: aunque tiene muchos elementos off-product (mensajes, canales de marketing, contenidos, relaciones personales…) me quiero referir ahora a los componentes on-product de la experiencia de compra.

En el producto hay muchos atributos que pueden influir para que la experiencia del comprador sea favorable a nuestra opción. Para ello, por ejemplo, el producto debe ser fácil de probar antes de comprar, la adopción del producto debe ser visible y los resultados de su uso deben ser observables, los beneficios del producto deben ser fácilmente comprensibles y comunicables…

Otras características del producto deseables en relación a la experiencia de compra se han puesto de manifiesto más recientemente, como consecuencia de unas nuevas tecnologías que hacen que nuestros mercados y clientes estén cada vez más conectados. Por ejemplo, es muy valioso incorporar al producto elementos de viralidad (Hotmail es el caso clásico) y efectos de red.

Una técnica que puede ser útil a la hora de diseñar experiencias de compra e incorporar atributos de comprabilidad al producto son las “historias de comprador” (análogas a las historias de usuario que se emplean en la especificación funcional de productos).

Alguien podría pensar que estas características no son propiamente features & functions del producto porque no son las que se aplican a resolver el problema del cliente (y éste no estaría dispuesto a pagar por ellas). Sin embargo, sí lo son desde una perspectiva de comprabilidad del producto y –si queremos vender– más nos vale hacer todo lo posible por incorporarlas.

Al final, tanto las experiencias de compra como las de uso son parte de la experiencia global del cliente con nuestro producto.

Haciendo un producto más comprable: un ejemplo

Volviendo al ejemplo del producto software para Automatización de Fuerza de Ventas -SFA- que veíamos en el pasado post, vale la pena hacer un par de reflexiones:

  • La funcionalidad y experiencia ofrecidas por el SFA a Vendedores  y otros usuarios deben ser tales que garanticen los objetivos de eficacia y eficiencia comercial que persigue el Director Comercial (comprador). Por ejemplo, si los comerciales no tienen una manera fácil y permanentemente disponible de actualizar sus actividades, no va a haber posibilidad de supervisarlas.
  • El esfuerzo comercial (collateral, demos) dedicado a comunicar y demostrar la funcionalidad disponible para los usuarios es mucho menos eficaz que el que dedicamos a conectar el producto con los objetivos de negocio que los compradores quieren alcanzar. Las exhaustivas demos funcionales son inútiles si los compradores no perciben cómo el producto les va a proporcionar sus resultados deseados. Por no mencionar que muchos Vendedores, potenciales usuarios del SFA, son contrarios a que la empresa compre el producto por causas que nada tienen que ver con los beneficios que aporte a ésta (sino con su deseo de eludir un control más exhaustivo de sus actividades).
  • El mercado de herramientas SFA fue hace unos años el primer campo de batalla de la revolución que ha supuesto el SaaS (Software as a Service), con Salesforce.com como líder. Por supuesto que el SaaS ha significado antes que nada un cambio en el modelo de negocio del software. Pero no podemos olvidar que su éxito ha venido dado, en gran medida, por haber propuesto un producto mucho más comprable: una propuesta de valor atractiva (sencillez, modelo freemium, pago por uso), menores riesgos (posibilidad de probar antes de comprar, sin contratos a largo plazo ni inversiones iniciales), un proceso de compra más sencillo (se limita el papel del departamento de Informática), etc.

Como conclusión, además de que los productos sean útiles, usables, deseables… también deben ser comprables en el sentido de que deben concebirse y diseñarse explícitamente para proporcionar una poderosa razón para comprar y contribuir a una gran experiencia de compra.

Deleitar a los usuarios es importante, pero dar una razón para que los que tienen el dinero compren lo es más. Del mismo modo que en otros ámbitos se aplica la idea de diseñar productos para su “fabricabilidad”, debemos empezar a diseñarlos para su “comprabilidad”.

El post “Haz que tu producto sea comprable” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Desarrollar nuevas ofertas y modelos de negocio en mercados tecnológicos plantea retos muy particulares. Descubre en este documento cómo desarrollar productos que los clientes necesitan.]

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“Enfócate en la experiencia del usuario” parece ser el nuevo mantra. Y es una gran idea… excepto cuando el usuario no es el comprador del producto. Porque si no vendemos en primer lugar, no habrá ocasión para que el usuario se beneficie de esa gran experiencia.

Últimamente hablamos mucho de que nuestros productos tienen que ser usables y deseables…Personalmente soy un convencido y no dejo de encomiar la importancia del diseño de experiencias de usuario. Pero eso significa que a veces nos centramos en el usuario y nos olvidamos del comprador. En este post vamos a hacer un pequeño alegato sobre la importancia del comprador y a favor de que los productos sean, además, comprables.

En muchos productos, comprador y usuario son la misma persona, de modo que centrarse en los problemas y objetivos del usuario, su escenario y sus tareas, y proporcionarle una gran experiencia de uso es la clave para la decisión de compra. Por eso en mercados B2C son tan importantes aspectos como la deseabilidad y la usabilidad del producto.

Por el contrario, en mercados tecnológicos o para el cliente empresarial muchos productos son de compra compleja: diversas personas participan en el proceso de compra, en diversos roles y con diferentes niveles de involucración e influencia. Y esas personas que participan en el proceso de compra no son en general los mismos que van a terminar usando el producto (aunque en algunos casos esos compradores sean también usuarios). Si recordáis la famosa frase “la gente no quiere un taladro de un centímetro, quiere agujeros de un centímetro”, esta diferencia es más importante aún en productos de compra compleja porque la persona que necesita el agujero y la que va a usar el taladro no son la misma.

Si aspiramos a tener éxito en un mercado B2B es importante identificar un problema de negocio grave, a ser posible con un “dueño” claro, y enfocar ahí nuestro producto. Ese dueño del problema siempre va a tener un rol clave en el proceso de compra, sea como decisor final, como evaluador de negocio, etc. Y aunque en muchas categorías de producto sea típico incorporar a los usuarios finales en la compra, habitualmente se trata de un rol de validación o de una involucración “de oficio”. Quienes deciden (y firman los cheques) son los responsables de negocio que tienen un problema por resolver, y una vez tomada la decisión a un nivel ejecutivo o gerencial a los usuarios no les queda sino acatarla y empezar a usar el producto.

Importante: por supuesto que en un proceso de compra compleja puede haber otros implicados (influenciadores, prescriptores, inversores…) pero en aras de la claridad vamos a restringirnos a los dos grandes grupos mencionados.

Compradores y usuarios: un ejemplo

Por ejemplo, consideremos el caso de un producto de Automatización de Fuerza de Ventas (SFA), un tipo de software corporativo que suele formar parte de las soluciones CRM y que muchos de vosotros conoceréis como usuarios y compradores (si es que no también como vendedores, como es mi caso).

Usuarios y Compradores

La iniciativa para proveerse de un sistema corporativo de SFA suele partir del Director Comercial (o del CEO) de la empresa y tiene por objetivo conseguir una mayor eficacia y control en el equipo comercial con el fin de vender más y mejor. En el proceso de compra suele haber además otros participantes, como por ejemplo el Director de Sistemas (en un papel de validador técnico principalmente) o algún Gerente/Jefe de Equipo de Ventas (como evaluador de negocio). De todos ellos, probablemente sólo este último perfil sería un usuario intensivo del producto y lo utilizaría para una gestión más proactiva de su equipo y su negocio y para elaborar informes periódicos y previsiones de venta.

En cuanto a los usuarios, los principales serían los propios Vendedores y el personal de apoyo administrativo a Ventas. Los vendedores utilizarán el producto para registrar sus contactos y oportunidades, programar y coordinar sus actividades, reflejar el progreso, estimar volumen, plazo y probabilidad de las operaciones, etc. Posiblemente durante la fase de evaluación de productos se involucrará a algunos vendedores para validar la funcionalidad y usabilidad del producto. En este ejemplo se da la circunstancia de que el grupo mayoritario de usuarios (vendedores) en general es reacio a la adopción de productos SFA en la empresa, por la amenaza implícita que para ellos supone una mayor visibilidad de sus actividades y una rendición de cuentas más detallada.

Si un fabricante de SFA proporciona una experiencia de uso extraordinaria a vendedores y gerentes pero no es capaz de convertir todo eso en una mayor eficacia y eficiencia en la actividad comercial, un reporting más fácil y unas previsiones de venta más fiables para los ejecutivos de la empresa cliente, es difícil que tenga éxito en el mercado. Y eso es porque los que tienen la decisión y el dinero no van a ver claro qué resultados les permitiría alcanzar el producto.

Por supuesto que la división compradores/usuarios depende del tipo de producto (y del cliente particular) e identificar el proceso particular de compra en cada caso es trabajo del equipo comercial. Por ejemplo, en la compra de otro tipo de producto (digamos, una herramienta de desarrollo de software) el Director de Sistemas podría desempeñar un papel de decisor principal o evaluador de negocio.

¿Satisfacer a compradores o a usuarios?

Entonces ¿debemos anteponer la satisfacción de los compradores a la de los usuarios? En realidad ésta es una falsa dicotomía porque ambas están conectadas.

Por supuesto que resolver las necesidades y realizar las tareas de los usuarios es vital en sí mismo, pero además porque -si el producto está bien diseñado- en conjunto todo eso contribuirá también a alcanzar los objetivos de los responsables de negocio. En cierto modo, la funcionalidad y la experiencia del usuario es un fin en sí mismo y también un medio para que los compradores de negocio alcancen sus objetivos. Y esto último es el principal argumento de venta.

Tenemos que diseñar productos que conjuguen las tareas a realizar y la experiencia a proporcionar a los usuarios con los objetivos a alcanzar y los resultados a conseguir por los compradores, y que utilicen las primeras como un vehículo para alcanzar los segundos.

Durante el proceso de compra tenemos que ayudar a los compradores a entender cómo el producto va a crear esa conexión entre experiencias de uso y resultados de negocio. Porque, seamos claros: por definición, si los que tienen el poder y el dinero en la empresa cliente no están convencidos no nos van a comprar.

Eso implica que no podemos dejar la creación de una experiencia de compra excelente como responsabilidad únicamente de la función de marketing y ventas, como si esta experiencia fuera algo que se puede añadir a posteriori, con independencia del producto. Aunque la experiencia de compra tiene muchos componentes off-product, también son muchos sus elementos on-product, como veremos en el próximo post.

Eso en lo que se refiere al proceso antes de la compra. Con posterioridad a él, es evidente que una buena experiencia de usuario -que optimice la realización de sus tareas y la consecución de los objetivos de negocio- es vital también para la satisfacción a largo plazo del cliente (y las consiguientes renovaciones, ampliaciones y ventas adicionales del producto).

En el próximo post hablaremos de cómo diseñar productos que sean comprables, lo que implica proporcionar a los compradores tanto una buena razón para comprar como una excelente experiencia de compra.

Hasta entonces, trata de hacer este pequeño ejercicio: piensa en un producto que conozcas (si es uno que estás intentando vender, mejor) y piensa en quiénes son sus compradores y sus usuarios principales y en el protagonismo de cada uno antes y después de la compra.

El post “¡Es el comprador, estúpido!” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Desarrollar nuevas ofertas y modelos de negocio en mercados tecnológicos plantea retos muy particulares. Descubre en este documento cómo desarrollar productos que los clientes necesitan.]

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En empresas de producto, el Product Manager es el puesto encargado de gestionar cada producto como un negocio. Su trabajo comprende no sólo el desarrollo de nuevos productos, sino la gestión de todo su ciclo de vida. Por eso, cuando los ejecutivos de la empresa buscan “un cuello que apretar”, éste es el del Product Manager.

En empresas de producto (sobre todo, las multiproducto) existe desde los años 1930s la figura del Product Manager o Jefe de Producto, como responsable del éxito comercial de cada oferta. En empresas tecnológicas y de productos B2B su adopción es menos reciente, tal vez porque tradicionalmente se trata de organizaciones más orientadas a la tecnología que al mercado, donde se piensa que “si conseguimos que el producto funcione nos lo van a quitar de las manos”. En estas empresas a lo sumo se designaba a una persona del departamento de desarrollo/ ingeniería para que fuera responsable de una gestión esencialmente técnica del producto.

Afortunadamente, hace mucho tiempo que las empresas tecnológicas más orientadas al mercado se dieron cuenta de que para garantizar el éxito de sus productos el responsable debería ser una persona y no un comité e instituyeron el puesto de Product Manager (que a veces recibe nombres como Market Manager, Industry Manager, Product Strategist, etc.). Hay muchas descripciones del puesto de Jefe de Producto pero la mayoría inciden en aspectos como estos:

  • El Product Manager debe gestionar el producto como un negocio / es el “CEO del producto”.
  • El Product Manager se encarga de que la empresa haga productos que la gente quiera comprar / garantizar el éxito de sus productos en el mercado.
  • El Product Manager  debe entender el mercado y representarlo dentro de la empresa / es el mensajero del mercado.
  • El Product Manager es un puesto con “toda la responsabilidad… pero ningún poder”.

Si queréis más detalle os recomiendo leer este post de hace unos años (donde hablábamos de las actividades del Jefe de Producto y de sus interacciones con otros departamentos de la organización: Dirección, Tecnología, Marketing, Ventas) o acudir a algunas de las excelentes fuentes sobre el tema que hay en Internet. Entre ellas, la empresa Pragmatic Marketing, que se ha convertido en la referencia obligada sobre Product Management de productos tecnológicos. En su Framework se detallan las actividades del Product Manager que, partiendo de los Problemas de Mercado (esquina superior izquierda) van desplegándose desdes las más  estratégicas a las más tácticas y desde las más enfocadas en el negocio a las más técnicas.

PragmaticMarketing Framework

En el sitio web de Pragmatic Marketing podéis encontrar la versión más actualizada (y animada con explicaciones) de este Framework.

En resumen, el Product Management se ocupa de llevar productos replicables al mercado con éxito. El Jefe de Producto gestiona la vision, el roadmap, los segmentos objetivo, la aceptación por los clientes, las métricas de éxito, los presupuestos y, finalmente, la cuenta de pérdidas y ganancias. Desde hace muchos años, cuando los directivos de una empresa de producto han pedido “un cuello para apretar”, ese ha sido el del Product Manager.

Algunas empresas asumen que este rol tiene que ver con el poder y el control, pero en realidad tiene más que ver con el enfoque. El Product Manager debe descubrir problemas de mercado que valga la pena resolver, comunicar la oportunidad dentro de la organización y articular una visión de producto y una estrategia para mantener alineados a todos los departamentos involucrados.  Segmenta y prioriza los requisitos de los clientes basándose en evidencias y datos del mercado, en lugar de las últimas opiniones y demandas de clientes, vendedores o directivos.

La función del Product Manager es muy amplia y compleja y en ciertos escenarios (p. ej.: empresas grandes con muchos productos y presencia en diversos sectores o mercados geográficos) puede convenir dividirla entre varios perfiles especializados. En “The Strategic Role of Product Management” de Pragmatic Marketing se proponen estos tres:

  • El Director de Estrategia de Producto tiene orientación al negocio y es responsable del desarrollo y la implementación de la estrategia para una familia de productos. Mantiene una relación muy cercana con el mercado para entender sus necesidades y perspectivas.
  • El Technical Product Manager es responsable de definir los requisitos del mercado y de empaquetar las funcionalidades en productos. Esta función exige una gran interacción con el equipo de Tecnología / Ingeniería y con clientes clave.
  • El Product Marketing Manager proporciona soporte de producto en programas de marketing, habilitación de ventas y apoyo al canal.

La gestión de producto es una función enfocada hacia el exterior de la empresa. Sin embargo, algunos departamentos con los que el Product Manager debe colaborar suelen ver a éste como un recurso de soporte interno. Últimamente, la aplicación de metodologías ágiles tiende a hacer que la gestión de producto sea una actividad más interna, con el Jefe de Producto forzado a participar en actividades técnicas de nivel táctico (lo veremos en un próximo post). Pero ese tiempo dedicado a los equipos internos puede significar menos tiempo fuera de la oficina, en el mercado. Y no se puede llegar a entender un mercado si no se sale del despacho.

En próximas entradas nos ocuparemos de algunos temas de actualidad relacionados con la función de Product Management:

Más posts sobre Product Management.

El post “El papel del Product Manager en una empresa tecnológica” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Una buena función de «product management» es imprescindible para gestionar cada producto como un negocio. Descubra en este taller práctico cómo implementar una gestión de productos realmente enfocada en el mercado.]

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(ACTUALIZACIÓN IMPORTANTE: en febrero de 2015 Textalytics ha pasado a llamarse MeaningCloud)

En Daedalus llevamos algún tiempo explorando nuevos modelos de negocio para comercializar nuestras tecnologías semánticas. Estas tecnologías permiten extraer elementos de significado (personas, marcas, conceptos, temas, hechos, opiniones) del contenido no estructurado, para poder clasificarlo, recuperarlo, relacionarlo, interpretarlo y en general explotarlo mejor.

Como hemos comentado por aquí en otras ocasiones, para un pequeño fabricante de software con presencia principalmente local y que compite en un mercado muy rápido con algunos de los mayores players del sector tecnológico, los modelos de negocio basados en API (Application Programming Interface) constituyen una alternativa natural.

Daedalus ha estado colaborando con sus clientes, explorando durante más de un año diversos modelos de negocio basados en API. Estos experimentos en el mercado han cristalizado en Textalytics, un nuevo concepto de oferta semántica en modo SaaS.

Textalytics - Meaning as a Service

Textalytics, Meaning as a Service (ahora MeaningCloud) ofrece a aquellos desarrolladores / integradores que quieran incorporar procesamiento semántico avanzado a sus productos de manera eficaz, rápida y barata una funcionalidad multilenguaje de alto nivel. Contrariamente a otras ofertas de tecnología semántica en modo SaaS, Textalytics ofrece varias API, cada una de ellas con una funcionalidad específica y cercana a un dominio de aplicación, así como SDK, plug-ins… que hacen que el aprendizaje y el uso sea mucho más fácil, reduciendo el tiempo necesario para obtener resultados y el time-to-market.

Textalytics es Meaning as a Service en dos sentidos: primero, es un servicio web que extrae elementos de significado de todo tipo de contenidos no estructurados (documentos, conversaciones sociales…). En segundo lugar, e igualmente importante, empaqueta y publica esa funcionalidad de modo que tenga significado desde el punto de vista del negocio y del escenario de aplicación. Textalytics oculta la dificultad técnica y salva la brecha entre las API semánticas y los desarrolladores enfocados en su negocio, acelerando el aprendizaje y multiplicando la productividad.

De momento Texctalytics ha conseguido llamar la atención de los medios especializados y los analistas tecnológicos más importantes. Si queréis saber más podéis ir al blog de Daedalus o a las reseñas que hacen SemanticWeb o Programmable Web.

Pero si eres un desarrollador/integrador interesado en “semantizar” tus productos y aplicaciones de manera sencilla y sin riesgos te recomiendo que te registres gratis (hacerlo en MeaningCloud) y empieces a jugar con sus APIs.

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Un proceso de fabricación de clientes debe tener en cuenta al comprador y su viaje de compra, eliminar obstáculos en él y dar al cliente razones para avanzar en su proceso.

En los últimos posts venimos hablando de la necesidad de que las empresas integren y optimicen sus actividades der Marketing y Ventas en un proceso unificado de generación de ingresos y de que dicho proceso se podría asimilar al de fabricación de un producto muy particular: nuestros clientes. En esta era de clientes cada vez más informados, conectados y autónomos, el objetivo del proceso debería crear las condiciones para que el comprador entre en contacto y reaccione favorablemente hacia nuestra oferta.

Desarrollar tu propio proceso de fabricación de clientes significa crear las tareas, flujos y actividades necesarias para llevar a un lead a través de un circuito optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir esas operaciones cientos o miles de veces de manera eficiente, fiable y escalable.

Proceso de fabricación de clientes

Muchos confunden el diseño de un proceso de generación de ingresos con la descripción del funnel o con la enumeración de una serie de tácticas, formatos de contenidos, medios y canales. Nosotros vamos a intentar dar un paso más allá, entendiendo que no nos proponemos diseñar un proceso concreto de fabricación de clientes (que obviamente es dependiente del tipo de producto, mercado, etc. de que se trate) sino a dar unas líneas generales sobre cómo llegar a definir e implantar ese proceso.

Para definir nuestro proceso comercial tenemos que dibujar el proceso de compra de nuestro cliente (organización) y los “viajes” típicos de nuestros compradores y modelar un engagement óptimo con cada uno. Y debemos enfocar nuestros esfuerzos en aquellas tareas que tengan un impacto máximo en el movimiento de un cliente potencial hacia un evento de generación de ingresos.

Etapas en el diseño de tu «fábrica de clientes»

Vamos a esbozar los pasos para diseñar un proceso de generación de ingresos en productos de compra compleja. Por descontado, todos estos pasos son específicos de cada producto/mercado particular y deberán basarse en un conocimiento de primera mano de nuestros clientes y en una validación en el mercado real. Los pasos son:

1. Entender la empresa/organización cliente

¿Cuál es el perfil de tu organización cliente ideal? ¿Cuáles son las etapas en su ciclo de vida como cliente? ¿Tu producto pertenece a una categoría conocida y adoptada y se puede identificar un proceso de compra típico? ¿O, por el contrario, tenemos que -o nos conviene- cambiar el proceso de compra o crear uno nuevo? (Por ejemplo, pensemos cómo han cambiado los procesos de compra de software corporativo con la llegada del Software-as-a-Service.) ¿Cuáles son, a nivel macroscópico, las fases de ese proceso de compra?

2. Modelar los compradores y otros involucrados

No olvidemos que aunque nuestro cliente sea una organización nuestros compradores son individuos. En ese proceso de compra ¿qué perfiles/roles  de comprador intervienen? ¿Cómo y cuándo se involucran/influyen?

Es imprescindible modelar personas de comprador (arquetipos) que incluyan aspectos como: sus objetivos, retos y métricas de éxito, sus problemas/necesidades a cubrir, sus actitudes y creencias sobre las posibles soluciones a su problema, sus comportamientos de compra, fuentes de información y criterios de selección.

Un aspecto primordial en el conocimiento y modelado de cada persona es su “viaje del comprador”. ¿Qué etapas atraviesa? ¿Cómo participa en el proceso de compra? ¿Qué experiencias de compra espera? ¿Qué puntos de contacto tiene con nosotros? ¿Qué puede actual como freno y acelerador en cada momento? ¿Qué interacciones deberíamos tener con los compradores, tanto en cuanto a información como en relación?  Ya tratamos este tema en la serie de posts sobre “¿Cuál es tu verdadero problema de marketing?”

3. Definir etapas, flujos y actividades del proceso comercial

Ésta es la parte más esencial del diseño. Hay que identificar las fases y actividades para transformar un potencial comprador en un cliente satisfecho, p. ej., Atraer, Capturar, Desarrollar y Gestionar la relación, Diseñar y Demostrar la solución, Negociar y Cerrar, Entregar y Servir, Fidelizar y Extender, Referenciar…. (Para los ingenieros lectores de este blog, puede resultar útil modelar el conjunto mediante una representación tipo cadena de resultados o diagrama de estados-transiciones, con sus etapas, actividades y resultados.)

Y dentro de cada fase ¿qué componentes de información y relación/engagement deberíamos aplicar? ¿Qué respuestas deberíamos dar? ¿Qué mensajes deberíamos suministrar? ¿Qué historias deberíamos contar? ¿Cómo introducir en el diálogo elementos de provocación e insights? ¿Cómo estimular la involucración del potencial cliente, su diálogo con nuestra empresa y el avance de su proceso de evaluación y compra? ¿Cómo cultivar la relación con él antes y después de la compra y fidelizarlo?

Resulta primordial decidir qué grado de proximidad y personalización en la interacción es la óptima en cada fase y para cada comprador porque eso influye enormemente en la necesidad de aplicar recursos humanos especializados o tecnologías sofisticadas de automatización y, por lo tanto,  en los costes y la eficiencia del proceso.

4. Seleccionar técnicas y herramientas

¿Qué mix online/offline, inbound/outbound, pagado/propio/ganado es el más indicado? ¿Cuáles son los formatos y canales más adecuados para atraer la atención, conseguir el permiso y continuar el diálogo con los clientes? (Un aspecto importante lo constituye el mapping de contenidos.) ¿Cuáles son la organización y los recursos técnicos y humanos más adecuados para llevarlo a cabo: sistemas de Automatización de Marketing, equipos de inside sales, vendedores sobre el terreno…?

Experimentar, validar y optimizar el proceso de generación de ingresos

Como todos los componentes de nuestro modelo de negocio, el diseño de nuestro proceso comercial no puede hacerse sobre el papel. El objetivo último es descubrir y validar un proceso que podamos replicar y escalar y eso es algo que en última instancia sólo podemos asegurar mediante la experimentación y validación en el mercado en un proceso de iteraciones sucesivas (por ejemplo, aplicando Customer Development).

Y al igual que en los procesos de fabricación de los productos habituales debemos comprometernos con un objetivo de mejora continua. El funnel, tal como explicábamos en otro post, constituye un instrumento imprescindible de control y análisis del proceso de generación de ingresos. Incluso al nivel de iniciativas tácticas y campañas, la experimentación, medida y optimización son imprescindibles. Todos estos son elementos de un Marketing más ágil, tema del que volveremos a hablar por aquí.

El post “Diseña, valida y construye tu fábrica de clientes” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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Muchos directores comerciales se mantienen ocupados con “actos aleatorios de marketing” en lugar de implantar un proceso sistemático de generación de ingresos que los haga ser más productivos. Descubre si ese es tu caso.

Llevamos algún tiempo en este blog hablando de cómo los procesos de Marketing y Ventas están rotos y de por qué las empresas deberían aplicar un cierto “enfoque de operaciones” a su función comercial, integrando las actividades y la organización de generación de ingresos alrededor de un ciclo unificado y midiendo y optimizando todo el proceso.

En más de una ocasión hemos asimilado este proceso integrado de generación de ingresos al proceso de fabricación de un producto muy particular: nuestros clientes. Tal vez sea una metáfora un poco exagerada (e incluso algo desconsiderada) sobre todo en estos tiempos que corren de compradores más informados, autónomos y conectados. ¿Realmente podemos pensar en “procesar” un comprador del siglo XXI, del mismo modo que ensamblamos un automóvil?

Máquina de fabricar clientes

Por eso a veces prefiero usar como metáfora la producción de productos químicos, en los que el proceso de fabricación consiste más bien en “crear las circunstancias” para que se produzca una cierta reacción química entre elementos. Del mismo modo, el proceso comercial debe ayudar a crear las condiciones para que el comprador entre en contacto y reaccione favorablemente hacia nuestra oferta. Y, como todo proceso de fabricación, debe ser eficiente, fiable y escalable, con unas “palancas” claras que, cuando son accionadas, multiplican la velocidad de producción.

Cómo saber si necesitas implantar un proceso de generación de ingresos

Reconozco que convertir la actividad comercial en un proceso puede resultar un empeño antinatural para la típica persona de Marketing/Ventas, más habituada a los aspectos eminentemente creativos y relacionales de esta función. Pero no hay más remedio: la alternativa son esos “actos aleatorios de marketing” (sin estrategia, sin objetivos, sin presupuesto, sin métricas… sin resultados) con los que parecen mantenerse ocupados muchos profesionales, pero que en realidad no les hacen ser más productivos.

Os propongo un pequeño autodiagnóstico. Estos son algunos indicios de que tal vez deberías definir mejor tu proceso de generación de ingresos:

  • Tu planificación de Marketing y Ventas consiste realmente en un presupuesto para gastar en una serie de medios y canales, sin conexión con unos objetivos de negocio
  • Tus actividades de Marketing son un conjunto desconectado de eventos y campañas, principalmente outbound
  • Marketing no consigue generar suficiente número de leads de calidad y los contenidos y materiales que elabora son irrelevantes para ayudar a los clientes a comprar
  • Ventas debe generar sus propios leads y elaborar  contenidos y materiales, incurriendo en enormes costes directos y de oportunidad
  • No sabes en qué grado de madurez se encuentran todos esos leads que figuran en tu base de datos… o ni siquiera dispones de una base de datos de leads
  • Dispones de abundantes plantillas y procesos predefinidos para iniciativas tales como ejecutar una campaña, exhibir en un evento o lanzar un producto, pero careces de un proceso consistente extremo a extremo para llevar un lead desde la generación hasta la compra y más allá.

Si te has encontrado asintiendo en la mayoría de los puntos anteriores te recomiendo que sigas leyendo.

Implantar tu propio proceso de fabricación de clientes significa crear las actividades necesarias para llevar a un lead a través de un circuito optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir esas operaciones cientos o miles de veces de manera eficiente, fiable y escalable.

Estas ideas han pasado al primer plano durante el último año y no faltan gurus, consultores, y fabricantes de herramientas de marketing que prometen explicarnos cómo construir un proceso de generación de ingresos. Pero mi impresión es que, especialmente en productos de compra compleja, se suelen quedar cortos (si tenéis algún ejemplo de lo contrario indicadlo en los comentarios, por favor) y se suelen limitar a hablar de:

  • El funnel comercial (o los funnels de Marketing y Ventas). Pero ya sabemos que el funnel no es un proceso de fabricación de clientes -en el sentido de que no explica cómo transformar activamente los leads en clientes satisfechos- sino más bien el sistema de inventario de ese proceso de fabricación.Y el contar con un funnel ya definido es la causa de que muchas empresas carezcan de un proceso real de generación de ingresos.
  • Una enumeración genérica (sin demasiada justificación) de una serie de tácticas, formatos de contenidos, medios y canales adecuados para cada fase del ciclo de compra de un cliente “típico”… de cualquier producto.

Nosotros vamos a intentar llegar un poco más allá y en el próximo post hablaremos de cómo puedes diseñar, validar y construir tu propia “fábrica de clientes”.

El post “¿Necesitas un proceso para fabricar clientes?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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El funnel no es nuestro proceso de fabricación de clientes, sino el sistema de inventario de ese proceso. Y, bien construido, nos permite prever nuestras actividades de generación de ingresos a medio y largo plazo. Esta es la llave para que el departamento de Marketing pueda demostrar su contribución y deje de ser considerado un centro de gastos difíciles de justificar.

Decíamos en el post anterior que algunas de las voces que anuncian la muerte del funnel comercial asumen erróneamente que el embudo representa el ciclo de vida del cliente / proceso de compra / viaje del comprador o que en sí mismo constituye un proceso de Marketing+Ventas. Pero esa no es la realidad.

El propósito del funnel es entender, medir, controlar y ayudar a optimizar nuestro proceso de generación de ingresos: cuántos potenciales clientes se generan, con qué ratios y a qué velocidad van moviéndose entre las etapas, cuál es el valor de los elementos en cada fase y qué cambios operativos deberíamos hacer para afinar el proceso y eliminar cuellos de botella.

Marketing Sales Funnel

Uno de los cambios que más pueden beneficiar a la actividad comercial es aplicar un cierto «enfoque de operaciones».Si aceptamos que nuestro proceso de generación de ingresos viene a ser como el proceso de fabricación de un “producto” muy particular -nuestros clientes- podemos análogamente asimilar el funnel al sistema de inventario de ese proceso. Aunque, como inventario de un proceso de fabricación, el funnel es un poco particular: además de cuantificar los volúmenes y los costes de los productos en curso trata de medir la transformación entre las fases del proceso y el “valor de mercado” de esos productos. Los elementos que discurren por el proceso son:

  • Materia prima, que en el caso de la “fabricación de clientes” recibe denominaciones como las de visitantes, nombres, suspects, raw leads
  • Producto en curso, que en este entorno suelen llamarse prospects, qualified leads (en varios “grados de acabado”, oportunidades
  • Producto terminado: clientes reales

Personalmente, no me gusta utilizar para el funnel nombres de etapas que reflejan una perspectiva “interna”, basada en nuestra organización y funciones. Etapas con nombres como Marketing Qualified Leads, Sales Accepted Leads, Sales Qualified Leads… no tienen sentido desde el punto de vista del ciclo de vida del cliente y tal vez ni siquiera desde el punto de vista de nuestros propios procesos de Marketing+Ventas. En cierto modo son etapas “artificiales” cuya definición depende de cómo organicemos nuestras actividades y de los criterios que utilicemos en cada momento.

El objetivo del proceso comercial no es generar MQLs (o SQLs), sino potenciales clientes interesados en (o evaluando) nuestro producto… Por eso prefiero definir el funnel mediante etapas que reflejen el ciclo de vida del cliente, p. ej., en el caso de un producto de compra compleja: Interesado, Considerando, Evaluando, Decidiendo, Negociando… Obviamente -aún siendo estas etapas mucho más significativas y “naturales”- el problema de definir criterios de cualificación para los leads que se encuentran en cada etapa y de transición de una etapa a otra dista mucho de ser trivial.

Caracterizando el funnel: volumen, conversión, velocidad, valor

Sea cual sea el faseado del funnel, las características básicas del éste (que habría que controlar mediante las métricas adecuadas) son las siguientes:

  • Volumen: número (de elementos: prospects, leads…) en cada fase. Da idea del “alcance” de nuestras actividades
  • Conversión: ratios medios de transformación entre una fase y otra (o entre una fase y el final del funnel/cierre)
  • Velocidad: período medio en cada fase (o del ciclo completo)
  • Valor: “precio” medio en cada fase. ¿Si el valor medio de una operación cerrada es 100, cuánto vale una oportunidad de venta? ¿Y un lead cualificado? Deberíamos poder definir un modelo para el valor de un lead en función de su ratio hasta cierre, valor medio de cliente y otras variables
  • Coste: coste medio en cada fase, repercutiendo los costes de las actividades realizadas para llegar a dicha fase
  • Origen: atribución a departamento, campaña…

Obviamente para cada uno de estos aspectos hay que definir las métricas adecuadas (accionables, accesibles, auditables… según la terminología al uso) para controlarlos.

Inventariar el volumen, la conversión, la velocidad y el valor del funnel es crucial porque nos permite predecir sus salidas (“producción”) a medio y largo plazo. De este modo no estamos limitados -a la hora de hacer previsiones- al típico forecast de ventas a tres meses vista. Aparte de tener una mayor visibilidad y control sobre el negocio global, esta posibilidad permite el departamento de Marketing cuantificar y demostrar su contribución desde el primer momento delante de la alta dirección. Con unas buenas estimaciones, fiables mes a mes, Marketing puede dejar de ser considerado un centro de gasto para pasar a convertirse en una imprescindible inversión en el crecimiento de la empresa.

Finalmente, aunque en el futuro el cambio en los procesos de compra y comercialización nos obligue a ir optando por funnels menos lineales, siempre persistirá la necesidad de una herramienta para entender y contabilizar el proceso, que nos ayude a optimizarlo y a predecir su producción a corto y largo plazo.

En próximos posts hablaremos de si en tu caso necesitas un proceso de fabricación de clientes y de cómo diseñarlo, validarlo y construirlo.

El post “El funnel es el sistema de inventario de tu proceso de fabricación de clientes” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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Últimamente hay muchos que defienden que el funnel lineal ya no es útil en esta época de clientes más sociales y autónomos. Pero algunas de esas críticas se basan en el concepto erróneo de equiparar el funnel con el ciclo de vida del cliente / viaje del comprador o con el propio proceso de Marketing+Ventas.

Uno de los temas más actuales en el campo de la gestión comercial (y en este blog) gira alrededor de la necesidad de optimizar el ciclo de generación de ingresos y de proporcionar a los clientes unas experiencias de compra satisfactorias y consistentes, con el consiguiente imperativo de implementar un proceso comercial integrado y de unificar funnels de Marketing+Ventas.

Funnel muerto

En este contexto, se han alzado opiniones que defienden que la propia idea de un “embudo” lineal ha quedado obsoleta y que el funnel comercial ha muerto. El argumento es que un funnel lineal no puede representar ese camino lleno de ciclos y desviaciones, puntos de entrada y salida alternativos e influencias externas que un comprador recorre en esta época social. Probablemente la representación más gráfica de esta nueva situación es la que se presenta en este post Lori Wizdo, de Forrester  (y que apareció inicialmente en el informe de 2007 “Marketing’s New Key Metric: Engagement”). Posteriormente, tanto McKinsey con su Consumer Decision Journey como Google con su Zero Moment Of Truth han hecho aportaciones interesantes. Y estas críticas tienen su parte de razón: la web y los medios sociales han empujado la asimetría informativa hacia el lado de los compradores y estos ya no siguen el camino marcado por el proveedor, sino que son más autónomos y tienen el control del proceso.

Otro argumento que frecuentemente se utiliza en descrédito del funnel es que sustenta una teoría de la generación de ingresos como “juego de grandes números” y que es “pasivo”, en el sentido de que no se representan las fuerzas que tratan de convertir esos inquiries, suspects, etc. en oportunidades y clientes.

Y, ciertamente, cualquiera que contemple un funnel sin saber lo que representa pensará equivocadamente que el proceso de generación de ingresos consiste en “dejar deslizarse” a cientos o miles de supuestos leads a través de un camino de desgaste en serie hasta que al final del embudo emerge una operación cerrada. Pero si algo sabemos los que trabajamos en esto es que en el funnel no hay una fuerza de gravedad natural que empuja los leads hacia el fondo del embudo… sino más bien una fuerza  centrífuga que los lleva a alejarse de él.

Realmente, aunque estas críticas tienen parte de razón (y además, los titulares sobre la muerte del funnel llaman la atención) parten de una premisa equivocada: ni el funnel está pensado para representar el ciclo de vida del cliente ni constituye un proceso comercial integrado. Vamos por partes.

El funnel NO representa el ciclo de vida del cliente / proceso de compra / viaje del comprador…

En productos de compra compleja/organizacional es frecuente hablar de aspectos como el ciclo de vida del cliente, su proceso de compra y el “viaje del comprador “. Y aún tratándose de artefactos fundamentalmente diferentes (otro día lo explicaremos) esencialmente todos  ellos nos ayudan a entender cómo compran nuestros clientes, cómo intervienen en esos procesos los diferentes actores involucrados y cuál es la evolución en el tiempo de la relación de un cliente con su proveedor.

Sin duda, el ciclo de vida del cliente / viaje del comprador es ahora menos lineal y más autónomo respecto del proveedor (y en muchos momentos resulta, incluso, invisible para él). Pero el funnel no entra ahí: tal como algunos resaltan últimamente, ni baja al detalle de cada lead/oportunidad particular ni mucho menos refleja el viaje de cada comprador individual.

Los modelos/mapas de ciclo de vida del cliente, viaje del comprador, etc. son imprescindibles para entender qué información necesitan los clientes para avanzar en su proceso de compra, los contenidos que nuestra empresa debe ofrecer y las experiencias que debe proporcionar en cada punto de contacto: en definitiva, para a partir de ellos definir un proceso comercial integrado. Como veremos más tarde, la utilidad del funnel es otra.

… pero el funnel tampoco constituye un PROCESO de generación de ingresos

El funnel es una fotografía macroscópica (agregada) del resultado de nuestras iniciativas de Marketing y Ventas. Pero no representa una visión “activa” (del tipo  “¿cómo se actúa sobre los leads para convertirlos?”) ni microscópica por lead. Y es que un funnel no es un proceso de generación de ingresos.

Como dice la propia Lori Wizdo en «Pinpoint The Actions And Outcomes That Elevate Leads To Revenue», un proceso de generación de ingresos comprende las actividades y competencias necesarias para llevar a un lead a través de un proceso optimizado que lo convierta en cliente y, después, repetir ese proceso cientos o miles de veces. A mí me gusta ver el proceso de generación de ingresos como el “proceso de fabricación” de un “producto” muy particular: nuestros clientes.

Y lamentablemente, muchas empresas se creen que por definir un funnel ya tienen un proceso activo de Marketing y Ventas  y no van más allá en la definición de sus actividades comerciales. El funnel es la causa de que muchas empresas carezcan de un proceso explícito y deliberado de generación de ingresos. Pero, por mucho que el viaje del comprador sea cada vez más disperso y autónomo, como proveedores no podemos renunciar a definir y crear la mejor cadena de eventos para que ese viaje culmine en una decisión favorable a nuestra propuesta.

Finalmente, si estamos de acuerdo en que el funnel no es ni el ciclo de vida de nuestro cliente ni nuestro proceso de generación de ingresos nos queda por ver qué es realmente y para qué sirve el embudo. Lo veremos en el próximo post, pero mientras tanto, pensad en esta analogía: si nuestro proceso de generación de ingresos debe ser nuestro proceso de fabricación de clientes, entonces ¿qué debería ser el funnel?.

El post “El funnel ha muerto… ¿o no?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Conceptualizar nuestros problemas de marketing y ventas desde un punto de vista interno puede confundirnos. Descubre en este documento cómo definir tus verdaderos problemas de marketing desde la perspectiva del cliente.]

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Los procesos tradicionales de Marketing y Ventas no sirven en esta época de clientes más conectados, informados y autónomos. La desintegración y diferencias de objetivos entre Marketing y Ventas está en la causa del bajo crecimiento de muchas empresas. Como venimos repitiendo últimamente por aquí, es imprescindible construir una función integrada de Generación de Ingresos que sea más controlable, fiable y escalable. Desde mi punto de vista esto sólo se puede conseguir aplicando tres grandes cambios:

  • Un absoluto foco en el cliente: nuestros productos y procesos comerciales deben definirse en función de lo que el cliente necesita y cómo lo compra, con el objetivo último de crear, entregar (y capturar) valor para él.
  • Un enfoque de operaciones: además de los componentes más creativos y relacionales de Marketing y Ventas es imprescindible introducir un «enfoque de producción» en la actividad comercial, con procesos más integrados, medibles y escalables.
  • Una mayor agilidad comercial: especialmente en mercados nuevos, cada vez toman mayor importancia la experimentación y el aprendizaje (frente a las tradicionales actividades de planificación y ejecución).

Este es el tema del taller que voy a impartir en la Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit), titulado «Eficacia y eficiencia en los procesos de comercialización de innovación y tecnología», y que tendrá lugar en su sede de Madrid el próximo 16 de mayo.

El taller está dirigido a directivos comerciales (Marketing, Ventas, Desarrollo de Negocio) de Empresas y Centros Tecnológicos que están obligados a implantar unos procesos controlables, fiables y escalables con un objetivo muy claro: generar ingresos.

Éste es el resumen de contenidos: 

  • Los procesos actuales de generación de ingresos (Marketing, Ventas, Desarrollo de Negocio) en mercados B2B no funcionan. El Cliente 2.0
  • El compromiso Valor de la vida del cliente / Costes de adquirir un cliente. Adaptando los procesos de marketing y ventas a los procesos de compra de los clientes
  • Un nuevo enfoque: el Proceso Integrado de Generación de Ingresos. Convertir la función comercial en un proceso controlable, fiable y escalable de producción de clientes
  • Cómo atraer potenciales clientes: marketing basado en contenidos, marketing inbound, marketing en buscadores, marketing social
  • Cómo gestionar y cultivar la relación con ellos para ayudarles a avanzar en su compra y evitar «fugas» en el proceso
  • Cómo organizarse para implantar un proceso integrado. Del Growth Hacker al Chief Revenue Officer. Equipos multifuncionales
  • Cómo medir y optimizar todo, para demostrar y mejorar desde el primer día la contribución y los resultados de la actividad comercial
  • Herramientas de automatización y análisis de la función comercial
  • Hacia un Marketing Ágil: en lugar de Planificar y Ejecutar, Experimentar para Aprender

En está página tenéis más información sobre contenidos a inscripción. Si estáis por Madrid ese día, os animo a que os inscribáis y a que nos conozcamos personalmente.

Gracias a Marta Muñoz (@MartaMunozFerna) y a su equipo por contar nuevamente conmigo.

El post «Taller sobre integración y optimización de procesos comerciales» se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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El primer paso de una estrategia en medios sociales es «escuchar» lo que dicen nuestros clientes sobre nuestra empresa, sus marcas/productos, sus competidores… en redes sociales, blogs, foros, etc. Si eres un community manager que no dispone de un amplio presupuesto para herramientas avanzadas de monitorización probablemente te pases unas cuantas horas al día con la vista puesta en las pantallas de Twitter, Facebook, HootSuite, TweetDeck… leyendo tweets/posts irrelevantes, a la espera de algo que merezca atención. Ahora la tecnología semántica te puede facilitar la vida. 

En Daedalus acabamos de publicar una nueva­­­­ versión de Sentimentalytics, un plug-in para navegador que analiza “al vuelo” y etiqueta semánticamente los timelines que aparecen en redes y herramientas sociales. En este post podéis leer sobre los orígenes del proyecto.

Nuestra idea con Sentimentalytics es liberar a community managers y agencias de la necesidad de leer miles de posts irrelevantes y permitirles concentrarse en aquellas conversaciones que merecen una atención especial en virtud de su significado.

Con solo hacer clic sobre el botón de Sentimentalytics, estas páginas, timelines, resultados de consultas, etc. aparecen anotados dinámicamente con etiquetas que indican las entidades que se mencionan, el idioma y el tema del documento, así como el sentimiento tanto general como asociado a cada entidad.

Screenshot Sentimentalytics

Sentimentalytics funciona integrado en las interfaces de las redes y herramientas sociales más habituales (Twitter, Facebook, Google+, TweetDeck, HootSuite y otras) y analiza textos en español, inglés y francés. De este modo, el plug-in facilita una “gestión por excepción” y en tiempo real de los medios sociales. El uso de la versión estándar de Sentimentalytics es completamente gratuito, tenéis más información en el blog de Daedalus y en esta presentación.

Me gustaría aprovechar la ocasión para agradecer a los amigos (community managers y usuarios avanzados) que con sus sugerencias han contribuido al desarrollo de la herramienta durante la anterior fase de beta privada.

No olvidéis registraros gratis en Sentimentalytics.com. ¡Que os sea útil!

El post «Community manager: olvídate de leer todos esos tweets/posts irrelevantes» se publicó primero en «Marketing&Innovación».

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