Crecimiento de productos tecnológicos

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La innovación del significado de los productos cambia el marco de referencia y da a los clientes una razón totalmente nueva para comprar y usar un producto.

Los habituales de este blog están acostumbrados a leer sobre la innovación en sus múltiples “sabores”: incremental, radical, disruptiva, technology push, market pull… Hoy vamos a presentar una nueva dimensión para mirar la innovación: el significado de los productos.

Innovación de significado

Cuando hablamos de “significado de un producto” nos referimos al propósito de ese producto o servicio tal como lo percibe el usuario. Tiene que ver con la razón esencial por la cual se compra y usa el producto (el “porqué”), no con el “cómo” se usa (su interacción) ni con el “qué” es (sus características). Por ejemplo, alguien puede comprarse un reloj de pulsera simplemente para medir el tiempo o como símbolo de estatus social.

La innovación de significado se define como un cambio en el propósito para el cual la gente compra y usa los productos. No está necesariamente asociada con una mejora en las prestaciones según los parámetros comúnmente aceptados, sino más bien con un cambio de esos parámetros y con la creación de nuevas razones para que la gente use algo. La innovación de significado cambia el marco de referencia de los productos, trasciende a las necesidades actuales y da a los clientes una razón totalmente nueva para comprar un producto.

Por ejemplo, en el siguiente gráfico se muestra la evolución del significado de una categoría de producto: el reloj de pulsera.

nnovación de significado

La idea de la innovación de significado ha sido popularizada por Roberto Verganti -profesor del Politecnico di Milano- en su libro “Design Driven Innovation: Changing the Rules of Competition by Radically Innovating What Things Mean”, donde la denomina “innovación dirigida por el diseño” y explica cómo puede cambiar las reglas de juego de un sector. Pero Verganti no usa el término “diseño” en su acepción habitual, sino en una más relacionada con su origen etimológico (del latín designare, literalmente “marcar con un signo”).

Para Verganti diseñar es dar sentido o significado a las cosas, un concepto que cuenta con el respaldo de luminarias como Don Norman, ex-Apple, ex-IDEO y uno de los creadores del User-Centered Design o Human-Centered Design. (Norman, con sus puntos de vista siempre polémicos, es habitual de estas páginas, ver aquí y aquí.)

En su libro y otros trabajos Verganti aporta algunos ejemplos notables de innovación de significados:

  • Nintendo Wii transformó la experiencia de jugar con consolas de una inmersión pasiva en un mundo virtual (un “deporte de pulgares” para hard gamers) a un entretenimiento físico activo en el mundo real para todo tipo de usuarios.
  • Apple, con la creación del iPod y la iTunes Store, dio un nuevo sentido a la accesibilidad de la música, haciendo fácil para la gente descubrir y comprar canciones a precios asequibles, organizarlas en listas personales y consumirlas en movilidad.
  • Swatch usó la tecnología de cuarzo existente en el momento para convertir unos relojes considerados meras herramientas de medida del tiempo en accesorios de moda asequibles.
  • En el sector de los robots industriales -dedicado a proporcionar dispositivos que sustituyan o complementen a la mano de obra humana en entornos de fabricación e ingeniería- nuevos productos como Robocoaster o Da Vinci han cambiado su significado, orientándolo respectivamente al entretenimiento y a la cirugía mínimamente invasiva.

La innovación radical de significados no tiene necesariamente un origen tecnológico, es decir, no siempre está asociada con nuevas tecnologías ni con la aplicación novedosa de tecnologías ya existentes a un nuevo escenario. Aunque por supuesto no son fenómenos incompatibles y en ocasiones se dan a la vez: p.ej., la Nintendo Wii aplicó de manera novedosa los MEMS (micro-electro-mechanical systems, para medir el movimiento de los jugadores) a su sector.

Las innovaciones que combinan un gran cambio tecnológico (y las consiguientes mejoras de funcionalidad y prestaciones) con un alto cambio de significado constituyen un tipo de innovación muy radical y defendible que Verganti llama “epifanías tecnológicas”.

Finalmente, algo que sí conlleva habitualmente la innovación de significado es un cambio radical en la propuesta de valor del producto y frecuentemente también de otros elementos del modelo de negocio: segmentos de clientes, go-to-market, operaciones, corrientes de ingresos y costes… La innovación radical de significados hace a los clientes “propuestas” de productos que ellos ni siquiera saben que desean.

¿Qué hay de nuevo en la innovación de significado?

A cualquiera que se haya leído unos cuantos libros de gestión, estas ideas sobre innovar el significado de los productos sin duda le traerán a la cabeza otras teorías y enfoques. Y es que la noción de significado y la innovación radical en este campo tienen muchas conexiones con otros conceptos:

  • El significado de producto es muy similar al tradicional concepto de reason to buy del marketing: el producto debe proporcionar a los clientes una razón convincente para comprar.
  • Los conceptos de significado de producto e innovación radical de significado tienen mucho que ver con las ideas sobre jobs-do-be-done e innovación disruptiva de los que Clayton Christensen nos hablaba a principios de este siglo. (Aunque con ciertas diferencias de perspectiva: el “trabajo” es expresión de un problema en una situación determinada mientras que el “significado” viene ligado a un tipo de solución.)
  • Lo mismo se puede decir en relación a otros conceptos como el de propuesta de valor de un producto y el diseño de estas propuestas y nuevos modelos de negocio. (Aunque la propuesta de valor es más concreta que el significado, ya que despliega a éste en forma de una solución específica -con su experiencia de uso, funcionalidades y otras características- para aportar unos resultados de diferente índole a sus clientes.)
  • Y el énfasis en cambiar el marco de referencia señala un parentesco con la innovación basada en el valor y la búsqueda de “océanos azules” y con los enfoques de market-driving innovation.

Curiosamente, muchos de los casos que se ponen como ejemplo de innovación “dirigida por el diseño” (Wii, iPod…) se utilizan también para ilustrar  los conceptos de innovación disruptiva, innovación basada en el valor, innovación de modelos de negocio… (Algo falla en el mundo de la de gestión de empresas, cuando todos los autores citan los mismos ejemplos para explicar teorías y enfoques distintos.)

Entonces, ¿qué aporta el concepto de “significado de producto” al marketing? Personalmente creo que, aparte de un lenguaje muy sugestivo, este concepto aporta un sesgo hacia la perspectiva del cliente muy necesario y útil. En ocasiones los marketers utilizamos las nociones de “valor”, “razón para comprar”, “trabajo”… de un producto considerándolos como conceptos objetivos o -peor- desde nuestro propio punto de vista. Y los proveedores de productos tecnológicos solemos tener una fijación con el valor funcional de estos. Pero como hemos explicado más de una vez por aquí todos estos conceptos son subjetivos, multidimensionales, contextuales y basados esencialmente en las percepciones del cliente.

A mi modo de ver, el concepto de “significado de un producto” incorpora naturalmente ese fundamento en las percepciones del cliente. Es el individuo quien decide cuál es el significado de un producto, que no siempre es explícito y obvio… y que muchas veces no coincide con lo que proponemos los proveedores. Y el concepto de significado es profundo y evoca emociones y percepciones, no sólo funciones. Creo que en muchos aspectos el marketing se beneficiaría de adoptar un lenguaje y una actitud centrada en el significado del producto.

En los próximos posts seguiremos hablando de innovación de significados, analizaremos si design-driven innovation y human-centered design son lo mismo y veremos qué técnicas se utilizan para generar una innovación radical en este campo.

El post “Innovando el significado de los productos” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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La transición desde un modelo de negocio basado en proyectos a medida hacia otro basado en producto estándar es difícil. Seguimos repasando los escollos de origen interno que nos impiden convertirnos en una empresa de producto.

En esta segunda parte del post vamos a seguir desgranando algunas de las barreras que nosotros mismos nos ponemos en el camino hacia un negocio basado en producto. Estas barreras provienen de ideas como las siguientes:

Producto sin Mercado

“Ya le hemos vendido esto a dos clientes: ya tenemos un producto”

Es una versión ampliada y corregida del caso anterior: si ya hemos conseguido vender algo a varios clientes, con mayor motivo deberíamos poder explotarlo como un producto. Y lo que dijimos para aquel caso sigue siendo válido aquí: convertir ese “producto” en un negocio escalable puede ser difícil debido a la carencia de la propiedad intelectual, a un diseño funcional, experiencial y técnico deficiente que hace imposible su evolución y mantenimiento, y a la inexistencia de un mercado real para el potencial producto.

Pero además puede darse una circunstancia adicional, y es que lo que la empresa proveedora considera un producto no es percibido como tal por el mercado. Como todo, es cuestión de perspectiva y aquí vale la pena recordar esa famosa frase de Drucker de que “el comprador raramente compra lo que el vendedor cree que está vendiendo”). Y en general el cliente compra una solución, no ve el producto que va dentro.

Me explico. Muchas veces ocurre que las empresas tecnológicas comienzan desarrollando tecnologías que en el mejor de los casos llegan a cristalizar en “herramientas” o componentes reutilizables en varios de sus clientes. Estas herramientas les sirven para optimizar y abaratar la entrega de soluciones a medida para sus clientes en un cierto ámbito, por ejemplo, en el campo del software suelen tomar la forma de “motores” o bibliotecas de programas.

En esta etapa algunas empresas consideran que han desarrollado un “producto” porque lo han instalado en varios clientes e, incluso, le han dado una identidad y unas especificaciones que lo hacen más tangible, fiable y creíble.

Pero ¿una herramienta para desarrollar soluciones a medida es un producto? En muchos casos, en realidad no se trata más que de una pieza reutilizable en sus desarrollos que dista mucho de la solución completa que necesita el cliente y carece de la estandarización, documentación y soporte que caracterizan a un producto real.

Y para estos proveedores, no invertir lo suficiente para lograr un producto “completo” y estandarizado crea barreras para escalar. Hasta cierto punto, continúa siendo un negocio de desarrollos a medida camuflado como negocio de producto, pero sustancialmente menos escalable y rentable. Un negocio que no escala bien porque sigue siendo muy intensivo en actividades a medida del cliente y en la utilización de personal especializado (encargado de desarrollar las soluciones).

(Nota: sin embargo, los servicios alrededor de un producto estándar pueden constituir un negocio muy lucrativo, especialmente si se trata de servicios especializados basados en tecnologías más o menos propietarias.)

Este comportamiento puede ser una trampa para algunas empresas tecnológicas que, por no apostar e invertir en estandarizar y replicar, siguen estancadas en un negocio en el que se renuncia a las posibilidades de diferenciación (y rentabilidad) que proporciona un producto.

La clave para que un producto “incompleto” pueda constituir la base de un negocio escalable y rentable está en estos factores:

  • Qué proporción de la solución al problema de los clientes es “producto” directamente disponible y estándar, frente a la proporción que consiste en configuración/ adaptación/ desarrollo complementario sobre él
  • El nivel de madurez, estandarización, documentación y soporte de la parte de “producto reutilizable” y, como consecuencia, quién puede realizar la adaptación/ desarrollo sobre él: la empresa proveedora del producto, sus partners, los clientes finales.

Si lo que ofrece el producto está muy lejos de la solución que necesitan los clientes y el nivel de estabilidad y documentación de ese producto hace difícil que otros puedan desarrollar la parte que falta, la empresa proveedora estará obligada a realizar ese trabajo siempre y su negocio -aunque pueda ser rentable en ese ámbito- no va a escalar bien.

Y en mi experiencia, sólo si se tiene un producto base líder es posible construir un ecosistema escalable en el que tanto la empresa como sus partners (revendedores de valor añadido, integradores) ganen dinero con el desarrollo de soluciones alrededor de dicho producto.

“Alguien nos ha pedido esta funcionalidad adicional: vamos a añadírsela al producto”

Un negocio basado en producto conlleva tensiones, especialmente entre los objetivos del corto plazo (sobrevivir) y el largo (desarrollar nuestra visión), y eso es fuente de conflicto y fricciones dentro de la empresa.

Una de las más típicas es que se produce ante peticiones de nuevas features & functions  por parte de potenciales clientes (y otros stakeholders tanto internos como externos). Con frecuencia, la decisión suele consistir en acceder a la petición sin mayor análisis, lo que inevitablemente lleva a convertir el producto en una especie de monstruo de Frankenstein, un popurrí de atributos y experiencias de uso inconexas.

Estos productos se caracterizan por resolver el 50% del problema del 100% del mercado, pero no llegan a resolver el 100% del problema de nadie, y suelen incorporar múltiples atributos que luego no tienen demanda del mercado (y que invariablemente acaban resultando más caros de implementar de lo previsto).

Además, un  crecimiento desordenado  de features distrae nuestros escasos recursos, nos impide concentrarnos en aquéllas que son verdaderos drivers de valor para el cliente y nos aleja de nuestra visión de producto. Como hemos dicho en otras ocasiones la “featuritis” conlleva una baja usabilidad y como consecuencia una baja satisfacción a largo plazo del cliente que perjudique la vida del producto. Sin olvidar que constituye la principal causa de deuda técnica.

Tener una estrategia y una visión de producto significa decir “no” muchas veces… Sin embargo a veces decir “no” también puede ser señal de una carencia de estrategia. Por ejemplo, a veces nos negamos a desarrollar una nueva feature no porque no encaje en nuestra visión, sino porque no hemos encontrado un cliente que costee completamente dicho desarrollo. Pero muy pocos clientes potenciales van a pagarnos ese desarrollo o a comprometerse con nosotros si ya hay otros proveedores que les ofrecen esos atributos como parte de un producto estándar y a un precio razonable hoy. Para el que no tiene un roadmap, todas las solicitudes de features son como proyectos a medida que deben ser rentables de manera inmediata

Pero si esa nueva feature nos acerca a nuestra visión, aporta valor a nuestros clientes objetivo y va a generar negocio en el largo plazo, el no tener a alguien que pague el desarrollo completo no debe ser un obstáculo: deberíamos captar los recursos necesarios para desarrollarla.

Y por eso en una empresa basada en productos son tan importantes la visión, la estrategia y el roadmap, temas sobre los que volveremos pronto por aquí.

¿Cuál es vuestra experiencia en la transición de una empresa de un modelo basado en proyectos a otro basado en productos?

El post “Los escollos que nosotros mismos nos ponemos para convertirnos en una empresa de producto (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Desarrollar nuevas ofertas y modelos de negocio en mercados tecnológicos plantea retos muy particulares. Descubre en este documento cómo desarrollar productos que los clientes necesitan.]

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Embarcarse en el desarrollo de un producto para un mercado es difícil. No todas las empresas tienen la visión, el liderazgo y los recursos necesarios. Pero en muchas ocasiones los escollos que nos impiden convertirnos en una empresa de producto salen de nosotros mismos en forma de falta de visión a largo plazo y malas decisiones.

En muchas empresas de base tecnológica el paso de un modelo de negocio basado en desarrollos a medida a otro basado en producto es un paso natural y obligado, forzado por la propia evolución del mercado. Aún así, en la mayoría de los casos cuesta cambiar a un “pensamiento basado en producto”, sobre todo si la empresa ha disfrutado de una existencia rentable vendiendo proyectos a medida.

Wishful ThinkingEl nuevo modelo de negocio exige invertir recursos de todo tipo y desarrollar el producto (al menos parcialmente o en una versión “mínima”) antes de tener clientes. Para ello, los requisitos en cuanto a conocimiento del mercado y necesidades de financiación son más exigentes. Y aunque existen ciertos tipos de productos donde estos requisitos son menos severos que en otros (p.ej., los productos basados en contenidos digitales pueden necesitar una menor inversión y adaptarse bien a un desarrollo iterativo) el paso a un modelo de producto exige un “salto de fe” -y de financiación- que para muchos es insalvable.

Pero no todos los escollos para pasar a una filosofía de producto provienen del exterior. Muchos de ellos nos los creamos nosotros mismos con ideas preconcebidas, una visión a largo plazo miope y juicios optimistas. En este post (al que seguirá una segunda parte) vamos a desgranar algunos de esas barreras que nosotros mismos nos ponemos en el camino hacia un negocio basado en producto.

Estas barreras provienen de ideas como las siguientes:

“Los clientes van a seguir comprando nuestros desarrollos a medida: no necesitamos desarrollar un producto”

Muchas empresas piensan que su negocio de proyectos a medida todavía tiene futuro y postergan la decisión de desarrollar un producto. Y eso puede ser cierto… hasta que en nuestro mercado empiezan a aparecer productos estándar que resuelven razonablemente bien el problema del cliente.

Si existen productos estándar aceptables, la mayoría de las ocasiones los clientes pueden conseguir un encaje entre sus necesidades y un producto (adecuadamente personalizado), con los beneficios que eso conlleva en cuanto a funcionalidad, prestaciones, rendimiento, fiabilidad, evolución, soporte… y, sobre todo, precio.

Ciertamente, los clientes suelen preferir la credibilidad, estabilidad, referencias y (en muchos casos) menor coste total de propiedad de un producto frente a un desarrollo a medida. ¿Te comprarías un equipo/dispositivo/software/instrumento desarrollado a medida cundo tienes un producto que se ajusta tus necesidades, avalado por cientos o miles de clientes como tú y que además tiene más funcionalidad y es más evolucionable y más barato?

En este escenario, los proveedores de soluciones a medida tienen más difícil justificar su valor aportado y su (habitualmente) mayor precio. Eso lleva en el corto plazo a una erosión de la rentabilidad del negocio y a largo a una posible expulsión del mercado.

Por este motivo, muchas empresas basadas en modelo orientado a proyectos se ven forzadas a dar el paso a un negocio de producto: basta con que aparezcan en su sector proveedores de producto fiables en una categoría.

¿Es posible que en tu mercado no aparezcan productos estándar? Eso depende de diversas características estructurales (empezando por el tipo de clientes y sus necesidades), pero ten presente algo: si en tu mercado hay potencial de rentabilidad siempre va a haber un inversor dispuesto a poner el dinero para crear un negocio escalable y capturar ese valor, de modo que ese producto va a aparecer tarde o temprano.

“Este desarrollo para un cliente nos va a servir como producto”

¿Quién no ha pensado alguna vez que ese desarrollo que tenemos que realizar para un cliente se va a poder vender sin más a muchos otros clientes similares? La realidad es menos favorable por varios motivos.

En primer lugar, es posible que en virtud del contrato del proyecto toda la propiedad intelectual de los desarrollos recaiga en el cliente y por lo tanto no podamos (legalmente) vender esos resultados a otros posibles compradores.

Pero además, cuando se desarrolla a medida no se tienen en cuenta aspectos de “productibilidad” (es decir de poder convertir el en futuro ese desarrollo en un producto replicable para un mercado). Un proyecto para un cliente tiene su propia agenda y sus propios requisitos, especialmente en cuanto a plazos y rentabilidad. Se trata de resolver el problema de ese cliente lo más rápido y con los menores costes posibles, y cualquier otro condicionante pasa a un segundo plano.

Facetas como la arquitectura, la modularidad, la adaptabilidad, la evolucionabilidad, la posibilidad de crear de manera eficiente productos derivados… en definitiva, lo que constituiría una buena plataforma de producto se deja de lado y corremos el riesgo de empezar a generar una deuda técnica difícil de pagar en el largo plazo.

Y finalmente -pero no por ello son menos importantes- están los aspectos comerciales y de negocio: ¿Hay un mercado detrás de esto? ¿Cuántos clientes existen con la misma necesidad? ¿Cómo de urgente e importante es la necesidad en esos casos? ¿Puedo llegar desde el punto de vista de marketing y ventas a todos esos potenciales clientes? ¿Cuánto me puede costar esa replicación y comercialización? ¿Puedo construir un negocio rentable con ello?

A veces un cliente no es síntoma de un mercado y el presunto producto puede no llegar a convertirse nunca en un negocio escalable.

En la segunda parte de este post seguiremos desglosando los escollos que nosotros mismos nos ponemos al convertirnos en una empresa de producto.

El post “Los escollos que nosotros mismos nos ponemos para convertirnos en una empresa de producto (1)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Desarrollar nuevas ofertas y modelos de negocio en mercados tecnológicos plantea retos muy particulares. Descubre en este documento cómo desarrollar productos que los clientes necesitan.]

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Segmentos y personas (arquetipos de clientes) son artefactos complementarios que sirven para informar decisiones diferentes de gestión de producto.

Decíamos en un post anterior que segmentos y personas  son herramientas útiles a lo largo de todo el ciclo de vida de los productos, pero que ambas sirven para propósitos diferentes y son complementarias. Si bien los segmentos son esenciales cuando se trata de analizar, desglosar y evaluar el mercado, cuando el objetivo es definir y diseñar en detalle el producto las personas son imprescindibles. En este post vamos  profundizar en estas diferencias, analizando qué decisiones nos ayudan a tomar uno y otro artefacto.

¿A qué preguntas responden los segmentos y las personas?

Segmentos y personasVamos a ver qué preguntas nos ayudan a contestar una y otra herramienta a través de las diferentes actividades del ciclo de vida de un producto (recordemos que esas actividades no tienen que ser necesariamente secuenciales).

Generación de ideas y evaluación de la oportunidad de mercado

Durante estas primeras fases del ciclo de vida de un producto los segmentos (que deben incorporar criterios de necesidades/problemas/objetivos de cliente) son un artefacto primordial. La esencia de estas fases la constituyen una buena definición de segmentos basados en necesidades del mercado y un targeting para elegir los más prometedores.

Estos segmentos son el punto de partida para generar ideas de producto, son parte del modelo de negocio y se utilizan para analizar la oportunidad de mercado. No obstante, el desarrollo de unas personas preliminares (y baratas) o proto-personas es un instrumento muy útil para definir y analizar escenarios de creación de valor en la identificación y evaluación de oportunidades de mercado. Una buena segmentación, complementada con proto-personas, bastan para contestar las preguntas clave de esta etapa:

  • ¿Qué necesidades existen en el mercado? ¿Quiénes las sufren? ¿Cuál es su importancia, urgencia y prevalencia para los potenciales clientes?
  • ¿Cuál es el número aproximado de clientes? ¿Tiene potencial de crecimiento?
  • ¿Cómo cubren actualmente los clientes esa necesidad? ¿Cuáles son los potenciales rivales de mi producto?
  • ¿Cuál debería ser nuestra Visión de producto?
  • ¿Cuál debería ser tentativamente el modelo de negocio que hiciera rentable este producto?

Desarrollo de producto (Definición, Diseño, Construcción)

El primer paso en el desarrollo del producto suele ser una comprensión detallada y un modelado de los clientes, lo que se consigue con unas personas de usuario y comprador que se complementan con otros artefactos tales como escenarios (de uso y compra), mapas de experiencia… Estos artefactos son necesarios para contestar las preguntas clave de esta fase:

  • ¿Cuáles son los objetivos, necesidades y problemas de los compradores? ¿Qué resultados de negocio desean alcanzar? ¿Cuáles son los requisitos (de negocio) del producto?
  • ¿Cuáles son los objetivos, necesidades y problemas de los usuarios? ¿Qué actividades desean realizar? ¿Cuáles son los requisitos (de uso) del producto?
  • ¿Qué funcionalidad y experiencia de uso debe suministrar el producto para proporcionar los resultados deseados por compradores y usuarios? ¿Cómo hacer el producto más útil, usable y deseable?
  • ¿Cómo puede el producto contribuir a proporcionar una experiencia de compra que encaje en los comportamientos y actitudes del comprador? ¿Cómo hacer el producto más comprable?
  • ¿Qué otras características, atributos y especificaciones debe poseer el producto?

Lanzamiento y comercialización

En la fase de comercialización del producto, los segmentos pueden informar las decisiones sobre canales comerciales y de distribución, pero las principales preguntas en esta fase se benefician de disponer de unas personas de comprador y unos escenarios de compra detallados que ayudan a definir posicionamientos, mensajes y  procesos de compra. Estas preguntas son:

  • ¿Qué canales comerciales/de distribución elegir, en función de los segmentos de clientes?
  • ¿Cómo posicionar nuestra oferta en las mentes de nuestros clientes? ¿Qué mensajes son los más adecuados para ello?
  • ¿Cómo suministrar a cada comprador la información más adecuada en cada momento, de modo que le ayude a avanzar en su proceso de evaluación y compra? ¿Cuáles son los medios y formatos más convenientes?
  • ¿Qué canales de marketing son los más adecuados para llegar a esos compradores? ¿Cómo conseguir que nos encuentren?
  • ¿Qué experiencias de compra debemos suministrar a esos clientes, que sean consistentes con sus objetivos, comportamientos y valores?
  • ¿Cómo definir unos procesos de marketing y ventas que transformen activamente a unos potenciales compradores que ni siquiera me conocen en clientes satisfechos? ¿Cómo integrar esos procesos para construir una fábrica de clientes?

En cualquier caso, construir segmentos y personas es caro y su elaboración exhaustiva puede no estar justificada en determinadas circunstancias. Lo que sí es seguro es que ambas técnicas van a evolucionar hacia el uso de artefactos más ligeros e iterativos.

El post “¿Para qué sirven los segmentos y las personas?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Entender a los clientes es primordial a la hora de descubrir nuevos mercados, desarrollar ofertas o comercializar productos. Aprende en este documento cómo descubrir “customer insights” que revelen motivaciones y necesidades ocultas de los usuarios.]

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Las nuevas filosofías de desarrollo de productos y negocios tienen muchos puntos en común pero también algunas contradicciones. En realidad, cada una de ellas representa una visión parcial de un nuevo proceso de innovación que está emergiendo y cuyas piezas todavía tienen que acabar que encajar.

Una de las primeras cosas que vienen a la cabeza cuando uno intenta profundizar y aplicar las diversas filosofías de la “nueva innovación” (Agile, Diseño, Customer Development, Lean Startup…) es una curiosa sensación de déjà vu. Cuando se ha familiarizado con las iteraciones y los experimentos de Customer Development (o de Diseño, o de Agile) y empieza a estudiar los otros enfoques es difícil evitar un pensamiento de “todo esto me suena mucho” y “una vez que dominas una, las dominas todas”.

Pero ¿realmente esto es así? ¿Cuánto hay de similar y de diferente en estas filosofías? Vamos a estudiarlo para el caso de empresas orientadas a producto (repetible, para un mercado, no proyectos a medida de un cliente).

Customer Development, Diseño y Agile

Si no son lo mismo al menos lo parecen…

La realidad es que por diversas razones (entre ellas la contemporaneidad) todas ellas comparten muchas ideas. Esencialmente, son filosofías que tratan de enfrentarse a los retos del desarrollo de nuevos productos y negocios en escenarios de gran riesgo y velocidad, que se han desarrollado prácticamente a la vez –a partir de finales del pasado siglo– y que se han “interfertilizado” mutuamente (por no decir que en ocasiones se han copiado sin demasiados miramientos). Y aunque cada una de ellas posee un lenguaje propio, en conjunto presentan muchas coincidencias y temas recurrentes:

  • Foco en el cliente
  • Experimentación (Producto Mínimo Viable, prototipos…)
  • Feedback
  • Aprendizaje
  • Iteración (sprints, ciclos…)
  • Coordinación y comunicación (interna y externa)
  • Equipos multidisciplinares

En realidad, estas filosofías ofrecen puntos de vista diferentes y parciales de lo que esencialmente es un mismo proceso: el que tiene por objetivo desarrollar un nuevo producto/empresa. Pero ahora ya no se trata de un proceso que siga un modelo lineal, por fases o en cascada, como los que han venido utilizándose con cierto éxito en el desarrollo de innovaciones incrementales.

Este nuevo modelo que va emergiendo es más adecuado para el desarrollo de productos y negocios verdaderamente nuevos – situaciones donde ni los clientes, ni sus necesidades, ni las soluciones que podrían cubrirlas ni las tecnologías que se aplicarían son totalmente conocidas o están en evolución– y es mucho más flexible y centrado en el mercado.

Agile, Diseño, Customer Development, Lean Startup son diferentes…

La realidad es que estas filosofías son diferentes (incluso complementarias) en cuanto a sus objetivos y alcance. A fin de distinguir entre unos enfoques y otros, si tuviéramos que resumir cada uno de ellos en un slogan o un par de frases el resultado podría ser el siguiente:

  • Customer Development – Sal fuera de la oficina y pon a prueba iterativamente las hipótesis de tu negocio. Después, constrúyelo y escala.
  • Diseño (y Design Thinking) – Crea productos (y negocios) que los clientes deseen a través de la empatía y el prototipado.
  • Agile – Entrega rápidamente valor a los clientes mediante una construcción iterativa e incremental que incorpora continuamente el feedback del mercado.
  • Lean Startup – Integra y aplica las filosofías anteriores en un contexto de emprendimiento: aplica ciclos rápidos de Construir-Medir-Aprender para que tu empresa sea flexible y rápida y use sus recursos de la manera más eficiente.

Dejando a un lado Lean Startup, que es una filosofía de empresa y hasta cierto punto engloba los demás enfoques, los otros representan perspectivas diferentes (y en ocasiones solapadas) del desarrollo de nuevos productos y negocios pero ninguno aporta una solución completa a todo el proceso de desarrollo. Por ejemplo:

  • Customer Development representa eminentemente una óptica de (modelo de) negocio. Es imprescindible validar la Propuesta de Valor y las otras hipótesis del modelo de negocio, pero en paralelo necesitamos saber cómo “poblar” esa propuesta y definir, diseñar y construir el producto. Los propios promotores del Customer Development aclaran que es necesario complementarlo con un proceso de “Product Development”. En particular Steve Blank y Eric Ries proponen que ese desarrollo de producto consista básicamente en una Ingeniería Ágil pero desde mi punto de vista eso no es suficiente.
  • El Diseño, especialmente el Diseño UX, recoge –como no podía ser de otra manera– la visión del diseñador y se centra en encontrar la solución para el problema/necesidad del mercado. Pero en general no entra en las actividades de definición del modelo de negocio ni de evaluación de la oportunidad de mercado y tampoco en la construcción del producto real.
  • Agile, por su parte, representa la visión del ingeniero y se enfoca en la construcción/implementación de la solución. Pero tampoco entra en las actividades de definición del modelo de negocio ni de evaluación de la oportunidad de mercado y trata de evitar las de investigación de clientes y diseño.

… e incluso contradictorias

Pero además, lo que es innegable para alguien que haya estudiado con un mínimo espíritu crítico estas filosofías (algo no habitual entre muchos de sus apóstoles)  es que entre ellas hay algunas diferencias y contradicciones muy relevantes:

Todos estos enfoques son las piezas de un puzzle que conforma un nuevo proceso de desarrollo de productos y negocios. La buena noticia es que muchos creemos que este proceso nos va a ayudar a innovar de manera más flexible y con mayores probabilidades de éxito. La mala noticia es que las piezas todavía no encajan muy bien… pero seguro que entre todos lo vamos a conseguir.

El post “Agile, Diseño, Customer Development, Lean Startup… ¿es todo lo mismo?” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

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Hablamos mucho de la visión de producto pero ¿qué forma debería tener? ¿Una frase, un documento, un prototipo…? En este post proponemos un formato.

Supongo que cada uno tendrá sus preferencias pero estaréis de acuerdo en que idealmente la visión de producto debería expresarse mediante un artefacto que la haga fácil de compartir, comunicar y debatir.

Y recordando lo que decíamos en un post anterior, una buena manera de enfocarnos en las soluciones (productos y servicios) que vamos a proporcionar y los tipos de clientes a los que vamos a servir en un futuro más o menos cercano es guiarnos por el valor que vamos a crear y entregar a esos clientes.

Una Visión de Producto centrada en el Valor para el Cliente

Recordando nuestras ideas sobre el valor, la visión debería reflejar estos puntos:

  • La funcionalidad y características del producto sólo son valiosas en tanto que producen una utilidad y resultados para el cliente
  • El valor del producto viene dado por sus beneficios (funcionales, económicos, emocionales) pero también por sus costes, tal y como los percibe el cliente
  • El valor del producto es contextual (depende del cliente y la aplicación) y sobre todo es relativo (se percibe frente a las alternativas existentes).

Teniendo en cuenta esos requisitos, trabajando con algunos clientes he encontrado que la Visión de Producto se puede expresar mediante artefactos como los siguientes:

  • Narrativa o historia que relata cómo los clientes futuros del producto se beneficiarán del él.
  • Prototipo conceptual de alto nivel y enfocado en esa visión futura: “visiontipo”.
  • Expresión o lienzo de visión: a este formato dedicamos el siguiente apartado.

Lienzo de Visión de Producto

Lienzo de Visión de Producto El formato se compone de estos elementos:

  • Frase resumen: una breve expresión (1-2 frases) de la propuesta de valor. Puede ser útil expresarla como una analogía con un negocio conocido, p. ej., “el 7-Eleven de los seguros”.
  • Cliente: ¿Para quién es el producto? Perfil demográfico (si es persona). Perfil psicográfico (valores, estilo de vida, personalidad, actitudes…) y de comportamiento. Perfil “firmográfico” (si es empresa). Identificación de Compradores vs. Usuarios.
  • Necesidad / problema / objetivo: ¿Qué necesita el cliente? ¿Qué desea? Una manera de expresarlo es como el trabajo que desea realizar, las mejoras que desea obtener y los inconvenientes y dificultades que desea eliminar. Este apartado nos da una idea de la oportunidad para crear valor en el cliente.
  • Solución: ¿Qué es el producto? ¿Qué hace? Descripción del concepto. Experiencia de cliente. Funcionalidades y características más relevantes. Precio.
  • Valor para el cliente: ¿Para qué usar el producto? ¿Cuáles son los resultados previsibles? ¿En qué medida se cubren las necesidades? Beneficios frente a Costes (funcionales, emocionales, económicos), considerados siempre desde la perspectiva del cliente. Nuestro objetivo debería ser entregar y que el cliente percibiera ese valor.
  • Rivales: ¿Contra quién competimos (no necesariamente productos equivalentes) por ese dinero? En la mayoría de los casos va a ser el statu quo, estrategias de mitigación, soluciones parciales/provisionales. Y también productos competidores, sustitutivos y alternativos.
  • Diferenciadores: Puntos de diferenciación frente a principal/es rival/es. Cómo vamos a desbancar al statu quo. Cómo vamos a conseguir ser “10 veces mejores” que las alternativas existentes, para que el mercado adopte nuestro producto.

Como se puede ver, la mitad izquierda de la plantilla recoge información acerca del mercado, mientras que la mitad derecha recoge información desde la perspectiva del mercado. El contenido de estos apartados puede ser textual pero también incorporar bocetos, mockups, etc. El objetivo es que posea un carácter gráfico y mínimo que facilite su uso, comprensión y comunicación.

Alternativas a nuestra Visión de Producto

Existen en la literatura otros artefactos que sirven para expresar una “visión” de producto:

  • Value Proposition Canvas de Alex Osterwalder: es una complemento/extensión de su famoso Lienzo de Modelos de Negocio, que detalla dos de los elementos de éste: Segmentos de Clientes y Propuestas de Valor. Este lienzo de propuesta de valor aplica el enfoque de Jobs-To-Be-Done popularizado por Clayton Christensen y en el lado del cliente se enfoca en los trabajos que estos desean realizar y los resultados que desean obtener (aumentar las “ganancias” y mitigar los “dolores”). En el lado de la solución, el lienzo recoge el concepto del producto/servicio y los atributos de éste que contribuyen a crear esas mejoras y a reducir esas pérdidas. Aunque el planteamiento es bueno debo decir que en conjunto el lienzo me resulta un poco reiterativo y confuso y no va más allá del concepto de producto y de sus features&functions.
  • Lean Canvas de Ash Maurya: una especie de Lienzo de Modelos de Negocio parcial, complementado con elementos relacionados con el producto y optimizado para su aplicación en Lean Startup. Es útil si necesitas manejar los aspectos de modelo de negocio y de producto en un único lienzo, pero a mi modo de ver insuficiente en ambos campos: le falta la visión de la “trastienda” del modelo de negocio y su orientación al valor para el cliente es mejorable.
  • Vision Board de Roman Pichler: Roman es una referencia en el mundo del Agile Product Owner (aunque discrepo de muchas de sus ideas, en especial las que se refieren al Agile Product Manager). Su Vision Board es un buen intento de artefacto ligero y conciso, pero que llega a ser contradictorio porque mezcla los problemas y soluciones del cliente con el valor para el proveedor.

Todos ellos son artefactos bastante aceptables y en su momento me sirvieron de inspiración (aunque ninguno me acabe de convencer plenamente). Por su parte creo que nuestra Visión de Producto

  1. Incorpora esos aspectos mínimos que deben guiar la estrategia, el roadmap y el desarrollo del producto
  2. Añade diversos elementos expresamente relacionados con el valor para el cliente (p.ej.: explicita beneficios y costes, resalta diferenciadores) que son críticos para el éxito de la propuesta.

Finamente, seguro que habréis notado el paralelismo de nuestra plantilla con la clásica expresión de posicionamiento de Geoffrey Moore en “Chrossing the Chasm”:

Para <segmento clientes>
que tienen <problema / objetivo / necesidad>
<Nombre producto> es un <categoría de producto>
que aporta <razón única para comprar / beneficios clave>.
A diferencia de <alternativa principal>
proporciona <diferenciación>.

Esta coincidencia no es necesariamente mala (ni casual). Lo que si debemos tener claro es que el objetivo y el uso de ambos artefactos son diferente. La Visión está orientada a futuro y expresa dónde querríamos estar dentro de unos (pocos) años en términos de Producto-Mercado; el Posicionamiento está orientado al presente y expresa qué lugar queremos que nuestro producto ocupe en la mente de nuestros clientes.

¡Espero que os sea útil!

El post “Vision de Producto: una propuesta de formato” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Una buena función de «product management» es imprescindible para gestionar cada producto como un negocio. Descubra en este taller práctico cómo implementar una gestión de productos realmente enfocada en el mercado.]

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FeditLa Federación Española de Centros Tecnológicos (Fedit) me ha invitado a impartir un taller sobre»Desarrollo Ágil de Negocios y Productos Tecnológicos» el próximo 29 de abril en su sede de Madrid.

Los contenidos están basados en la nueva versión de mi taller sobre Agile Product Development (ver introducción y agenda en la presentación adjunta).

En está página tenéis más información sobre contenidos e inscripción. El taller está abierto a todo el mundo (con un precio especial a los Centros asociados) y como en otras ocasiones Fedit me autoriza a ofreceros un descuento del 20% en la inscripción. Para conseguirlo basta con que dirijáis un email a comunicacion@fedit.com, explicando que sois lectores de este blog.

Nos vemos el día 29 en Madrid…!

 

El post «Taller sobre Desarrollo Ágil de Negocios y Productos Tecnológicos en Fedit» se publicó primero en «Marketing & Innovación».

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En gestión de productos hablamos con frecuencia de la “visión” como algo que debe enmarcar nuestro roadmap y guiar el desarrollo de producto a largo plazo, y con frecuencia achacamos el fracaso de una marca al hecho de que “carece de una visión clara”. Pero ¿para qué sirve y cómo se construye una visión de producto?

Intuitivamente todos tenemos una idea de la visión como algo que describe las soluciones (productos y servicios) que vamos a proporcionar y los tipos de clientes a los que vamos a servir en un futuro más o menos cercano. Dependiendo de la industria, la visión puede cubrir típicamente entre 2 y 5 años aunque en algunos sectores (pensemos en farmacia) la visión puede abarcar plazos mucho más largos.

Ciertamente, la visión no busca describir los productos que estamos vendiendo hoy, aunque es a través de una sucesión de productos y versiones “actuales” como aspiramos a alcanzar esa visión. Y siempre deberíamos tener una visión hacia el futuro: si nos acomodamos en nuestros productos y mercados presentes podemos ser presa fácil de rivales más innovadores. Así pues, la visión debe actualizarse periódicamente. Iterando sobre la Visión de Producto

 

La Visión debe validarse y ser estable, pero tiene que poder evolucionar

Asumiendo que estamos utilizando un proceso de desarrollo de nuevos productos más o menos flexible y centrado en el mercado, una expresión estable de la visión sólo puede ser el resultado de las actividades de descubrimiento y validación del producto. Previamente, durante las actividades de búsqueda y evaluación preliminar de la oportunidad de mercado, es útil manejar borradores provisionales de la visión de producto (con su expresión de clientes, problemas, soluciones, etc.) pero que no constituyen visiones validadas.

Con posterioridad, si la evaluación de la oportunidad culmina en un “Go!” y acometemos el proceso propiamente dicho de desarrollo del producto, sin duda que las asunciones recogidas en la visión se convertirán en las primeras hipótesis a comprobar.

Mediante un proceso iterativo de análisis y experimentación en el mercado (aplicando entrevistas, observaciones, contraste de mockups…) podemos ir eliminando incertidumbres y refinando los componentes de nuestro modelo de negocio y nuestra visión. El objetivo de esta actividad, que consiste en descubrir un producto que valga la pena construir y comprobar el Encaje Problema/Solución, equivale a alcanzar una visión de producto validada.

Posteriormente, cuando la visión se despliega en un roadmap que explica cómo vamos a alcanzarla a través de sucesivas versiones y empezamos con la implementación de éstas, entramos en una fase de validación del producto y de comprobación del Encaje Producto/Mercado durante la cual la visión debe gozar de una cierta estabilidad y vocación de permanencia (o al menos, toda la que nos permiten estos enfoques en lo que cualquier asunción está sujeta a refutación).

Aunque en esta etapa el protagonismo lo tienen otros artefactos (requisitos, prototipos, backlogs… e incluso un “Lienzo de Producto”) más enfocados en el avance del desarrollo, la visión siempre está presente como guía y referencia para el proceso. Además de la misión obvia de indicarnos hacia dónde tenemos que ir y qué tenemos que desarrollar, en estos tiempos “ágiles” la visión cumple dos objetivos muy importantes:

  • Transmite un sentido de propósito y de intención que debe inmunizarnos ligeramente contra las veleidades de “pivotar” a la mínima dificultad. Hemos visto muchas empresas que aplican de una manera tan extrema los principios lean que a fuerza de pivotar acaban pareciendo pollos sin cabeza. La visión nos insufla un sesgo hacia la perseverancia que puede ser muy útil.
  • Además de indicarnos lo que deberíamos desarrollar la visión nos marca lo que NO debemos desarrollar: en principio, toda funcionalidad, característica, atributo… que nos aleje del camino para alcanzar dicha visión. Estos nos protege de solicitudes oportunistas de muchos stakeholders (inversores, directivos, vendedores…) que en el mejor de los casos tienen sólo una panorámica parcial del mercado.

Finalmente, a un nivel más estratégico, una  visión validada sirve de base para definir una estrategia de producto (que dibuja el camino para alcanzar dicha visión) y un roadmap interno en la que se definen las sucesivas versiones del producto para ir acercándonos a ella.

La Visión debe enfocarse en el Valor para el Cliente

Se pueden aplicar muchos enfoques para definir la visión, pero si asumimos que el objetivo de todo producto es resolver un problema de mercado, yo optaría por un enfoque basado en el valor para el cliente. En otras ocasiones hemos definido este valor como “la utilidad percibida del conjunto de beneficios que recibe un cliente a cambio del coste total de una oferta, teniendo en consideración otras ofertas y precios competitivos”.

Por lo tanto la visión debería tener en cuenta específicamente aspectos como los beneficios y costes de toda índole (funcionales/ emocionales/ económicos y explícitos/ ocultos) de nuestra oferta y los diferenciadores frente a las principales alternativas que ofrece el mercado. Sin embargo, como veremos, la mayoría de artefactos existentes para expresar la visión no van más allá del plano de la experiencia de usuario y las features&functions del producto.

¿Qué forma debería tener esta visión basada en el valor? En un próximo post haremos una propuesta de plantilla de Visión de Producto que intente recoger estas ideas.

Y si quieres saber dónde encaja la visión en una planificación ágil de producto, lee este post.

El post “Vision de Producto: para qué sirve y cómo se construye” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Una buena función de «product management» es imprescindible para gestionar cada producto como un negocio. Descubra en este taller práctico cómo implementar una gestión de productos realmente enfocada en el mercado.]

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Desarrolla productos que los clientes quieran comprar aplicando Agile, Lean y Design Thinking

Estoy actualizando los talleres Conversis relacionados con gestión y desarrollo de productos, para incorporar las últimas ideas que he ido desarrollando en el blog. Creo que la formación disponible en España sobre el “nuevo desarrollo y gestión de productos” tiene algunas carencias:

  • Suele centrarse exclusivamente en alguna de las filosofías actuales (Agile, Lean…) pero carece de una perspectiva integradora.
  • Generalmente es poco práctica, centrándose en aspectos de validación pero sin bajar al terreno de la construcción de productos y negocios.
  • Aunque se vende como gestión de producto muchas veces en realidad se trata de gestión de proyecto.

Agile Product DevelopmentEsas son algunas de las carencias que aspiro a solucionar con esta renovada oferta y el primer paso es un nuevo taller sobre Agile (/ Lean / Design-oriented…) Product Development.

El objetivo del taller es presentar un proceso completo para el desarrollo de nuevos productos basado en el valor para el cliente, analizar dónde encajan cada una de esas nuevas metodologías y herramientas y cuándo es mejor usar unas y otras, y aprender a combinarlas de una manera integrada para construir productos que los clientes quieran comprar.

Éste es el temario:

1. Introducción: necesitamos desarrollar productos de una manera más flexible y enfocada en el mercado.

    • El nuevo desarrollo de producto. Diferencias con los enfoques tradicionales.

2. Cómo descubrir y evaluar oportunidades de mercado.

    • Productos y modelos de negocio.
    • Exploración de oportunidades, análisis y cuantificación.
    • Segmentación y targeting.
    • Tamaño y evolución del mercado.

3. Cómo entender lo que necesitan los clientes.

    • Investigación de mercados tradicional y no convencional: entrevistas, etnografía, lead users, experimentación en el mercado.
    • Conceptualizando las necesidades y problemas de los clientes: enfoque Jobs-To-Be-Done.
    • Comprensión profunda de los clientes: customer insights.
    • Definiendo el espacio del problema a resolver: elicitación de requisitos, Voice of Customer.

4. Cómo diseñar y validar modelos de negocio.

    • Modelos de negocio y propuestas de valor.
    • Customer Development y Productos Mínimos Viables. Iteraciones y pivotes.
    • Validación de la oferta: Encaje Problema-Solución y Encaje Producto-Mercado.

5. Cómo definir y diseñar productos/servicios.

    • Diseño centrado en las personas. Design Thinking.
    • Arquetipos de cliente: personas de usuario y de comprador.
    • Cómo hacer que mi producto sea más deseable, útil, usable y comprable.
    • Cómo construir y gestionar experiencias de clientes.

6. Cómo implementar nuevos productos mejor y más rápidamente teniendo en cuenta al cliente.

    • Ingeniería Ágil: principios, valores y técnicas.
    • Priorizando las características del producto a implementar.
    • Conjugando un diseño integral con una implementación incremental. Diseño Lean/Agile.

7. Emprendimiento basado en hipótesis: Lean Startup.

Este es el temario que vamos a cubrir en un taller organizado por Feuga y que tendrá lugar en su sede de Santiago de Compostela el próximo 24 de marzo. En esta página tenéis más información (justificación, objetivos, audiencia…) y la posibilidad de registraros.

Si estáis ese día en Santiago espero veros por allí. Y si queréis organizar algo alrededor de estos temas en vuestra empresa no dejéis de contactarnos.

El post «Nuevo Taller: Agile Product Development» se publicó primero en «Marketing & Innovación«.

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El nuevo Product Manager debe basarse en un foco obsesivo en el cliente, en gestionar el producto como un negocio, en la experimentación y la iteración para ir aprendiendo en el mercado y en equipos multidisciplinares integrados.

En la primera parte de este post hablamos de cómo estos nuevos tiempos dominados por el poder de los clientes y la volatilidad reclaman una nueva gestión de producto. En esta segunda parte vamos a ver cómo este movimiento implica cambios en las filosofías, los procesos y los artefactos del Product Management.Agile Lean Product Management

Filosofía y principios del nuevo Product Management

A mi modo de ver, estos son los pilares filosóficos de la nueva gestión de producto.

  • Foco obsesivo en el cliente. El “enfoque hacia el cliente” debe dejar de ser una frase vacía. Las necesidades, problemas y objetivos de los clientes y el valor que les podemos aportar deben ser la “medida de todas las cosas” en la gestión de producto. La colaboración con el mercado y el valioso feedback que podemos obtener de él deben ser constantes a lo largo de todo el proceso de desarrollo  y en todo el ciclo de vida del producto.
  • Gestionar el producto como un negocio. Si quiere aspirar a ser el “CEO del producto” el Product Manager debe convertirse en un experto en su modelo de negocio. No es sólo que para que un producto tenga éxito debe estar sustentado por un modelo de negocio rentable y escalable. El mayor potencial de disrupción en cualquier sector no está en productos más o menos nuevos, sino en modelos de negocio innovadores que revolucionan las industrias.
  • Experimentación e iteración. La nueva gestión de productos debe estar más basada en datos y evidencias de mercado y menos en opiniones y convenciones. Y para conseguirlo debemos identificar lo que no sabemos sobre nuestro negocio, expresarlo como hipótesis y validarlo (o refutarlo) mediante la experimentación en el mercado. Las nuevas tecnologías han permitido multiplicar la fiabilidad y la velocidad y reducir el coste de estos experimentos.  Y mediante iteraciones sucesivas este proceso nos permite ir avanzando en el descubrimiento y validación de nuestro producto.
  • Equipos multidisciplinares e integrados. Hay que romper los silos organizativos y construir equipos multifuncionales que permitan integrar conocimientos y puntos de vista y favorezcan la mejora y el aprendizaje continuos. Como se decía en este artículo pionero, el desarrollo (y la gestión) de productos no debe funcionar como un equipo de relevos que se van pasando el testigo sino como una melé de rugby que avanza de manera solidaria. Estos equipos priman la interacción y la adaptación frente a los procesos predefinidos y fomentan el uso de unos artefactos sencillos que favorecen la transparencia y la colaboración.

Procesos, tácticas y artefactos del nuevo Product Management

Vamos a pasar revista a algunas de las actividades clave de la gestión de producto y a analizar cuáles serían sus procesos, tácticas y artefactos.

Búsqueda y evaluación de oportunidades de mercado

La búsqueda de oportunidades de negocio trata de identificar problemas y necesidades de mercado que valga la pena resolver. Pero la evaluación de oportunidades no consiste en un business case estático, construido sobre unas previsiones financieras a largo plazo totalmente irreales (cuando no ilusorias). Debemos realizar una evaluación ligera y dinámica, basada inicialmente en un bosquejo preliminar del modelo de negocio y en unas simulaciones financieras básicas, que nos ayuden a identificar los riesgos más importantes y a decidir si vale la pena lanzar el proceso de descubrimiento y validación de producto. El concepto de Plan Máximo Inviable  (propuesto aquí) puede resultar útil.

Desarrollo de nuevos productos y negocios

El desarrollo de nuevas ofertas y negocios es un proceso iterativo, guiado por la evidencia del mercado y el feedback de los clientes y protagonizado por un equipo multidisciplinar. Personal de Product Management, Diseño de Experiencias y Tecnología/Ingeniería colaboran con diferentes grados de involucración en las iteraciones del proceso, cuyo objetivo último es validar un producto que valga la pena escalar y un proceso comercial replicable (Encaje Producto-Mercado).

Comercialización

En general Product Management no se ocupa de implementar programas y actividades de go-to-market: esa es la función del equipo de Marketing/Ventas (o de Growth Hacking, según la terminología al uso).

Pero lo que sí es responsabilidad del Product Manager es proporcionar a Marketing/Ventas todo el contexto de producto necesario para que estos puedan crear sus programas y campañas, habilitarles con el conocimiento de producto necesario para que puedan desarrollar sus tareas y colaborar con ellos en actividades específicas relacionadas con el producto. (Cuando la función de gestión de producto se reparte entre varios puestos, ésta es la misión específica del Product Marketing Manager).

Product Management debe aportar los siguientes resultados:

  • Segmentos outbound de mercado, personas de comprador con sus necesidades, objetivos y escenarios de compra.
  • Estrategia y procesos comerciales escalables y alineados con los procesos de compra, para crear una “máquina de fabricar clientes”.
  • Posicionamientos y arquitectura de mensajes para los diferentes segmentos y personas, centrados en los problemas de mercado y en el valor para el cliente.
  • Herramientas de marketing y ventas que den soporte a esos procesos comerciales y ayuden a crear la experiencia de compra deseada: argumentarios, comparativas respecto a la competencia, presentaciones y demostraciones de producto, referencias…

Estrategia de producto

La transición a filosofías más ágiles e iterativas no debe ser la excusa para carecer de una estrategia de producto que se alinee con la estrategia de la empresa y sea sinérgica con los restantes productos de la cartera. Pero obviamente esta estrategia no debe traducirse en un plan para ejecutar de manera inflexible, sino en un plan para aprender y descubrir nuevos mercados.

La plasmación de la estrategia de producto lo constituye un nuevo tipo de roadmap de producto, más ágil y centrado en el mercado. Frente a los roadmaps tradicionales, constituidos por  listas de funcionalidades y especificaciones técnicas y que reflejan los objetivos de stakeholders internos, el nuevo roadmap debe basarse en una lista de los problemas de mercado y objetivos de cliente que aspiramos a resolver. Pero considerados no como un compromiso ineludible o un plan inexorable, sino como un backlog priorizado de oportunidades de mercado que vayan alimentando y constituyan el input de nuestro proceso de descubrimiento y validación.

Medida y control

Si queremos gestionar el producto como un negocio es imprescindible disponer de una serie de métricas que nos permitan supervisar, analizar y optimizar continuamente su rendimiento en todas las dimensiones relevantes para garantizar el éxito del producto.

No basta con limitarnos a unas métricas de funnel (como por ejemplo, las famosas “Métricas para Piratas”, tan aplicadas en productos digitales): en cada fase del ciclo de vida hay que definir un scorecard de producto que incorpore métricas adecuadas (accesibles, auditables, accionables) en áreas como los objetivos de negocio, el go-to-market, la habilitación de la organización o la calidad del producto.

El post “Necesitamos un nuevo Product Management (2)” se publicó primero en “Marketing & Innovación”.

[Desarrollar nuevas ofertas y modelos de negocio en mercados tecnológicos plantea retos muy particulares. Descubre en este documento cómo desarrollar productos que los clientes necesitan.]

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